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Tarzán en Acapulco y su affaire con México

México desde fuera

Rafael Aviña

Pese a la larga lista de actores que encarnaron a Tarzán, el rey de la selva, imaginado por el escritor Edgar Rice Burroughs y cuya primera aventura fílmica data de 1918, ninguno como el campeón olímpico Johnny Weissmuller (Freidorf, Banat -Austria-Hungría, hoy Rumania-, 2 de junio de 1904-Acapulco, Guerrero, 20 de enero de 1984), que asumiría el personaje a partir de 1932 al encarnar al primer Tarzán del cine sonoro para la Metro Goldwyn Mayer. Un actor y atleta grandioso y polémico que fallecería en su residencia ubicada en Playa Mimosa, en la zona de Pie de la Cuesta en Acapulco, lugar que le fascinó, al grado de habitar por largo tiempo la llamada “Casa Redonda” dentro del Hotel Los Flamingos, erigido sobre un escarpado acantilado frente a la isla de la Roqueta en aquel puerto guerrerense.

Weissmuller fue un niño con problemas de salud, a quien se le aconsejó practicar algún deporte, particularmente la natación. Sus padres, inmigrantes de raíces austriacas y alemanas, se lo llevaron a Chicago, donde Johnny ingresó al Illinois Athletic Club de esa ciudad. En 1920, a punto de cumplir los 16 años, con su 1.90 de estatura y 72 kilos, se sometió a una prueba con el severo entrenador William Bachrach, creador de campeones, quien se percató de su potencial y, un año después, obtuvo el triunfo en la categoría de 200 metros libres; una y ascendente carrera que le llevaría a obtener la Medalla de Oro en las Olimpiadas de París de 1924, en 100, 400 y 800 metros, y en los juegos olímpicos de 1928 en Amsterdam, en las modalidades de 100 y 800 metros en estilo libre.

Su éxito le llevó directo al cine, derrotando a 150 postulantes para el papel de Tarzán, el hombre mono o el "rey de la selva", a cuyo llamado acuden todas las fieras salvajes para cuidarle las espaldas. Más allá de sus aventuras trepidantes, de las estampidas de animales enloquecidos o de los escarceos eróticos entre "Yo Tarzán y tú Jane", el mito del rey de la jungla se remite a las experiencias libertarias del hombre enfrentado a la naturaleza.

Tarzán en Acapulco y su affaire con México

La historia del noble inglés Lord Greystoke y su mujer, enviados a realizar una misión secreta en una colonia africana, abandonados a su suerte en plena jungla debido a un motín, la posterior muerte del hombre a manos de un gorila, la locura de la madre y el nacimiento de su hijo adoptado por una hembra gorila llamada Kala, salió a la luz por vez primera a manera de cuento en 1912. Dos años después, apareció la novela titulada Tarzán de los monos, y en 1918 se realizó la primera versión cinematográfica a cargo de Scott Sidney, protagonizada por Elmo Lincoln, un Tarzán sin las habilidades atléticas y el porte irónico que le imprimiría Weissmuller.
        Tarzán, el hombre mono, cinta de 1932 de W.S. Van Dyke dio inicio a una de las historias de amor y acción más increíbles de la serie, sobre todo porque aún no entraba en funcionamiento el célebre Código Hays impuesto por la censura. Más inquietante lo fue aun Tarzán y su compañera (1934), tanto por el breve desnudo integral de Maureen O'Sullivan, como Jane, como por la feroz violencia de la cinta: tribus masacradas, un gigantesco cocodrilo que devora nativos y que lucha contra Tarzán en una cinta dirigida por Cedric Gibbons, marido entonces, de Dolores del Río.

Weissmuller, con sus interminables borracheras y su fila de amantes exóticas, como la mexicana Lupe Vélez, le dio un cariz desfachatado a su personaje en producciones serie B, que filmó para la MGM y después para la RKO. Memorables resultan La fuga de Tarzán (1936), rehecha debido a las situaciones ultraviolentas (murciélagos gigantes, decapitaciones y descuartizamientos). En Tarzán contra el mundo (1942), el protagonista se traslada a Nueva York para rescatar a su hijo Boy (Johnny Sheffield), exhibido como freak de feria; inolvidables las acciones que se suscitan alrededor del puente de Brooklyn y en los rascacielos de Manhattan: la última de la serie para la Metro y el fin de O'Sullivan como Jane.

En 1948, Weissmuller filmaría su despedida como el rey de la selva en Tarzán y las sirenas, bajo la dirección de Robert Florey, con Brenda Joyce como Jane. La trama se ambienta en una aldea oculta donde los hombres y mujeres tienen una cultura marina importante: el buceo y la natación son primordiales y se llevan a cabo competencias. Sin embargo, la bellísima Mara (la mexicana Linda Christian) huye del lugar, ya que es obligada por el corrupto sacerdote (George Zucco) a contraer matrimonio con el Dios local Balu (un estafador y comerciante de perlas que encarna Fernando Wagner).

Luego de arrojarse desde La Quebrada, Tarzán desenmascara al impostor que se hace pasar por el siniestro Dios del mar, en este entretenido thriller serie B filmado en los Estudios Churubusco, Ciudad de México, Teotihuacán y sobre todo en Acapulco, Guerrero, última morada del legendario Tarzán y en la que participaron varios técnicos y artistas mexicanos (o casi) como los cinefotógrafos: Jack Draper, Gabriel Figueroa y Raúl Martínez Solares, el escenógrafo Gunther Gerszo, el director Miguel M. Delgado, actrices y actores como Andrea Palma y Gustavo Rojo y entre las extras nativas: Ana Luisa Peluffo, Silvia Derbez, Lilia Prado, Magda Guzmán, así como el buzo y stuntman Ángel García, quien falleció trágicamente durante el rodaje luego de una peligrosa inmersión para doblar a Tarzán y fue arrastrado por las olas hacia las rocas de los acantilados.