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Cuando la historia te encuentra a ti: Entrevista con Alejandro Rugama sobre YĀTRĀ

¿Qué sucede cuando la búsqueda de respuestas alrededor del mundo nos conduce a descubrir nuestra propia historia? En Yātrā, Alejandro Rugama transforma una expedición por Asia, emprendida durante su juventud, en un viaje de autodescubrimiento marcado por la espiritualidad, la enfermedad y los vínculos familiares. Lo que comenzó como una búsqueda de historias extraordinarias entre culturas y tradiciones lejanas terminó convirtiéndose en una exploración íntima de su propia identidad, especialmente después de enfrentarse a una situación que puso su vida en riesgo.

En esta entrevista para el 24° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), el cineasta comparte el proceso personal y creativo detrás de su documental: desde el significado de la brújula heredada de su bisabuelo hasta los desafíos de reconstruir, años después, las experiencias que marcaron su vida. A través de la animación y una narrativa dinámica, Rugama propone una reflexión sobre la memoria, la resiliencia y la búsqueda interior, recordándonos que, a veces, las historias que más necesitamos encontrar no están en los lugares más remotos del mundo, sino en nosotros mismos.

FICM: ¿En qué momento de esa expedición que decidiste hacer descubriste que la gran historia que estabas buscando realmente era tu historia? Que ese relato extraordinario eras tú.

Alejandro Rugama: No fue hasta mucho, mucho más adelante, en un momento muy decisivo de mi vida en el que estaba literalmente entre la vida y la muerte por el tema de la enfermedad. Fue en el momento en el que la vida me dio la oportunidad de darme cuenta que quizá la historia que tanto buscaba no estaba perdida en una selva de Vietnam, en un monje del Himalaya o en alguien más, sino que podía haber estado en el único lugar donde nunca había buscado: en uno mismo. 

Pero ese momento fue justamente cuando estuve con mi abuelo. Él estaba muy mal de salud también, al igual que yo. Me fui a despedir de él porque me iban a hacer un autotrasplante de médula. Entonces, cuando me fui a despedir de él, existía esa posibilidad de que fuese la última vez juntos. 

En esa despedida, mi abuelo me regaló una brújula dorada que pertenecía a mi bisabuelo. Me acuerdo que, estando ahí con él, en ese momento creo que fue la primera vez que me ayudó a darme cuenta de que quizá la historia estaba ahí.

FICM: ¿En qué momento de ese viaje hacia el interior te encuentras en este momento?

AR: Yo creo que el viaje de encontrarse a uno mismo, el viaje interno, es igual de extenso y profundo que el exterior. Creo que uno nunca termina, pero creo que lo importante es que ya empiezo a vivir el viaje desde dentro.

FICM: Justamente después de todo esto que viviste, de todos estos lugares a los que viajaste y llegar a montar en una sala de edición. ¿Cómo fue el proceso de ver todo eso que tenías recopilado y de juntarlo, de tejer este ensayo que termina siendo Yātrā?

AR: Fue un proceso muy largo, porque yo empecé a grabar Yātrā, bueno–sin saber que iba a ser Yātrā – de los 20 a los 22 años, que fueron los años que estuve en expedición. 

Luego, la segunda parte de la película fue cuando yo tenía 25 o 26 años, y la edición fue ya hasta que tenía 28 o 29. Entonces, sí fue un proceso largo en donde no solo cambió la historia, sino también la manera en la que yo la contaba. Si te enseñara el primer corte de la película y lo compararas con el último es totalmente distinto. 

Pero sí fue un proceso que me tomó mucho tiempo, en especial el final, porque no sabía cómo iba a terminar. El final fue un proceso que me tomó quizá tres años ,solo el final. Sí, fue todo un recorrido.

FICM: ¿Y qué sentiste tú, Alejandro, de 28 o 29 años, al ver las imágenes que el Alejandro de 20 o 22 vivió?

AR: En el momento de sentarme y comenzar a editar, de echarme un clavado a todo mi material de expediciones, sí, fue un proceso difícil. Había mucha melancolía al ver todas esas historias y todo lo que había recorrido, pero, al mismo tiempo, también me ayudó muchísimo a recordar quién era. Porque esto es lo que me pasó más adelante: hubo un momento en el que me perdí a mí mismo. Entonces, sentarme, empezar a armar esta historia y recordar fue algo realmente importante en el proceso de poder completar esta película. 

Fue difícil, pero este tiempo fue de gran ayuda; fue como una muleta para seguir caminando adelante y recordar que todavía podía ser alguien valiente, capaz y aventurero.

FICM: Yātrā es el dinamismo con el que narras que se apoya de animaciones y que le da un sentido muy voluminoso a la historia. ¿Por qué decides recurrir a este recurso de la animación? ¿Y de dónde proviene este dinamismo que eliges para narrar?

AR: Yo hice esta película pensando en los jóvenes. Me gustaría que la audiencia joven fuera la que más viera este documental. Pensaba en momentos de la historia que sabía que podía perder a la audiencia, como al momento de explicar una enfermedad con términos científicos y médicos. Entonces fue ahí cuando dije: “Bueno, ¿cómo puedo contar todo esto de una manera creativa e interesante?”. No solo para el público joven, sino porque también creo que la primera parte es muy dinámica: todas las expediciones, los viajes y todo eso. De repente, esta segunda parte, la de la enfermedad, podía ser un poquito más lenta, no tan dinámica. 

Entonces, al final, creo que estos recursos narrativos me ayudaron a que siguiera teniendo un ritmo bueno, que fuese interesante. Además, es un estilo que a mí me encanta, porque me gusta mucho hacer las animaciones, los monitos, la ciudad, los robots, todo eso.

FICM: Y bueno, algo que también me causó mucha curiosidad fue que justamente estuviste en Asia, en países donde su teología, su manera de aproximarse a la vida, se trata mucho de ir hacia el interior, ¿cómo sientes que estar en esos países, envueltos en su cultura, aportó a tu proceso, a esta propia expedición? ¿Y qué tan diferente crees que hubiera sido si hubieras hecho esta expedición en algún otro continente? No sé, en Europa, en África o en Latinoamérica.

AR: Durante esos dos años, en mis expediciones, estaba muy chavo. Tenía 20 años; fueron de mis 20 a mis 22. Entonces, quizá todavía no tenía esas ganas de aprender a fondo la historia, la cultura y las diferentes religiones. 

Pero sí influyeron en mí de una manera significativa. Estar con monjes, con sacerdotes, con toda esta gente que comparte estas religiones tan distintas a la que yo tenía, porque nací siendo católico y yo siento que, bueno, al menos en mi experiencia siendo católico no es tan común este tema del viaje interior. 
Entonces, creo que el estar allá me ayudó mucho a que esa idea de viajar hacia adentro no fuera tan lejana o tan desconocida. Yo creo que, si lo hubiera hecho en algún otro continente, hubiera sido muy distinto. No sé si lo he hecho en Europa o en América del Sur, donde también todos son cristianos o católicos; no todos, por supuesto. Pero sí creo que fue una parte fundamental el haber estado con estas culturas. 

Si hubiera viajado a algún otro lugar, como el Medio Oriente, con el tema islámico, o en África, donde también ahí hay un montón de religiones muy distintas, no sé qué hubiera pasado. Pero hubiera sido una pregunta muy interesante.

FICM: Estando allá y además inspirado por tu abuelo, ¿en algún momento te sentiste en casa? ¿Dijiste: “Aquí está mi abuelo conmigo. Aquí estoy, como si estuviera con mi familia. Aquí estoy en México un poco”?

AR: Pues no tanto. Fueron expediciones difíciles, la verdad. Yo viajaba de la manera más austera para poder estar el máximo de tiempo posible. Nunca estaba en lugares turísticos; estaba en aldeas, en pueblos y, pues, luego no sé…En la India vivía enfermo del estómago. Siempre tenía que dormir con un velo, porque si no lo ponía, luego me despertaba y traía la cucaracha y cosas así.