04 · 09 · 26 La etérea Pixie Hopkins (1940-2026) Share with twitter Share with facebook Share with mail Copy to clipboard Rafael Aviña En 2009, después de varias décadas, regresé de nuevo a habitar el Centro Histórico de la Ciudad de México y justo en la calle donde transcurrió mi infancia: República de Brasil. Aún se encontraba vigente un curioso local que vendía las pelucas y las pestañas “Pixie” en la esquina de Brasil y Donceles. Aquel establecimiento era uno entre decenas de ellos, propiedad de una excepcional empresaria: Pixie Hopkins que dejó un legado invaluable en la venta de aquellos artículos capilares y otros más. Fue tal su éxito, que incluso en el popular programa televisivo que conducía el periodista Raúl Velasco, Siempre en domingo, se promocionaba un concurso llamado “Los ojos más Pixie”. No sólo eso, los productos de la marca “Pixie” formaban parte a su vez del Palacio de Hierro e incluían ropa y otros artículos de moda femenina.No obstante, más allá de su faceta empresarial, Pixie Hopkins dejó antes huella de su talento histriónico y de su belleza europea en nuestro país, en un puñado de filmes emblemáticos en una década sublime que hoy apenas se está redescubriendo: los años sesenta, considerados, por lo general, parte del declive de la llamada Época de Oro de nuestro cine. De raíces británico-irlandesas, Pixie, bajo el nombre de Ángela, nació a bordo de un barco cuyo destino era Singapur. Más tarde, estudió Teatro en Londres y Diseño de estuario teatral en Dallas, Texas; ahí, hacia 1963, participando como actriz, conoció al director de teatro Juan José Gurrola con el que en breve contrajo matrimonio. Gurrola la trajo a México al tiempo que le propuso uno de los dos roles femeninos esenciales de su único filme de ficción: Tajimara (1965), con el que el director de teatro debutó como cineasta en aquel mítico Primer Concurso de Cine Experimental. Tajimara (1965, dir. Juan José Gurrola) Ese mediometraje, junto con el dirigido por Juan Ibáñez —Un alma pura— conformarían Los bienamados; inspirados, el primero en un cuento de Juan García Ponce, y el segundo en un relato de Carlos Fuentes, adaptados por ellos mismos. Se trataba de relatos en suma modernos muy en concordancia con el cine y temáticas de la nueva ola francesa y la obra del italiano Michelangelo Antonioni. Sus temas: el incesto, el orgasmo, la frigidez, la crisis de la pareja, la obsesión por el pasado.En Tajimara, Cecilia, interpretada por Pilar Pellicer, invita a Roberto (Claudio Obregón), su examante dedicado a las traducciones, a una fiesta al pueblo de Tajimara, a la casona donde viven los hermanos —pintores ambos—, Carlos (Mauricio Davidson) y Julia, próxima a casarse ante la tristeza del hermano, interpretada por una etérea Pixie Hopkins, que resulta toda una metáfora de la melancolía y la fragilidad. Escenas muy reveladoras de Hopkins en el Museo de Arte Moderno en Chapultepec recién inaugurado donde ella se queja de que no le permiten fumar; Hopkins y el hermano con pintura en todo el cuerpo e incapaces de ocultar su amor; o aquella donde ella les muestra a todos un cuadro que acaba de pintar mientras se ocultan los últimos rayos del sol. Pero nada como su rostro desolado durante la ceremonia religiosa en el clímax del filme.Inspirado en el relato homónimo de Inés Arredondo, adaptado por ella misma, Juan García Ponce y el realizador Juan Guerrero, Mariana (1967), protagonizada por Pixie Hopkins, era otra trama enigmática y dolorosa sobre la posesión y la imposibilidad amorosa, narrada por medio de un flashback que inicia en el funeral de Mariana. En la cinta, puede verse en todo su esplendor la belleza, sensibilidad y fragilidad emocional de Pixie Hopkin, una adolescente que vive un conflictivo noviazgo con Fernando (Julio Alemán) y por ello, sus padres la envían a Suiza. Se reencuentran varios años después, se casan, tienen hijos pero su matrimonio se va destruyendo debido a la tendencia de Mariana a ensimismarse con la naturaleza. Un día Fernando le da una brutal paliza, se separan y ella se perderá en una patética serie de aventuras sexuales rastreando la mirada del marido en cada sujeto que la aborda para acabar asesinada en un hotel de paso. Patsy, mi amor (1969, dir. Manuel Michel) Pixie tiene un brevísimo papel en la tercera cinta de Juan Guerrero: Narda o el verano (1968), inspirada en un sensual relato de Salvador Elizondo centrado en un trágico triángulo amoroso de corte existencialista que sucede en Acapulco. En ese mismo año de 1968, Hopkins en su faceta de cantante aparece en una secuencia de Patsy mi amor, de Manuel Michel: una historia de amor condenada al fracaso por parte de una jovencita culta, libre y sensible (Ofelia Medina) enamorada de un mediocre hombre casado que encarnaba Julio Alemán. En un café cantante llamado Totem y Tabú con sus mesitas con velas, sus imágenes freudianas y el curioso grupo musical Los complejos de Edipo vestidos con batas blancas de médicos, Pixie Hopkins interpreta el tema “Sola” con su habitual carisma y su esencia siempre etérea.Aquel negocio de pelucas y pestañas “Pixie” de las calles de Brasil y Donceles desapareció. Hoy en día es una de las tantas Farmacias del Ahorro. Camino muy seguido por ahí y siempre que miro esa esquina evoco el intangible rostro de Pixie Hopkins. Descanse en paz. “Componemos todo con la imaginación y somos incapaces de vivir la realidad, simplemente..” –Juan García Ponce, Tajimara.