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En francés, découper significa recortar, segmentar. Ya que el cine es, primero, la ilusión de movimiento producida por fotogramas (fragmentos inmóviles), y luego la imitación de la realidad y el tiempo mediante secuencias adheridas entre sí a partir del montaje, el sustantivo découpage es importante para la historia fílmica.

Al realizar una película, découpage se refiere al proceso de traducir, plano por plano, la escritura del guion a las imágenes (pensemos en los bocetos de Alfred Hitchcock, que detallaban cómo iban a ser filmadas y editadas muchas de sus secuencias más importantes). En la crítica, el mismo sustantivo sugiere el proceso de observar el montaje atendiendo a cada imagen. El cineasta y crítico mexicano Ariel Zúñiga se aproximó así al cine de Roberto Gavaldón; el académico estadounidense Tag Gallagher, ha desmenuzado de este modo a Kenji Mizoguchi. La columna Découpage, sin embargo, no será un intento tan minucioso de entender cada plano, cada corte, sino una invitación a todo tipo de lectores para que observen con atención los detalles en las imágenes y sus significados sorprendentes.

¿Por qué le interesa la lluvia a Andréi Tarkovsky? ¿Qué efecto tienen las sombras en el cine de Fritz Lang y qué dicen de su tiempo? ¿Por qué en Pickpocket importan las imágenes de las manos? En cada entrega exploraremos una decisión o un puñado de ellas y veremos las implicaciones que puedan tener, desde sumar toda una poética del cine, hasta transformar la historia del medio. ¿Y por qué razón? Porque mirar películas no es solo recibir imágenes, sino hacerlas florecer mediante las preguntas que les hagamos. 
 

LA CONDENA, de Béla Tarr, y los universos de la imagen

LA CONDENA, de Béla Tarr, y los universos de la imagen

Se nos dice a menudo que Béla Tarr fue un cineasta importante por su testimonio de la marginación y la melancolía. En las películas del gran director húngaro, las tramas (las más importantes de ellas escritas por el reciente ganador del Nobel de Literatura, László Krasznahorkai) nos hablan de personajes heridos e hirientes: autoridades estafadoras, informantes sin escrúpulos, filósofos sin audiencia, víctimas de la trivialidad. Hay ahí una épica del apocalipsis, pero las películas de Tarr se guardan el secreto de su narración.