07 · 13 · 18

Distinto amanecer: La agonía de la luz

Por: Alonso Díaz de la Vega @diazdelavega1

Entre los muchos filmes de Julio Bracho, Distinto amanecer (1943) permanece entre los más singulares. Uno de los primeros film noir en México —y en la historia—, este filme narra el reencuentro de una mujer con el amor de su vida: un sindicalista perseguido por los hombres de un gobernador corrupto. Guiados hacia el otro por el destino, ambos tendrán que tomar decisiones insoportables ante la gravedad de la corrupción y la desigualdad, que los succiona hacia un agujero negro donde la luz desaparece para siempre. Con su ataque a las condiciones políticas del país, Distinto amanecer se ubica entre películas como la Trilogía de la Revolución de Fernando de FuentesEl prisionero trece (1933), El compadre Mendoza (1934) y Vámonos con Pancho Villa (1936)— y las críticas sociales de Luis Buñuel, sin embargo su peculiar habilidad para transmitir la oscuridad hacen de su estilo cinematográfico un evento histórico y un símbolo de nuestras luchas por emerger como una nación desarrollada.

Al terminar los créditos del inicio, se nos anuncia que Distinto amanecer es una historia universal que podría suceder en cualquier lugar. Es similar a unas palabras al inicio de Vámonos con Pancho Villa, que contradicen el contenido de la cinta señalando que se trata de un homenaje a los hombres que lucharon en la Revolución Mexicana. Con una escena donde un personaje se suicida por macho y un final alternativo donde Villa asesina al protagonista y a su familia, es evidente que sólo se buscaba aminorar los efectos de la película, más bien crítica de la historia reciente del país. Años después de que apareciera Distinto amanecer, Luis Buñuel usaría un prólogo que también enfatizaría la universalidad de la pobreza en Los olvidados (1950), pero el artefacto sería, en las tres películas, meramente una distracción para satisfacer a los censores ante los duros contenidos socio-políticos de cada una. 

En Distinto amanecer, Octavio (Pedro Armendáriz) lleva siempre un sobre que contiene información sobre el asesinato de un líder sindical. Por esto lo persigue un hombre diabólico que en vez de ojos tiene dos hoyos negros simulados por sus lentes oscuros y que habla con una voz frágil, opuesta a su despiadada habilidad como espía y asesino. Cerca del final de la película aparece el gobernador corrupto con su séquito: parecen gángsters con su formación en bulto donde los guardaespaldas caminan detrás del jefe. Sus sombreros ladeados, sus cigarrillos en la boca y sus trajes rayados terminan de convertir la sugerencia en acusación. 

Distinto amanecer (1943, dir. Julio Bracho)

Distinto amanecer (1943, dir. Julio Bracho)

La trama y las caracterizaciones parecerían suficientes para comunicar una noche inacabable, pero Bracho y el director de fotografía Gabriel Figueroa emplearon una estética radical para su tiempo: la oscuridad total. Sólo hay que comparar la iluminación en interiores de películas contemporáneas de Distinto amanecer para notar la diferencia: en la mayoría, al encenderse una vela en un espacio oscuro, se enciende una potente iluminación que permite ver todos los detalles en la habitación. Todavía en la actualidad muchas cintas hacen lo mismo —aunque de manera más disimulada—, faltando al respeto a la física en nombre de la claridad. En su libro The Classical Mexican Cinema, el profesor Charles Ramirez Berg sugiere que tal vez Figueroa se inspiró en una escena iluminada sólo por una vela en Los viñedos de la ira (1940), de John Ford, o en El ciudadano Kane (1941), de Orson Welles. Ambas fueron fotografiadas por el maestro de Figueroa, Gregg Toland. Aún no hay fuentes que confirmen esta influencia pero, independientemente de ella, con Distinto Amanecer el discípulo superó al maestro. 

Distinto amanecer (1943, dir. Julio Bracho)

Distinto amanecer (1943, dir. Julio Bracho)

En la mayoría de las escenas de la película predomina una negrura que parece tragarse a los personajes. Al comienzo, Octavio camina en la Ciudad de México y no podemos ver más que su figura. En el interior del departamento de Julieta (Andrea Palma), la mujer que ama, apenas si se disciernen los rasgos de los personajes. Ni siquiera Pacto de sangre (1944), el clásico de Billy Wilder que suele considerarse el modelo del film noir, tenía una iluminación tan baja. Habría que ver las películas neorrealistas de Roberto Rossellini para encontrar una oscuridad similar a la de Distinto amanecer. Las coincidencias entre estos filmes, tanto formales como temáticas —la corrupción moral, la carga que llevan las mujeres, obligadas a venderse—, son suficientes para pensar que la obra de Bracho es no sólo una pieza importante del cine mexicano sino un momento definitivo del cine mundial.