03 · 09 · 26 Williams S. Burroughs: su paso por México y el cine Compartir en twitter Compartir en facebook Compartir con correo Copiar al portapapeles Rafael Aviña William S. Burroughs, el escritor, el junkie, el asesino involuntario, el profeta de los estupefacientes y de una zona oscura entre la realidad y la alucinación, falleció en agosto de 1997 llevándose a la tumba el secreto de su imaginación exacerbada. Nacido en 1914 en Saint Louis Missouri, estuvo ligado al consumo de drogas, tuvo un fatídico paso por nuestro país y a su vez, la pantalla grande se fascinó con él y su trabajo literario.Creador de una obra pulp, surrealista y alternativa y de una subcultura clandestina al lado de personalidades de la generación Beat como Jack Kerouac y Allen Ginsberg, Burroughs estudió arqueología y etnología antes de interesarse por la literatura y cuando lo hizo alteró el rumbo de las letras de posguerra y dio los primeros pasos hacia esa nueva cultura de la posmodernidad. En efecto, Burroughs fue un hombre adelantado a su momento capaz de evocar universos de pesadilla dignos de Lovecraft aunque irónicamente realistas. Williams S. Burroughs Sus adicciones, tanto a las palabras como a las drogas y las armas, así como su ambigua sexualidad fueron calcadas en su obra; relatos de “pasones” sin fin, de homosexualidad descarnada y persecuciones policiacas mientras rodaba de París a Marruecos, de Londres a México o a Nueva York. Justo, fue en un vetusto edificio de la colonia Roma en la Ciudad de México un 6 de septiembre de 1951 donde Burroughs asesinó accidentalmente y bajo el influjo de las drogas y el alcohol a su mujer Joan Wollmer de un balazo en la cabeza mientras “imitaba” a Guillermo Tell utilizando un vaso y una pistola en lugar de una ballesta y una manzana. El escritor logró huir de México y evadir la justicia gracias a la corrupción judicial de nuestro país y a las maniobras de su amoral abogado Bernabé Jurado especialista en casos “perdidos”.Se ha dicho que su literatura (Nova Express, Queer, Naked Lunch y otras) exige una suerte de contubernio síquico entre el lector y su obra y, por supuesto, el cine no tardó en interesarse en él y lo retrató en documentales y filmes experimentales, incluyendo breves apariciones en filmes comerciales, incluso en el videoclip del grupo irlandés U2, “Last Night on Earth”, pero nada comparado con lo que hicieron los cineastas de culto Gus Van Sant y David Cronenberg.En los minutos que dura su traslado en camilla luego de ser baleado, Bob Hughes (Matt Dillon) reconstruye su peregrinar fármaco-dependiente y de sus “vaqueros de farmacia” y hospitales, lugares donde se almacenan celosamente narcóticos y pastillas: el botín del adicto y el paraíso del junkie. Es la historia de un grupo de personajes paranoicos que habitan departamentuchos consumiendo el “fruto” de sus atracos en ese portentoso roadmovie y thriller existencial que es Drugstore Cowboy (1989), de Gus Van Sant. Drugstore Cowboy (1989, dir. Gus Van Sant) Uno de los más inquietantes retratos del drogadicto exento de moralina e hipocresía que se interna en la urgencia de la droga, los conflictos de convivencia y el acoso policiaco sufrido por cuatro losers en los años setenta. El álgebra de la necesidad tal y como lo expuso William S. Burroughs, quien aparece en un profético papel a su medida: el de un sacerdote anciano y adicto a las drogas, cuyo rostro lleno de arrugas llena la pantalla y avala el nihilismo de esta cinta independiente a cargo de otro autor marginal como Van Sant, quien lo incluyó de nuevo en Sueños del camino (1994).Máquinas de escribir trastocadas en escarabajos que hablan por bocas-esfínteres; mujeres cuya piel se cae a pedazos para dejar al descubierto cuerpos masculinos; humanoides con protuberancias fálicas que brotan de sus cabezas; ingestión de insólitas drogas duras como “polvo de insecto, carne negra y jissom de Mugwump”. Los universos de Burroughs y Cronenberg parecieran hechos a la medida; un encuentro feliz y malsano que dio como resultado una obra maldita, El almuerzo desnudo (1991), que no es tanto una versión de la novela homónima publicada hacia 1959, sino una interpretación de esta y de los procesos creativos de Burroughs. El almuerzo desnudo (1991, dir. David Cronenberg) Un retrato de la adicción como forma de vida, de los conectes, de una sexualidad ambigua y del acoso de la autoridad. Peter Weller abandona la piel de Robocop para manifestarse como un aspirante a escritor, William Lee, creador de mundos anómalos sumido en una inquietante espiral de droga. Naked Lunch remite a esos misterios del organismo creados por Cronenberg; obsesiones de un cineasta que ha llevado a terrenos inimaginables la discordia entre mente y cuerpo, cerebro y carne como detonador de un poder maligno que surge del interior del cuerpo mismo.Dirigida en el 2000 por Gary Walkow, Crónicas malditas (Beat), filmada en México, es una inquietante biografía centrada en la leyenda de la generación Beat y los pasos de Burroughs, encarnado de manera eficaz por Kiefer Sutherland que abre con la muerte de su mujer Joan Vollmer (Courtney Love); a partir de una serie de flashbacks, se narra la vida de este matrimonio mal avenido. Una visión más inquietante y elegante es la de Queer (2024), de Luca Guadagnino, ambientada hacia 1950 en una Ciudad de México casi imaginaria. Ahí, William Lee, un expatriado estadunidense de unos cincuenta años interpretado notablemente por Daniel Craig, pasa sus días solitario conviviendo con otros “paisanos” suyos. Sin embargo, su encuentro con un joven estudiante recién llegado a la ciudad le ofrece la posibilidad de una conexión íntima en un relato magnético, doloroso y alucinatorio como la vida del propio Burroughs.