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EL CENICIENTO: 75 años

En 1951, el realizador Gilberto Martínez Solares reunía por primera ocasión a su estrella Germán Valdés Tin Tan con el espléndido actor de apoyo Andrés Soler en: El ceniciento (1951), versión paródica a la mexicana, situada en tiempos Alemanistas, del relato de Charles Perrault. Germán conseguiría una de sus interpretaciones más celebradas y antológicas en su papel de indígena chamula Valentín Gaytán que llegaba de una ranchería de Chiapas a la Ciudad de México para ser ninguneado y reprimido por sus parientes. 

Sin saberlo, Germán alcanzaría con ese personaje tal vez el punto más álgido de toda su carrera, superando o igualando obras maestras como: El rey del barrio, El revoltoso y Simbad el mareado, dirigidas por el mismo Martínez Solares. Con El Ceniciento, Tin Tan no sólo asumía el protagonismo total en un hilarante relato que encabalga ternura, humor y drama de manera natural y planteaba además con todos sus momentos de brillante humor, una visión absoluta del México Alemanista de ese instante.

El ceniciento (1951, dir. Gilberto Martínez Solares)

El filme terminó por aportar uno de los más brillantes y realistas retratos de la urbe sensual, nocturna y festiva de ese periodo. La imagen de los grandes almacenes departamentales en boga, el cabaret, los ritmos tropicales y las exóticas representada en el espectacular cuerpo de la notable bailarina Armida Herrera, como centro de atracción en la pista del Cabaret La Bruja donde sorprende al público contoneándose al ritmo del explosivo Mamboleco interpretado por la orquesta de Ramón Márquez, autor de la pieza junto con Leoncio Diez.

Herrera era en realidad bailarina clásica y fue esposa por un breve periodo de Wolf Ruvinskis. Su aparición se inserta en uno de los momentos más hilarantes del filme donde Germán va venciendo de a poco su timidez gracias a las “limonadas preparadas con limones de Parras, Coahuila” que le obliga a beber su padrino Andrés: “Ya pasa, todo pasa, como la ciruela pasa”, dice y termina bañando a las hermosas cabareteras y ficheras Chelo Pastor y Elena Julián (“Las hermanas Dávalos de las mejores familias de la Colonia Juan Polainas”) al atragantarse con la bebida cuando observa como la “bailarina clásica” cambia de ritmo y se va despojando de su ropa.

Asimismo, puede verse aquí la representación de los universos de delincuencia, criminalidad y casas de juego clandestinas. La creciente migración del campo a la ciudad y el consecuente hacinamiento, la creación de colonias populares construidas con irregularidad y sobre todo la vejación y explotación de las masas empobrecidas e ignorantes de indígenas provenientes de todo el país, cuyo máximo sueño es cooperar para “las torres de la iglesia” del pueblo.

El ceniciento (1951, dir. Gilberto Martínez Solares)

Abundan las escenas emotivas sin dejar de ser cómicas como aquella en la que el borrachín Andrés, hermano incómodo de Sirenia (Magda Donato), casada con el gordo Marcelo (Marcelo Chávez), descubre que su ahijado Valentín es en realidad hijo de Andrés: “Que liviana era tu madre mi hijo” “¿Qué pasó, padrino? “ Para correr, hijo...”. Un moderno Ceniciento “indio pata rajada” al que en un principio consienten creyéndolo dueño de terrenos con petróleo, debido a una treta ideada por su padrino cuando inventa al personaje de un notario (“Licenciado de la Cadena y Bárcena”).

Momentos geniales como aquel donde Tin Tan enfundado en distintos disfraces, interpreta el tema de Francisco Gabilondo Soler, El cazador, junto a los Hermanos Zavala para después sufrir una broma cruel. Aquel de Andrés Soler mostrándole los trucos del conquián -“¿conquién?” dice Tin Tan-. Y sobre todo, las escenas climáticas del filme donde Andrés vestido de etiqueta se aparece en el hotelucho donde Valentín seca sus trapos de “huehuenche”, llora su desgracia y la muerte de su padrino en un accidente aéreo. “Llegué tarde. No me tocaba” –“Ay Padrino está usted muy frío”, al tiempo que Andrés canta “Dicen que los que mueren nunca vuelven...”; “Ya váyase padrino, usted ya colgó los tenis”....le dice. Y luego, al ser interrogado sobre su bastón, Andrés comenta: ”Que varita de virtud, ni que nada, es un bastón de Apizaco”... y le muestra un smoking a su ahijado para que pueda asistir a la fiesta de la dama joven de la película Magdalenita (Alicia Caro).

El Ceniciento se filmaría en julio de 1951 junto con su continuación, Chucho el remendado, dirigida por el propio Gilberto, ya sin la presencia de Soler y en la que repetiría Alicia Caro, Marcelo Chávez, Magda Donato, acompañados de Perla Aguiar, Queta Lavat, Eduardo Alcaraz, Juan García El Peralvillo y otros más, con algunas escenas fabulosas como aquella en la que Germán disfrazado de sacerdote pone a rezar de rodillas a un grupo de mujeres que viene de ver una película prohibida: “¿Mexicana?, -No, francesa padre-, “Bueno, menos mal, así no las entienden”. O, la escena del cabaret con la atractiva Yolanda Montes Tongolele más la presencia de Juan Bruno Tarraza, Enrique Tappan Tabaquito y Víctor Manuel El Güero Castro.