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Lucha Villa y el impacto de su presencia

Por: Rafael Aviña

Altiva, imponente, Luz Elena Ruiz Bejarano (1936), “La grandota de Camargo”, “La ronca de Chihuahua” o “La reina de los palenques”, como se le conoce en el ambiente artístico a Lucha Villa, bautizada así por el empresario argentino Luis G. Dillon, para quien trabajaba como modelo y bailarina, continúa siendo una de las intérpretes rancheras más memorable del medio artístico y, a su vez, una actriz que consiguió superar el estereotipo que el cine nacional le ofrecía para convertirse en una figura fílmica de gran carisma.

De presencia sensual e inquietante voz —de esas voces gruesas que nacieron para hablar al oído—, la chihuahuense encontró, a través de la música folclórica mexicana, el mejor camino para llegar a los medios masivos. De la radio al cine y de ahí a la televisión con un estilo muy peculiar. No resulta casual que su nombre pareciera retomar dos elementos explosivos sello de su personalidad. Por un lado, el patronímico de Lucha que igual funciona como homenaje a la gran cantante de ranchero Lucha Reyes y, a su vez, como apelativo de “lucha”, pelea, combate. Por su parte, el apellido Villa remite a las andanzas del “Centauro del Norte”, equiparables en el medio artístico en su “estrategia” musical y cinematográfica.

Lucha Villa

Lucha Villa

Inigualable intérprete de José Alfredo Jiménez y posteriormente de Juan Gabriel, Lucha Villa se inicia en el cine en 1962 con una serie de intrascendentes comedias campiranas y cintas de Caballitos, cuando el género había llegado a su grado más bajo, como: El Norteño, El Charro Negro contra la banda de los Cuervo, El jinete enmascarado, El mariachi canta y otras. No obstante, sería un drama rural: El gallo de oro (1964) de Roberto Gavaldón, a partir de una historia de Juan Rulfo, el que lanza al estrellato fílmico a Lucha Villa, que de manera inteligente decide experimentar con otros géneros, incluso retratos urbanos y comedias sociales y de época, donde la actriz mostró su enorme capacidad histriónica.

Con una filmografía cercana a las 80 películas, Lucha Villa debuta en El terror de la frontera (1962), de Zacarías Gómez Urquiza, acompañada del famoso cómico norteño Eulalio González “Piporro” con el que trabajaría en otras cintas como El Pocho (1969) dirigida por el mismo Piporro, una comedia consagratoria sobre la condición del “espalda mojada” en ambos lados de la frontera. De aquella primera experiencia donde canta entre otras, Grítenme piedras del campo inicia una serie de comedias para lucimiento de un revanchismo femenino con protagonistas “muy machas” según el concepto fílmico de ese entonces, al estilo de Los apuros de dos gallos, Tres palomas alborotadas o Dos inocentes mujeriegos.

No obstante, el carisma de Lucha Villa, su estilo, su voz, su sentimiento musical y su idilio con la cámara de cine, la llevarían a protagonizar otros dramas con títulos que rendían homenaje a su talento para interpretar la música ranchera: Me cansé de rogarle, Guitarras lloren guitarras, Amanecí en tus brazos. A su vez, su presencia sirvió para adornar dramas de acción ranchera con héroes históricos y de corrido como: Los hombres de Lupe Alvírez, Los amores de Juan Charrasqueado, El Centauro Pancho Villa o El corrido del hijo desobediente.

Al mismo tiempo, Lucha participó en algunas curiosidades genéricas como: El imperio de Drácula, con un fornido vampiro interpretado por Eric del Castillo, o la saga dirigida por Damián Acosta, El Fiscal de hierro, protagonizada por Mario Almada y una desatada Lucha Villa como la delincuente Ramona Pineda; una especie de lideresa del narcotráfico con cabellera rojiza y luciendo faldones y decenas de coloridas mascadas.

Lucha Villa demostró su capacidad de gran estrella cinematográfica en un puñado de películas que arrancan con El gallo de oro, donde obtiene La Diosa de Plata de Pecime a la Mejor Actriz en su papel de Bernarda Cutiño “La Caponera”; la hembra fatal y cancionera explosiva que trae la suerte a un pobre gallero entonando con sentimiento temas de Rubén Fuentes. Intenso también fue su estupendo rol dramático en El principio (1972), de Gonzalo Martínez Ortega, filmado en su natal Chihuahua, un fresco histórico ambientado hacia 1914 y donde fue nominada al Ariel a Mejor Actriz, mismo que perdió ante Katy Jurado por su papel en Fe, esperanza y caridad.

Imposible olvidarla como la sensual Chabela esposa de Manolo Fábregas en Mecánica Nacional (1971), de Luis Alcoriza, donde coquetea con el norteño que encarna Fernando Casanova en esa gran bacanal que sucede a la orilla de una carretera y con la que obtenía su primer Ariel por Mejor Actriz. El Ariel de coactuación femenina lo consigue en su papel de La Japonesa, dueña de un miserable prostíbulo en la cinta de Arturo Ripstein, El lugar sin límites (1977). Aquí se luce en aquella escena donde seduce a “La Manuela” Roberto Cobo para ganar una apuesta con el anciano que interpretaba don Fernando Soler.

Mecánica nacional lucha villa - Google Search

Por último, dos películas de los años noventa, época en la que abandona su carrera debido a severas complicaciones por una nefasta cirugía plástica, dejan constancia de su versatilidad. Encuentro inesperado (1991), insólito drama de Jaime Humberto Hermosillo, una suerte de homenaje a la propia Lucha Villa, en la historia de una actriz en decadencia y el encuentro con su hija (María Rojo), y ese papel de mujer madura y sensual con fogosas escenas al lado de Alonso Echánove en el inquietante drama urbano Lolo (1992), de Francisco Athié.