09 · 5 · 19

Sonora, lo que somos y que no se ha dicho: Entrevista a Alejandro Springall

By: Aranza Flores @Alvayeah

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Sonora (2018), dirigida por Alejandro Springall, sigue a un grupo de doce personas que en un Chrysler 1929 trata de cruzar uno de los desiertos más peligrosos del mundo: el Desierto de Altar en el estado de Sonora, al norte de México, guiados por un indígena de la tribu tohono o’odham. La película se sitúa en 1931, cuando el país se encuentra en un contexto político álgido, donde predominan el racismo y la xenofobia, además de estar inmerso en una crisis económica consecuencia del periodo posrevolucionario.

La cinta fue producida por Bertha Navarro, Edher Campos y Luis Salinas. En su reparto cuenta con personalidades como Joaquín Cosío, Dolores Heredia, Flavio Medina y Jason Tobin. 

Sonora, presentada previamente en el marco de la 16° edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), tendrá su estreno comercial este viernes 6 de septiembre. 

El FICM tuvo la oportunidad de platicar con el director quien nos habló del proceso de rodaje y los complejos temas que aborda en la película.

Sonora (2018, dir. Alejandro Springall)

Sonora (2018, dir. Alejandro Springall)

FICM: ¿Cómo te sientes respecto al estreno de la película?

Alejandro Springall: Ha sido como un hijo con una dependencia tremenda, ya me urge soltarla. Ahora que estoy en el tour de medios y con nuevas proyecciones, ha sido todo muy bonito. Como director siempre redescubres la película y creo que a través del público ves diferentes cosas. Pero estoy feliz de que ya se estrene porque es el momento en el que ya me puedo deslindar de ella.

FICM: ¿Cómo fue el proceso de rodaje de Sonora?

AS: Es la película más difícil que he hecho, y no lo digo yo, lo decimos todo el talento y el staff. Lo dimensioné como un filme muy grande porque tiene tonos de western y está ubicado en locaciones muy lejanas, difíciles de llegar y que requirieron de un esfuerzo sobrehumano. 

El Desierto de Altar, principal locación de Sonora, es un lugar muy agreste e inhóspito. Ha sido como una carretera desde siempre. Filmamos casi todo en El Pinacate, pero la primera parte, donde se plantea la historia y el contexto político, sí la filmé en Hermosillo, en Guayma, en Casitas. Prácticamente toda la película fue al norte de Sonora, entre el Mar Cortés y Arizona.

Nos dejaron filmar ahí con muchísimo cuidado: es un lugar muy protegido pues es una de las cuatro biosferas declaradas por la UNESCO, por las especies endémicas y la flora y fauna que ahí habitan. Es un lugar maravilloso. Yo espero que la gente se prenda, que lo vean en la película y se lancen a conocer el desierto. 

FICM: ¿Por qué escogiste retratar específicamente ese periodo de la historia de México?

AS: Quise hacer la película porque Guillermo Munro, quien es amigo mío, me llevó ahí mientras estaba buscando locaciones para La delgada Línea Amarilla (2015). Me dijo: “Quédate un día más, te voy a llevar a El Pinacate. Vas a enloquecer”. Me llevó, y a la media hora dije “Quiero hacer una película aquí”. 

El agosto de 1931 es un momento terrorífico y su principal locación es el Gran Desierto de Altar. La película habla mucho de todo lo que somos y que no se ha dicho. Habla de un genocidio y, al mismo tiempo, de todo el racismo que se vivió y se sigue viviendo en México hoy en día con la cuestión de la migración, que es un racismo sutil y abierto.

FICM: Tengo entendido que te basaste en el libro La ruta de los caídos de Guillermo Munro, ¿cómo se refleja en Sonora?

AS: Munro hizo muchas investigaciones de todos los trayectos que se hicieron durante la época a través de El Pinacate y el Gran Desierto para llegar al norte. A pesar de ser el segundo desierto más caliente y peligroso del mundo, históricamente se ha recorrido mucho porque es la vía que conecta al país con el Pacífico y con la Alta y la Baja California.

Desde antes de que llegaran los españoles ya había sido recorrido por las etnias del norte, y luego, cuando le enseñaron el camino al padre Quino, lo bautizó como “El camino del diablo” porque es tremendo. Por eso me interesó hacer la película, para abordar específicamente ese recorrido y todo lo que hay alrededor de su historia. Antes de los años treinta los trayectos eran a pie y a caballo pues era un lugar sagrado para la etnia de los tohono o’odham, también conocidos como pápagos, pero después se empezó a recorrer en vehículos.

El libro cuenta historias de todo lo que pasó y de personajes que están en un contexto histórico particular: las primeras expediciones antes de la llegada de los españoles, lo que pasó en la Colonia y luego en el México independiente, de cómo Arizona quería robarse todo nuestro desierto para darle salida al mar de Cortés al estado.

Porfirio Díaz protegió ese territorio trayendo a los chinos para que lo poblaran y así Estados Unidos no se pudiera robar esa zona. En 1931, que es el momento de la película, es cuando los expulsan del Estado y tienen que irse. Así como Isabel La Católica expulsa a los judíos y luego a los árabes, así en México expulsaron a los chinos simplemente por un rollo racial. Hubo un genocidio totalmente borrado de la historia México que busco sacar a la luz con Sonora.

El elenco de Sonora (2018, dir. Alejandro Springall) en la presentación de la película durante el 16° FICM.

FICM: El largometraje también aborda temas relacionados con los grupos indígenas que pertenecen al norte de lo que era la Nueva España, ahora parte de Estados Unidos, ¿qué papel tiene el personaje de Emeterio como miembro de la comunidad indígena tohono o’odham en la película?

AS: Emeterio es una joya, un personaje fuerte. Al inicio de la película es lo más bajo de toda la sociedad, es indígena, alcohólico y está solo. Cuando regresa al desierto empieza a recordar quién es, porque el desierto le devuelve su pasado y su identidad. Al internarse al desierto se da cuenta de que tiene todo ese conocimiento y fortaleza física y psíquica que los demás no tienen.

Pápagos, como también se les conoce a los miembros de esa comunidad a la que pertenece Emeterio, es un término un poco despectivo. Ellos se autodenominan tohono o’odham, que quiere decir “gente del desierto”. Pápago quiere decir “frijolero” y es como le decían los apaches a los odham.

Su territorio está dividido entre Arizona y Sonora, son binacionales y de libre tránsito y son los únicos que han desarrollado un conocimiento para sobrevivir perfectamente en el clima del desierto. Ellos pueden pasar un par de días sin agua, porque tienen un entrenamiento físico, mental y espiritual. Les enseñan desde muy chavitos y hay extensiones de caminatas de iniciación que hacen todavía. 

FICM: ¿Consideras que pones en la mesa el tema sobre la discriminación no sólo hacia quienes no son de aquí, sino a quienes también lo son, como las comunidades indígenas?

AS: Totalmente. Esa es la historia de México: la discriminación al indígena. Por eso digo que Emeterio, al ser indígena y alcohólico es el paria, es el ser más bajo de la escala social mexicana. 

Todos esos temas los tocamos en la película. Sobretodo el racismo y la xenofobia. No nos gusta hablar en México de eso, somos muy pavorosos y creemos que si no se habla, no existe. Pero es momento de revisar nuestros valores como sociedad. Este es un país plural, está hecho de migraciones de todo lados.

FICM: ¿Qué puede hacer el cine contra ese tipo de temas?

AS: El cine ayuda a traer a la mesa ciertas temáticas. Yo no creo que sirva para decir cosas, sino para contarlas, que es diferente. El cine no es un ensayo, pero sí hay, al menos, las emociones o las sensaciones y sentimientos de personajes que están sufriendo ciertas cosas que sirven para traer muchos temas a la mesa. 

No es que tenga gran impacto, pero por lo menos se habla, podemos traer temas a la luz a través del cine. Una película tiene la capacidad para poner a todo un país en el mapa otra vez. Esa es una de las cosas que me interesaban para hacer una película: hablemos ahora sí del racismo y los genocidios que han sido resultado de eso en México.

FICM: ¿Tienes algún otro proyecto en mente?

AS: Acabo de terminar un guión donde toco cuestiones de mitos y fantasías de la clase media en México. Voy a regresar a hacer una comedia negra, porque hace rato que no hago una.

Ha sido un proceso muy largo. Es hora de enfocarme en otra cosa.