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Los Estudios Tippett y Paul Verhoeven: el fin de una era entre erotismo y ciencia ficción

En la cochera de su propio hogar en Berkeley, California, el matrimonio conformado por el director, productor y supervisor de efectos especiales Phil Tippett y la productora Jules Roman, fundaron en 1984 el modesto y hoy legendario taller de efectos visuales y animación stopt motion y go motion Estudios Tippett, que arrancó con el cortometraje independiente Prehistoric Beast. Aquel pequeño sueño se trastocó en breve en la columna vertebral de buena parte del cine de ciencia ficción y otros géneros afines a Hollywood, creando los efectos especiales, maquetas, animaciones, gráficos por computadora y más, de películas icónicas como: Star Wars (la trilogía original, cuando trabajó bajo las órdenes de George Lucas), Parque Jurásico (1993), Robocop (1987), El hombre bicentenario (1999), La liga de los caballeros extraordinarios (2003), Hellboy (2004) y Blade II (2002), ambas de Guillermo Del Toro; Cloverfield: Monstruo (2008), Arrástrame al infierno (2009) y decenas de exitosos filmes más, de acción, horror, aventuras y fantasía.

Paul Verhoeven

Por supuesto, los Estudios Tippett se ampliaron de forma impresionante y pese a que la compañía continúa operando a través de otras sedes como la de Toronto, las instalaciones físicas de Berkeley se declararon en bancarrota cerrando sus puertas hace unas semanas. Entre sus filmes icónicos destacan varias obras del director Paul Verhoeven que se mueven, como buena parte de su obra, entre el erotismo y la ciencia ficción: Robocop, Invasión (Starship Troppers, 1997) o El hombre sin sombra (The Hollowman, 2000); las dos últimas fueron nominadas al Oscar por sus efectos visuales y en la segunda, Phil Tippett codirigió las secuencias de batalla junto con Verhoeven, mientras que en El hombre sin sombra, Craig Hayes supervisó la creación del protagonista invisible.

En un futuro lejano, la Tierra se ha convertido en una gran federación que enfrenta una guerra con los arácnidos del planeta Klendathu; una raza de insectos gigantes decidida a erradicar la vida humana con su poderío bélico: tenazas que cortan de tajo los cuerpos y secreciones capaces de derretir a sus enemigos. Desde el control de mando de una flotilla aérea, en el terreno de la infantería o detrás de escritorios y laboratorios, un grupo de amigos y jóvenes reclutas deben confrontar sus problemas personales y a su vez, colaborar en la defensa de la Tierra en un filme inspirado en la novela homónima Starship Troppers, de Robert Heinlein, uno de los escritores más importantes de la ciencia ficción moderna surgida a fines de los treinta.

Invasión (Starship Troppers, 1997, dir. Paul Verhoeven)

Invasión retomaba el viejo cine de horror y ciencia ficción de los cincuenta adaptándolo a la mentalidad juvenil de Twin Peaks y de Beverly Hill 90210 y similares. Incluso, el filme se alejaba de la perspectiva de películas de ese momento como El día de la independencia (1996) o Marcianos al ataque (1996) para confrontar posiciones en apariencia irreconciliables: el romance juvenil y la acción militar con escalofriantes secuencias gore.

Verhoeven obtuvo una sátira agresiva y a la vez excitante explotando los resortes elementales de un subgénero que surgió como respuesta ante las paranoias provocadas por la guerra fría. A su vez, el fotógrafo Jost Vacano recicla las texturas de cintas de los cincuenta como La guerra de los mundos (1953) o Cuando los mundos chocan (1951), creando junto con la trama una extraña fusión entre Melrose Place y El mundo en peligro (1954), con toques de Cara de guerra (1987) y Reto al destino (1982).

El apuesto Johnny Rico (Casper Van Dien) astro del futbol americano de salón se ofrece como voluntario en la infantería móvil no tanto por motivos patriotas, sino para agradar a su novia Carmen (Denise Richards) cuyo sueño es convertirse en piloto de la armada espacial. El fervoroso nacionalismo y carrera militar de Johnny es puesto a prueba además con la sensualidad explosiva de la recluta Dizzy (Dina Meyer) decidida a conquistarlo.

 Robocop (1987, dir. Paul Verhoeven)

Verhoeven y su guionista Ed Neumeier trasladan el fervor patriótico de los filmes de propaganda bélica de los cuarenta (Arenas de Iwo-Jima (1949) y otros) a los terrenos de la ciencia ficción y el horror gore. En Robocop, el director utiliza los anuncios publicitarios y los noticieros de televisión como rompimientos dramáticos con alto contenido sarcástico al estilo de Heinlein. Si la novela original es un furioso grito nacionalista, su versión fílmica muestra los rasgos protofascistas del relato de manera irónica muy cercano a lo que hoy sucede en Estados Unidos.

Los arácnidos y su gigantesco y repulsivo líder de gran inteligencia, simulan esa suerte de sociedad reptante y clandestina; un miedo a lo otro capaz de dejar secos los cerebros humanos y mutilar grotescamente sus cuerpos. De hecho, las situaciones sangrientas, sus brutales evisceraciones y descuartizamientos compensan las descargas de gran carga sexual que la trama sugiere y que deliberadamente evita. Invasión es una curiosa y entretenida fusión de novela gráfica, efectos de computadora y fascismo gore que muestra otra de las perturbadoras facetas de un cineasta incendiario como Paul Verhoeven. La novela y el filme metaforizaron la demencia militar estadunidense y de manera irónica los Estudios Tippett que hoy llegan a su fin, tuvieron la visión del futuro: ese cine de efectos visuales que hoy domina la industria. La nostalgia es un búmeran.