07 · 23 · 26 Elsa Aguirre (1930-2026) y LA LIGA DE LAS MUCHACHAS Share with twitter Share with facebook Share with mail Copy to clipboard Rafael Aviña En el ocaso de los años noventa, uno de los impresos de mayor éxito y prestigio era sin lugar a dudas la revista Somos que publicaba, mes tras mes, notables acercamientos biográficos y/o genéricos sobre el cine mexicano en su etapa “dorada”. Era tal el impacto de su circulación que sus ediciones se presentaban cada mes en la Cineteca Nacional con la proyección de alguna película y la presencia de figuras estelares de nuestra cinematografía, con lleno total. Para septiembre de 1999, Macarena Quiroz, directora de Somos, me pidió que presentara el número dedicado a Elsa Aguirre que incluía, además, un par de apartados especiales sobre su hermana Alma Rosa Aguirre y el compositor Manuel Esperón. Elsa Aguirre Dudé, pero pesó más mi curiosidad y admiración, ya que me tocaría presentar a una de las mayores divas y bellezas del cine nacional que estaría presente esa noche. Elsa Aguirre tenía entonces 69 años, aunque en realidad parecía tener por lo menos 20 años menos. La hermosura, sensualidad y carisma que proyectaba en pantalla se quedaban cortas como pude atestiguarlo al estar a unos centímetros de ella y en la breve charla previa que tuvimos. Todo iba fluyendo bien hasta que llegó ese instante en el que todo parece detenerse como en una suerte de película de suspenso, justo cuando al referirme a su participación en Algo flota sobre el agua (dir. Alfredo B. Crevenna, 1947), mencioné que en aquella escena en la que Arturo de Córdova la sigue con la mirada mientras ella se sumerge en el río, todos o al menos yo, quisimos ver a través de los ojos del actor ese momento único de nuestro cine.Elsa Aguirre abrió sus enormes y bellos ojos, me sonrió y soltó una carcajada, y yo me ruboricé como nunca y la sala abarrotada festejó esa risa sincera de una de las mujeres más importantes de la cultura nacional y reina indiscutible de una cinefilia que aún intenta mantenerse en pie.Cuando el cine mexicano despuntaba en la que sería su etapa más fructífera, surgieron todo tipo de estrellas y bellezas que iluminaron la pantalla pero ninguna con un atractivo tan especial como el de Elsa Aguirre, oriunda de Chihuahua, quien debutaba en el cine al lado de su también preciosa hermana Alma Rosa Aguirre en El sexo fuerte, hacia 1945. Muy pronto, el público y los productores se dieron cuenta de que sería imposible encasillar a Elsa a los papeles de vampiresa; es más, Elsa Aguirre se encontraba más allá de toda temática y de sus directores, por más famosos que estos fueran; llámese Julio Bracho, Emilio Indio Fernández, Chano Urueta o Joaquín Pardavé, ya que Elsa se había convertido en una Diosa de la pantalla con su encanto y personalidad tan especiales. Algo flota sobre el agua (dir. Alfredo B. Crevenna, 1947) A Elsa le tocó actuar al lado de figuras como Arturo de Córdova en la citada Algo flota sobre el agua o Medianoche; con Jorge Negrete participó en Lluvia roja, con Miguel Torruco, en Acapulco y La estatua de carne; y con Pardavé aparece en Don Simón de Lira, Los viejos somos así y Ojos de juventud, y lo más sorprendente es que su belleza y capacidad de gran actriz se mantuvieron por varias décadas al grado que se ve despampanante a finales de los años sesenta al lado de Fernando Luján, en El cuerpazo del delito, o con el galán otoñal Mauricio Garcés, en El matrimonio es como el demonio y El día de la boda.Además de interpretar a una bella colegiala en Cuatro noches contigo junto a Luis Aguilar y protagonizar intensos dramas como Vainilla, bronce y morir, al lado de Ignacio López Tarso, o relatos de tema revolucionario: Pancho Villa y la Valentina, Elsa participó en una rareza fílmica protofeminista de 1949: La liga de las muchachas/ Adoradas rebeldes, dirigida por Fernando Cortés, escrita por Janet y Luis Alcoriza. Protagonizada por las bellas Elsa Aguirre y Miroslava, incluía además la aparición de Alma Rosa Aguirre y del propio Luis Alcoriza, en el papel de un criminal explotador.La acción arranca en el bosque de Chapultepec, donde Magda Donato reparte tarjetas a mujeres en peligro, se mete a las cajuelas de los autos o se oculta en los departamentos como el de Amelia (Alma Rosa), quien discute con su marido Amado (Jorge “Ché" Reyes) por un abrigo que esta ha comprado. Él le dice: “Las mujeres nunca piensan en nada, su cerebro es débil, amorfo”, después que él se marcha, Amelia recibe la tarjeta en la que se lee: “La liga de las muchachas. Si es usted es joven y bonita y quiere vivir la vida que merece, llame al teléfono 123-456, o acuda a la Calle Miraflores No. 2. No se arrepentirá. Suplicamos discreción”. La liga de las muchachas (1950, dir. Fernando Cortés) Ahí, en esa residencia, Remedios (Consuelo Guerrero de Luna), millonaria que ha creado tal sociedad que hace alusión, no sólo a la unión de las jóvenes, sino a la liga de sus medias, procura que las mujeres se cultiven leyendo, discutiendo o escuchando las arengas de la Presidenta: “¡Mueran los hombres. Arriba la liga! Saludemos a nuestra inspiradora Lisístrata la primera mujer en ponerle la bandera roja y negra a los hombres […] Luchamos por la libertad de la mujer mexicana para liberarla del monstruo masculino. En este país la mujer no es nada. Unos las buscan para tener cocinera, que lave y limpie la casa y otros para satisfacer sus repugnantes apetitos… qué asco".En esta divertida sátira feminista, Elsa Aguirre luce su espectacular belleza y sensualidad. No en balde en Cuidado con el amor, Pedro Infante la mira enamorado y le dedica una de las canciones más hermosas que se han escuchado en la pantalla: “Cien años”, compuesta por Rubén Fuentes con letra de Alberto Cervantes. Hoy, a casi 27 años, me resulta imposible olvidar la sonrisa y la mirada de Elsa Aguirre y sobre todo, el tierno beso en la mejilla que me plantó cuando soltó la carcajada en aquella presentación de la revista Somos, en un lejano día de septiembre de 1999. Mucha luz en tu camino admirada Elsa.