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Cristian Mungiu en Morelia: 4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS

La semana pasada finalizó la 79a edición del Festival de Cannes y la Palma de Oro fue para el cineasta rumano Cristian Mungiu por su filme Fjord/Fiordo (2026), drama social-familiar sobre la violencia, la polarización de las ideas y la religiosidad. Mungiu ya había obtenido ese galardón por su impactante relato 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007), mismo que presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en aquel 2007 y que la fundadora y directora general del festival, Daniela Michel, presentó emocionada junto con el realizador. Al año siguiente, Mungiu, egresado de la Universidad de Cine de Bucarest, regresó a Morelia como miembro del jurado de la Sección de Largometraje Mexicano. En ese 2008, el cineasta propuso un programa especial de cine rumano llevado a cabo en el FICM 2009 curado por el propio Mungiu. 

Su ópera prima, Occidente (2002), participó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, sin embargo, la fama de Mungiu se catapultó con 4 meses, 3 semanas y 2 días que reflexionaba sobre un tema tabú: el aborto, tópico que se ha modificado conforme la sociedad se ha transformado. Obras notables han utilizado como pretexto el asunto para hablar de una realidad social imposible de ocultar, es el caso de La noche de Walpurgis (dir. Gustaf Edgren, 1935), Alfie (dir. Lewis Gilbert, 1966), Un asunto de mujeres (dir. Claude Chabrol, 1988), o El secreto de Vera Drake (dir. Mike Leigh, 2004).

Cristian Mungiu

En ese sentido, 4 meses, 3 semanas y 2 días/ 4 luni, 3 saptamini, si 2 zile, propone un panorama crudo e intenso en una época particularmente represiva, como lo era el régimen comunista de la Rumanía de Nicolae Ceaucescu en la década de los ochenta. Todo ello, a partir de un relato intimista, claustrofóbico y demasiado realista, que sigue de cerca la terrible y traumática experiencia de dos amigas: Otilia (Anamaria Marinca) y Gabita (Laura Vasiliu), que comparten recámara en una residencia estudiantil. Cuando Gabita se sabe embarazada, decide como medida desesperada contratar a un abortista clandestino. Para ese año de 1987, cuando sucede la acción, el aborto no sólo estaba penado, sino que después del cuarto mes, se consideraba causa de asesinato.

Lo primero que llama la atención es la total ausencia de melodrama edificante y de truculencia sensacionalista, a pesar de la crudeza de algunas de sus imágenes. En ello, ayuda el tono melancólico cargado de un fatalismo cotidiano que rodea a las protagonistas: las represivas recepcionistas del hotel donde las jóvenes han alquilado una habitación para llevar a cabo el aborto, las calles solitarias, el discurso moral y tradicionalista del viejo amigo de los padres del novio de Otilia durante la fiesta de cumpleaños de la suegra, o la frialdad misma con la que el abortista, un tal Señor Bebe (Vlad Ivanov), pacta el pago que no sólo Gabita, sino la propia Otilia, tendrán que pagar para completar la cuota ya que el estado de gravidez de la primera, marca: 4 meses, 3 semanas y 2 días.

En su segunda película, Cristian Mungiu, asistente de realizadores como Bertrand Tavernier o el rumano Radu Mihaileanu, se vale de una iluminación naturalista, escasas locaciones —evita la reconstrucción en Estudio—, poca acción pero muy intensa, abundantes diálogos y varios planos-secuencia, al tiempo que juega con ciertos elementos de suspenso: las insistentes llamadas de Otilia al hotel para saber si Gabita se encuentra bien luego de la intervención, la credencial que el abortista olvida, la cámara en mano que sigue a Otilia por las calles, mostrando el miedo y la confusión de esta. En 4 meses, 3 semanas y 2 días, no existen personajes buenos ni malos, solo una sociedad implacable y cruel que se aprovecha de las debilidades y la confusión: la premisa de un relato intrigante sobre dos amigas que nunca más volverán a ser las mismas.