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Ana Luisa Peluffo (1929-2026): belleza y transgresión

La noche de los Premios Ariel en el año 2000 fue la noche de La ley de Herodes (1999) de Luis Estrada. Acababa de felicitar a mi querido maestro Vicente Leñero, premiado como coguionista de ese filme, cuando empecé a deambular por el interior del Palacio de Bellas Artes, donde solía llevarse a cabo la ceremonia, y ahí me encontré de frente con la queretana Ana Luisa Peluffo (1929-2026). Ella tenía entonces 71 años y seguía manteniendo su porte y hermosura. Como estaba sola me atreví a saludarla y amablemente se puso a platicar conmigo; pude decirle que su personaje de “Gloria” en Siempre hay una primera vez y sus participaciones en Ángeles y querubines y El reventón eran mis favoritas. Me comentó que nadie nunca le mencionó esos títulos dentro de su larga trayectoria pero que los recordaba con enorme cariño.

Ana Luisa Peluffo

Ana Luisa Peluffo, fallecida ayer, fue una actriz que adornó con su belleza varios filmes mexicanos y a su vez fue capaz de albergar personajes transgresores que escandalizaron no sólo a la sociedad mexicana de su momento, sino a sus propios compañeros debido a su complejidad y a su atrevimiento, considerando que la actriz seguía realizando desnudos cercana a cumplir los 50 años en una época donde al llegar a esa edad, eran relegadas a papeles menores o de personas “mayores”. Su primera aparición en la pantalla fue en una producción de bajo presupuesto de la compañía estadunidense RKO, filmada en Acapulco en 1948: Tarzán y las sirenas, protagonizada por Johnny Weissmüller, en la que debutaron como extras nativas: Peluffo, Silvia Derbez, Lilia Prado y Magda Guzmán.

Más tarde, a mediados de los cincuenta, la censura fílmica aceptó los primeros desnudos en cintas para adultos, pero evitó mostrar el pubis para concentrarse tan sólo en los pechos de actrices novatas. Los hermanos Pedro y Guillermo Calderón, financiaron una serie de curiosos relatos de desnudos “artísticos” y estáticos, como alegoría de un erotismo femenino exánime e insensible. La fuerza del deseo (1955), de Miguel M. Delgado, inició esas polémicas obras con Peluffo, quien vive en la pobreza con su pequeño hijo. Afectada por un mal cardiaco, recuerda su época de ambiciosa modelo que trastorna a un estudiante (Abel Salazar) y al mecenas de éste (Armando Calvo). Peluffo aparecía cubierta tan sólo con una gasa, o una red, e incluso unas nubecillas de algodón que traslucían sus senos. Sólo en una secuencia aparece totalmente al natural. El cartel de La fuerza del deseo, aseguraba: “Tan valiente como los filmes franceses [...] tan real como las películas italianas [...] tan picante como la salsa mexicana [...]. Hecha con tanta valentía y audacia, como cuidado [...] que la censura no pudo tachar ni uno solo de sus múltiples y bellos desnudos artísticos”. A esta película le seguirían títulos similares como: La ilegítima y El seductor —ambas de 1955— y La Diana cazadora (1956).

La fuerza del deseo (1955, dir Miguel M. Delgado)

La carrera de Peluffo oscilaría entonces entre el melodrama, el drama realista, la comedia e incluso el cine fantástico con filmes como: Besos prohibidos, Cada quien su vida, El hombre que logró ser invisible, Dos fantasmas y una muchacha, La mujer y la bestia, Nacida para amar, El fantasma de la opereta, Las señoritas Vivanco, El conquistador de la luna y otros títulos similares, incluyendo aventuras del cine de luchadores. No obstante, a sus 40 años de edad, la Peluffo protagonizaba “Gloria” el segundo episodio del notable filme colectivo Siempre hay una primera vez (1969), producido por Cinematográfica Marte, en el que debutaban respectivamente los realizadores: José “El Perro” Estrada, Guillermo Murray y Mauricio Walerstein.

Siempre hay una primera vez (1969, dir. José Estrada, Guillermo Murray, Mauricio Walerstein)

Gloria es una cuarentona empleada bancaria que sigue siendo virgen debido a la oposición de su conservadora madre y a la que pretende un seductor y joven compañero de trabajo (Julián Pastor) que sólo desea llevársela a la cama y un maduro solterón (Enrique Rambal) reservado y católico de origen español, dueño de una ferretería. El papel de Peluffo resulta sublime, conmovedor incluso y su belleza madura: arrasadora. Antes, en Vagabundo en la lluvia (1968), de Carlos Enrique Taboada, Peluffo conseguía otro papel inquietante en un filme de suspenso y terror sicológico donde se rebelaba de manera sutil, una trama de amor lésbico.

En Ángeles y querubines (1971), dirigida y fotografiada por Rafael Corkidi, sorprenden los bellos desnudos de Ana Luisa Peluffo (y de Helena Rojo y Cecilia Pezet) en un perturbador filme de temática surrealista-gótica-vampírica. Lo mismo sucede con su personaje de mujer madura y casada, amante de un joven junior (David Burns) en El reventón (1975), de Archibaldo Burns, con inquietantes imágenes de fuerte sexualidad que se suscitan en el hotel Casino de la Selva en Cuernavaca, Morelos. Otros filmes importantes en la carrera de Ana Luisa Peluffo serían: El valle de los miserables, La venida del rey Olmos, Mataron a Camelia la Texana, La casta divina, Deseos, Adriana del Río actriz, Flores de papel y Bandera rota, cuya carrera de cerca de 150 filmes incluyó múltiples videohomes. Descanse en paz.