02 · 20 · 26 Hacer cine sin miedo: Robin Campillo y el legado de Laurent Cantet en ENZO Share with twitter Share with facebook Share with mail Copy to clipboard Alonso Díaz de la Vega La muerte del director Laurent Cantet produjo un vacío en el cine francés contemporáneo: con él se fue la mirada de un importante cronista de la juventud que dejó una huella, sobre todo, con La clase (Entre les murs, 2008). En aquella película, Cantet observó, sin moralizar —ya cerca de un estilo documental— las dinámicas en una escuela pública: los profesores están rebasados, pero también los alumnos; el sistema no funciona, pero lo sostienen y lo menoscaban, por igual, los individuos.La pérdida de Cantet significa también una ausencia para el director y guionista Robin Campillo, que colaboró con su amigo en numerosos proyectos como coescritor; entre ellos, La clase. Por su cuenta, Campillo ha tenido una carrera exitosa, que incluye 120 latidos por minuto (120 battements par minute, 2017), una historia sobre el activismo contra el sida en la París de los años noventa que compitió por la Palma de Oro en Cannes y obtuvo el Gran Premio del Jurado.Cuando su amigo Laurent Cantet murió justo antes de la producción de su último proyecto, Enzo (2025), Campillo decidió terminarlo y por ello se lee en los créditos: “Una película de Laurent Cantet dirigida por Robin Campillo”. No había manera de dirigir como Cantet, así que Campillo, desde su propio instinto y poética, narra lo que habría sido una película de su amigo. Enzo es, entonces, un examen de la juventud contemporánea a partir del protagonista homónimo, interpretado por el debutante Eloy Pohu, quien parece sentirse a disgusto como un adolescente de clase acomodada y decide trabajar en una constructora, pero choca también con el mundo obrero. La amistad de un colega llamado Vlad (el también debutante Maksym Slivinskyi), un inmigrante ucraniano llamado al frente de guerra contra Rusia, le abrirá nuevas inquietudes a Enzo, que crearán tensiones y descubrimientos en su vida aparentemente simple. A continuación puede leerse la entrevista completa, editada para su mejor comprensión. Robin Campillo FICM: Quería empezar hablando de la secuencia inicial de créditos. Dice mucho sobre la película y su producción. Se nos dice que esta es una película de Laurent Cantet dirigida por Robin Campillo. Cuéntame un poco sobre el hecho de que esta es la última película de Campillo y de cómo te involucras para dirigirla.Robin Campillo: Sí, de hecho, realmente es un proyecto de Laurent Cantet que terminé realizando. Y de hecho, Laurent, hace dos años, había trabajado en un guion con otro guionista, Gilles Marchand, que también es un amigo mío. Y había escrito unas páginas. Y finalmente, estaba un poco decepcionado y no estaba ya seguro de tener el deseo de hacer esta película. Y por eso me pidió que leyera las páginas. Y lo hice; yo estaba muy entusiasmado. Realmente encontré que tenía una materia extraordinaria. Y fue en el mismo momento en que Laurent se enteró de que tenía cáncer. Y por lo tanto, le propuse hacer lo que hacía antes, es decir, estar allí para el guion y el montaje. Ya además estar ahí para la preparación de la película y para el rodaje, sobre todo si estaba él cansado por los tratamientos, etc. Así, podría hacer los ensayos con los actores, las actrices y las técnicas. Y entonces Laurent trabajó mucho, comenzó la preparación; de hecho, empezó el casting, encontró a cuatro de los actores principales, pero desafortunadamente... una semana después cayó muy enfermo. Fue al hospital y murió por la noche.Aún pude discutir algunas ideas con él en la habitación del hospital. Al principio él no estaba seguro y me pidió parar para que hiciera mi propia película. Le dije que yo había querido hacer la película, que no se preocupara, y su esposa le dijo que ella quería ver la película. Y por lo tanto, dos días después comencé las reuniones con los técnicos, los actores, las actrices. Y así es como todo empezó. Pero, obviamente, no es mi proyecto. Cuando estaba en el hospital, le dije que haría la película como pudiera. Porque no sé cómo hacer una película a la Laurent Cantet. No sé más que hacer una película a mi manera. Cuando uno es directora, uno se imagina siempre que es la propia película la que dicta su ley. Y no hacemos más que responder a la ley del cine. Obviamente, es una ilusión: uno es el que toma las decisiones, pero, en fin, puedo decir que fue un rodaje bastante leve. Y bastante alegre. Y pensé que realmente hice bien en hacer el proyecto.FICM: Pensando en el trabajo que has hecho por tu cuenta y en el trabajo que has hecho con Laurent, me parece que hay ciertas coincidencias entre las películas de ambos. Una de ellas es la juventud. Me parece que ambos están muy interesados en ella.RC: Creo que Laurent estaba más interesado en la infancia que yo. Mis personajes principales son a menudo adultos, pero es verdad que tengo puntos de vista de los niños. Sin embargo, tengo la impresión de que Laurent sentía que había fallado un poco en su adolescencia. Tenía la impresión de que no había sido bastante libre cuando era adolescente, que había sido bastante serio. Y había una carencia que le obligaba a hacer películas sobre la adolescencia. También estuvo fascinado por la juventud de hoy, especialmente en Francia, y sobre todo por la libertad de esta juventud: la fluidez sexual, por ejemplo. Es algo que lo tocó mucho y que encontraba muy liberador.FICM: Me parece que también hay un interés en lo colectivo. Si bien la mayor parte de Enzo muestra al protagonista solo, también hay escenas que me recuerdan, por ejemplo, Entre les murs, como cuando está en su trabajo con los otros obreros.RC: Sí, creo que fue realmente algo que a Laurent le interesó, y a mí también, es decir: la relación entre el ser humano y el colectivo, y los problemas que esto plantea. Porque hay la impresión de que uno no necesariamente encuentra su lugar en un colectivo, y eso es realmente algo que compartimos los dos de manera muy fuerte. Y es cierto que hay en Enzo una historia de alguien que no se encuentra del todo en donde está. Él no parece creer que pertenece a su propia clase, la clase de su familia. Y es cierto que cuando empezamos a trabajar nos dijimos que era importante mostrar a un chico que no está en el lugar de su propia familia, porque en realidad la familia es la célula social más aleatoria de la sociedad. Porque, ¿quién elige a sus padres? Y estamos obligados a vivir al menos 18 años con ellos. Por lo tanto, es una locura de contrato. Y entonces, trabajamos sobre todo en esta inversión de un tránsfuga de clases: un niño de familia burguesa que decide escapar de la burguesía y que quiere enfrentarse a la realidad… a la realidad del trabajo físico, y también a la violencia de la guerra. Eso es lo que nos interesaba: un chico que intenta escapar de la burguesía porque sabe que la burguesía es una especie de ilusión. Sobre todo en nuestro tiempo, considerando el estado del mundo, de la guerra que no está lejos de Europa, en Ucrania. Estas son amenazas que no habían pasado en varios años y que se han vuelto muy fuertes.FICM: Me parece que Enzo es un poco como Werther: es un romántico, y esa es un poco su tragedia.RC: Es verdad que cuando pensamos en esta película, pensamos en estos retratos de jóvenes del siglo XIX. En mucho de la literatura francesa. Es cierto que es un personaje muy idealista. Hay un poco de Lord Byron en esa impresión de que debe salvar algo para salvarse él mismo. Es realmente una visión muy romántica y muy anacrónica en nuestra época. Tengo la impresión de que, especialmente en Francia —no puedes hablar de todos los países— les pedimos a los jóvenes y las jóvenes saber exactamente lo que quieren hacer. Hay un sistema llamado Parcoursup donde los jóvenes desde que están en la preparatoria deben decidir todo lo que quieren hacer con su vida. ¡Es un laberinto en línea recta! Y junto a eso hay el caos del mundo. Está Ucrania, está Gaza. El derecho internacional es completamente violado. Nuestras sociedades se hacen creer a sí mismas que viven en cierta realidad, pero, de hecho, no es cierto, todo está colapsando. La moral de Occidente está en bancarrota. Y este niño no tiene la conciencia política para resistir y de ahí su voluntad de escapar del mundo burgués.FICM: Volviendo a algo que mencionaste antes, sobre el realismo de la película, Maksym Slivinskyi es muy similar a su personaje. También era un trabajador. Así que cuéntame un poco sobre este casting.RC: Bueno, no creo que la película sea realista. Creo que es una película, al contrario, muy dibujada, muy simple, muy sobria en su factura. Con Laurent, queríamos hacer una película que estuviera llena de luz, que fuera como un templo griego. Por lo tanto, los personajes pueden ser un poco naturalistas, pero, de hecho, la película para mí no lo es, realmente. Es cierto que al escoger a los actores tan bien, como pasa con Maksym, que interpreta a Vlad, no es solo que sea realista, sino también que sean como figuras de ficción. Como los personajes de una novela. Y es cierto que nos apasionamos cuando encontramos a Maksym. Fue muy gracioso, porque llegó a la oficina, él habla muy mal francés, pero no tenía nada que hacer; habló y habló, porque tenía tantas ganas de hacer la película. Y tenía tantas ganas de representar quién era que fue conmovedor.Las primeras veces que trabajamos juntos hacíamos improvisaciones. Maksym le enseñó a Eloy Pohu, que interpreta a Enzo, a pintar un muro y ese tipo de cosas. Y en el intento de trabajar en todas estas cosas que son realistas, intentamos depurar, simplificarlas al máximo. Así que este trabajo es un trabajo a la vez de realismo. Hay un trabajo como si uno quisiera obtener un dibujo perfecto, y estos dos actores nos permitieron conseguirlo porque hacían algo muy realista y al mismo tiempo hay en una especie de romanticismo muy fuerte. Maksym Slivinskyi es un actor muy poderoso. Es un hombre que solo tiene 24 años. Pero sentimos que ha llevado una vida muy complicada. Encontrar su lugar en la sociedad francesa no ha sido fácil. Y no tuve que inventar nada cuando estaba filmando la película porque estaba ahí en él.FICM: Pensaba que la película tiene una perspectiva muy clara respecto a lo que cuenta, pero, al mismo tiempo, no es didáctica; no te dice qué pensar. ¿Podríamos llamar esto la ética de realización tuya y de Laurent Cantet?RC: ¡Sí, sí, sí! Laurent siempre tenía en mente esta frase de Rossellini que decía: "¿Por qué manipular las cosas ya que existen?”. Y es cierto que en las películas, siempre hemos tenido miedo de poner en los diálogos frases que podríamos encontrar en una nota de producción. Nosotros nunca consideramos que el espectador es un niño al que había que tomar de la mano y al que había que explicar todo. Y en esta película, incluso más que en todas las demás —o incluso en mis películas— decidimos hacer una película de una simplicidad muy grande, muy clara. Pero, por otro lado, en medio de esta claridad, queríamos que hubiera mucha ambigüedad, muchas cosas que no podemos decidir. Por ejemplo, nos interesaba la paradoja del padre. Porque el padre quiere ser benévolo, pero en realidad es totalmente intrusivo y siempre tiene el control. Y así su benevolencia se vuelve al control. Podemos decirnos a nosotros mismos cuando lo vemos que es simpático. Hace tareas domésticas consideradas femeninas: recoge la ropa sucia, él hace la comida, etcétera. Pero en realidad esto le ayuda a entrar en la habitación de su hijo para así vigilarlo, cuando viene a recoger la ropa sucia. Así que, de hecho, son todas estas ambigüedades las que nos interesaban. Pero incluso si intenta manipular a su hijo, creo que tiene razón al pensar que su hijo tiene miedo, por ejemplo. Pero lo que no entiende es que la respuesta de su hijo al miedo es lanzarse a enfrentar la realidad, a enfrentar la violencia, en vez de quedarse en su rincón y en la ilusión de la comodidad burguesa. Es una película sencilla, pero no es una película pobre. Es una película muy clara respecto a sus ambigüedades y paradojas.FICM: Creo que eso lo dice todo. Y, bueno, mi última pregunta: después de tantos años haciendo tanto trabajo con Laurent Cantet, ¿qué es lo siguiente para tiRC: Lo extraño es que realmente, yo... soy un poco como un niño en cuanto a la muerte. Cuando era joven, tenía mucho miedo de la muerte debido a la epidemia de sida. Y viví muchas muertes de amigos cuando éramos jóvenes. Y en el fondo, creo que tengo un problema con la empatía. No es que no sea empático, pero me cuesta llorar... sobrevivo bien. No sé si está bien o mal, pero es la realidad. Y tengo la impresión, como un niño, de que Laurent solo está fuera de campo. Y que de todos modos me está esperando o algo así. Y lo que me ayuda es, a la vez, mi hija. Y también el hecho de tener otros proyectos. Y curiosamente, con esta película —lo que encontré muy bonito— es que normalmente estoy muy ansioso por la idea de hacer una película. Y ahí, me vi obligado a lanzarme de inmediato en el rodaje. Y lo encuentro menos angustioso que mis películas anteriores. Y me dije a mí mismo: “Hay que hacer las películas también con cierta inconsciencia. Y hay que empezar, no hay que temer a la película. Hay que empezar y trabajar. No dejes de repensar la película, porque al menos, la repensamos en el rodaje, la repensamos en el montaje, la repensamos todo el tiempo. Pero si somos honestos en este trabajo... no hay razón para tener miedo”. Y es como si Laurent me hubiera hecho una donación. Me dio el regalo del tiempo, es decir, como si de repente me usara a mí mismo. Ya no tengo miedo de escribir rápido. Y empezar la preparación y la película. Y entonces tengo la impresión de que me ha traído algo muy positivo. Y me aferro a este sentimiento de positividad.