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David Zonana. HEROICO: la institución de la violencia

Antes de la década de los noventa prevalecían una serie de conceptos inquebrantables en el departamento de “supervisión” fílmica en donde al menos, tres tópicos eran intocables: el ejército, la bandera nacional y la Virgen de Guadalupe. En Rojo amanecer (1989, dir. Jorge Fons) los soldados que aparecen son personas honorables y los villanos sádicos pertenecen al grupo paramilitar de “Los Halcones”. Años más tarde, Batalla en el cielo (2005) de Carlos Reygadas, fue más allá, al mostrar ceremonias de izamiento de la bandera nacional por parte del ejército, escenas de fanatismo religioso filmadas en la Basílica de Guadalupe y a su vez, imágenes de sexo explícito. Un año después, El violín (2006) de Francisco Vargas, vista en el FICM, abría con una de las secuencias más brutales de nuestro cine: imágenes que provocaban pánico e indignación al presentar la represión militar con toda su crudeza (violación sexual incluida). 

Esta semana se estrenó Heroico (2023) segundo largo de ficción de David Zonana, lanzada casi en paralelo a un filme que resulta su antítesis: Héroes (2023) de Ricardo Arnaiz. Ambas ficciones tienen como escenario el Heroico Colegio Militar, sus cadetes son los protagonistas y sus temas se centran en sus respectivos actos por el bien de la patria. 

Heroico (2023, dir. David Zonana)
Heroico (2023, dir. David Zonana)

Zonana cuestiona y denuncia el abuso de poder por parte de la milicia y Arnaiz enaltece la figura de los Niños Héroes: la estampa del honor y el sacrificio perpetrada por la Historia oficial, actualizando el patriotismo de acartonados y añejos relatos como: El cementerio de las águilas (1938, dir. Luís Lezama) o Mexicanos al grito de guerra (1943, dir. Álvaro Gálvez y Fuentes, Ismael Rodríguez). Y para más, ambas se exhiben en un contexto político de apoyo total e inalterable hacia las fuerzas armadas y la Guardia Nacional.

En su ópera prima Mano de obra (2019), estrenada en el FICM 17, Zonana elaboraba una despiadada alegoría sobre “el pueblo bueno y sabio”; una de las consignas del sexenio actual, al debatir sobre las consecuencias del odio social, las diferencias económicas abismales en nuestro país, la corrupción y la ignorancia. Todos ellos, tópicos que se extienden a su vez en Heroico, en la que insiste en cuestionar otra de las principales cartas gubernamentales: la fe en el ejército. Mano de obra contaba con una precisa construcción dramática y social inserta en el ámbito de la construcción en México como una suerte de alegoría del país en su conjunto: un albañil (Luis Alberti, ganador en el FICM) se apodera de una residencia al asesinar a su dueño y crea ahí una comuna con sus compañeros de trabajo y sus familias, situación que pronto se enrarece.

En cambio, en Heroico, el Colegio Militar recreado en el impresionante Centro Ceremonial Otomí en Tomoaya, Estado de México, es el microcosmos de una nación que ha instituido la violencia como credo y formación, utilizando el miedo, la represión, la degradación y un mal entendido concepto de lo masculino. Un cóctel de testosterona que se vale literalmente de los resortes del cine de horror social para criticar la brutalidad creando situaciones prácticamente insoportables.    

Heroico (2023, dir. David Zonana)
Heroico (2023, dir. David Zonana)

Aquí, el discurso de Zonana tiende a lo ambiguo y repetitivo incluso a lo cuestionable, al utilizar la violencia gráfica para rebatirla. A ello, se suma un montaje atropellado, al tiempo que apuesta en paralelo tanto por una narrativa realista e inclemente, como por escenas oníricas que parecen transcurrir entre el sueño y la vigilia; de ahí que la fotografía a cargo de Carolina Acosta opte por lo oscuro y lo nebuloso, a excepción de una que otra escena como la impactante y ambivalente secuencia final ¿Se trata de una violenta catarsis de exoneración real o un acto que tan sólo ocurre en la mente del protagonista?

No obstante, también Heroico resulta un filme arrojado e incómodo no sólo para el espectador, sino para la industria fílmica mexicana y sus conceptos de corrección política y discursos oficialistas. Como lo demostró en Mano de obra o en su cortometraje Princesa (2015) –las tres producidas por Michel Franco-, Zonana es capaz de crear atmósferas y situaciones escalofriantes (los “trabajitos” que realizan los militares o su absoluta falta de sensibilidad al disfrutar videos de estupros y/o asesinatos reales -videos snuff-), incluso por encima de instantes de una brutalidad irrespirable (el sacrificio del perro o la violación final). Y a su vez, sabe tomar una distancia casi documental en una historia de abuso de autoridad contra la dignidad humana y sus consecuencias patológicas; las mismas que sufren los aspirantes a cadetes de nuevo ingreso en una institución que se ufana de la “abnegación y el honor” y en defender los derechos e integridad de los mexicanos.

En ese sentido, Heroico remite sin duda a la magistral primera novela del peruano Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros (1963) incluyendo sus títulos previos antes de ser editada: La morada del héroe y/o Los impostores. Luis Núñez (Santiago Sandoval, sin experiencia actoral y desertor de una escuela militar) y otros compañeros suyos, la mayoría de pueblos originarios, no sólo cargan con experiencias traumáticas de familia (una madre enferma que lo obliga a no desertar, un padre militar que abandonó al hijo y enseñó a usar armas, un joven forzado a seguir por el nacimiento de su hijo y más), sino que además, enfrentan una severa disciplina militar en una institución de alienación absoluta que se empeña en disciplinarlos y en “fortalecer y endurecer” su espíritu y que termina por borrarles todo rasgo de humanidad al humillarlos y agredirlos física y sicológicamente. Todo ello, en un ambiente de violencia, agresividad, “hombría” y machismo, cuya frontera con una homosexualidad oculta es casi inexistente, tal y como sucede con el superior de Núñez, el Sargento Sierra (un extraordinario Fernando Cuautle): ejemplo perfecto de lo peor de ese sistema castrense que convierte a individuos en bárbaros insensibles.