12 · 02 · 26 EL INOCENTE, a 70 años de su estreno, se presenta en el Centro Cultural Universitario Compartir en twitter Compartir en facebook Compartir con correo Copiar al portapapeles Rafael Aviña En la película Necesito dinero (1951, dir. Miguel Zacarías), en un intento por merecer los favores de la guapa española Sarita Montiel, Pedro Infante hacía el papel de un mecánico capitalino que desistía de una vida fácil en pos de una existencia honesta con miras a mejores aires, algo de ello queda en El inocente (1955), de Rogelio A. González, estrenada hace 70 años en el Cine México en septiembre de 1956 donde se mantuvo con éxito a lo largo de siete semanas y que el día de hoy jueves 12 exhibe la Sala Julio Bracho en el Centro Cultural Universitario a las 17.30 horas, con entrada libre y cupo limitado.En ella, Infante interpretó a un mecánico automotriz de la legendaria Agencia AMA (Asociación Mexicana Automovilística) que ascendía en la escala amorosa compartiendo la cama, luego de una borrachera, con la guapa y adinerada Mané, que encarnaba de manera deliciosa Silvia Pinal. Producida por Antonio Matouk y Oscar Dancigers, el argumento y el guion de esta divertida comedia escrita por el matrimonio integrado por Luis y Janet Alcoriza mostraba los prejuicios morales de las clases acomodadas y, una vez más, las relaciones sociales entre clases antagónicas en apariencia.Horas antes del último día del año, la caprichosa y rica Mané discute con su delicado novio (Armando Sáenz) —su madre Fanny Schiller, que lo trata aún como niño, lo destetó a los tres años—. Furiosa, sale en su auto hacia Cuernavaca y éste se desbiela en la carretera y por ello recibe el auxilio del mecánico de acento ñero Cutberto Gaudázar, al que llaman Cruci (Infante). Como la compostura tardará, Cruci se ofrece a trasladarla en su motoneta a su residencia en el Pedregal de San Ángel. Pasan juntos la noche; bailan, él le canta el bello tema de Alfredo Gil, “Mi último fracaso”, se emborrachan y amanecen en la misma cama donde son sorprendidos por los padres de ella (Sara García y Óscar Ortiz de Pinedo) y por ello deciden casarlos para “lavar el honor de la niña… ¡Cómo es posible que te hayas olvidado del respeto que le debes a mi nombre… Ay papacito no me acuerdo de nada… La culpa es de él, te lo juro… ¡Mátalo como un perro!”, clama Sara García y le ofrece una pistola al marido. El inocente (1955, dir. Rogelio A. González) “Ser inmundo. ¿Cómo te atreviste a manchar esa flor que yo veneraba?” le dice el novio; “Señor, yo no manché nada”, responde un desconcertado Infante en un adelanto de algunos de los personajes que el futuro compondrá Héctor Suárez, por ejemplo. Por ello, lo obligan a casarse y en la boda lo presentan como ingeniero checoslovaco-mexicano e inventor educado en Europa… “inventé el hilo negro”, dice. En realidad se trata de una boda civil para justificar las apariencias, un divorcio rápido y nula convivencia de pareja.Todos se van a Acapulco. Mané desprecia a Cruci, quien se ha enamorado de ella y él logra quedarse con esta a solas para platicar de lo que supuestamente ocurrió —en realidad no sucedió nada—. Finalmente, harto, decide irse y ella lo busca y le ofrece dinero para el divorcio, él le pone como única condición que pase un día entero con él… “Te odio tanto y con tal de no volver a oír ni tu nombre, vengo dispuesta a todo”. Cruci le hace creer que dormirán juntos, en realidad la deja ir y le pide que mande a los abogados para el divorcio. El final romántico y feliz resulta muy divertido como la actuación de Pinal y un Infante cuya personalidad arrolladora no tenía límite alguno. “¿Estás dispuesta a hacerme mi cafecito. Y a lavar toda mi ropa… ¿Y…?”.Pedro De Aguillón, compañero mecánico de Infante, se llevó el Ariel a Mejor Papel de Cuadro y El inocente contó con una segunda versión a gogó en 1968 titulada Romeo contra Julieta, dirigida por Julián Soler y filmada en Tequesquitengo, Morelos, Querétaro y Ciudad de México, reescrita por Janet y Luis Alcoriza con la colaboración de Pancho Córdova. En ella, Angélica María es la niña rica y caprichosa cuyo automóvil se descompone la noche de año nuevo y Alberto Vázquez el mecánico automotriz que le proporciona ayuda y con quien se emborracha y amanecen juntos en la misma cama. Lo mejor: la presencia de la atractiva Lina Marín como la sensual empleada doméstica.