22 · 10 · 26 TRALOVENTO llega al FICM con una reflexión sobre el territorio, las energías renovables y el duelo Compartir en twitter Compartir en facebook Compartir con correo Copiar al portapapeles Brisa Naomi R. L. Como parte de las actividades de 24° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), se llevó a cabo la presentación de Tralovento, largometraje del cineasta Eloy Domínguez Serén, una obra que aborda de manera profunda la tensión entre la idea de desarrollo económico, el impacto ambiental de las energías renovables. Durante el encuentro, Domínguez Serén explicó que la película se construye a partir de dos ejes principales: uno emocional y otro político. En el primero, la historia aborda el duelo y la dificultad de reconciliarse con la ausencia de un ser querido, planteando una pregunta sobre cómo hacer las paces con alguien que ya no está. El segundo se sitúa en el interior de Galicia, región atravesada por las controversias en torno a la expansión de los parques eólicos.Para construir este retrato, el realizador involucró a habitantes de la región, entre ellos vecinos de su propia comunidad, cuyas experiencias y perspectivas contribuyeron a representar las distintas posturas que dividen a las poblaciones ante estos proyectos. Durante la conversación con los asistentes, el director aclaró que la película no plantea una oposición a las energías renovables, sino que invita a cuestionar la manera en que se implementan. “No es una cuestión de estar en contra de las energías renovables. Las renovables son el futuro, sin duda. Pero debe haber ordenación, participación de las comunidades y una valoración seria del impacto ambiental”, señaló.Otro de los aspectos que resaltan de la producción es el uso del gallego, lengua materna del cineasta. Domínguez Serén destacó la importancia del idioma como elemento fundamental de la identidad colectiva y como una forma de preservar la relación entre las personas y su territorio. Filmar en su lengua permitió acercarse a las experiencias de la comunidad desde una perspectiva que reconoce sus formas propias de expresión y su vínculo con el lugar que habitan.