06 · 7 · 21

Su última aventura

Por: Rafael Aviña

En los años cuarenta, la radio transmitía Apague la luz y escuche, un programa de casos de suspenso criminal. En él, Arturo de Córdova, una de las voces privilegiadas de las ondas hertzianas, narraba asuntos policiacos cada domingo a  las 19:30 horas por la XEW y sus repetidoras. Asimismo, de Córdova hacía la versión radiofónica de Las aventuras de Carlos Lacroix, creación de Carlos del Prado, donde se relataban las peripecias del audaz investigador Carlos Lacroix y su bella acompañante Margot, en la voz de Marga López. Al final de esa década, Tomás Perrín sustituiría a de Córdova como Lacroix y, en breve, el personaje llegaría a la pantalla grande. El cine mexicano de entonces era un reflejo de la confianza que la sociedad tenía en la figura del policía.

Es en ese contexto surge una comedia atípica: Su última aventura, dirigida por Gilberto Martínez Solares. Las imágenes iniciales corresponden a la bulliciosa Ciudad de México prealemanista de 1946: Avenida Juárez, Reforma, Madero, El Guardiola. No existe en esta breve presentación del Centro Histórico, un tono ominoso, sino la representación de una metrópoli ensimismada en su devenir. Ahí, donde un pequeño detalle puede trastocarse en un relato sorprendente y dar pie a una historia de amor impensable entre una jovencita ingenua y humilde y un estafador de altos vuelos, líder de una banda de vividores que se oculta con sus cómplices en una mansión en las Lomas de Chapultepec por una razón poderosa.

Su última aventura (1946) de Gilberto Martínez Solares - tt0038993 | Cine, Peliculas, Aventura

El jefe de la banda es poseedor del billete premiado de la lotería: el “gordo”, cargado de cinco millones de pesos. Como está fichado por la policía, al igual que sus compañeros, nadie puede salir a cobrarlo, por lo que decide poner un anuncio en el periódico solicitando una persona honrada y decente. No obstante, llega tal multitud a las rejas de la casona y, ahí mismo, entre esa muchedumbre de personas honradas, se pierden relojes y otros objetos, por lo que decide cambiar de estrategia.

Inspirada en una historia de los argentinos Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, Su última aventura dio oportunidad a Martínez Solares para demostrar su talento para la comedia, la dirección de actores y la creación de situaciones de humor y suspenso, apoyado en un equipo de primera línea: fotografía de Gabriel Figueroa, escenografía de Gunther Gerszo, música de Luis Hernández Bretón y un reparto espectacular.

Los periódicos en la ficción arremeten: “Quien tiene el 26213”, “Ha pasado una semana sin que aparezca el dueño del billete”. La radio en voz de Ramiro Gamboa, responde: “Todo el país intrigado…será un multimillonario que no necesita cinco millones de pesos…”. Y en paralelo la prensa comenta: “Raúl Llanos y su banda de estafadores no han sido aprehendidos aún…El detective Marenco ha sido encargado de la pesquisa…”. Actor dotado tanto para el drama, como para la comedia fina y mundana, Arturo de Córdova fue el encargado de crear ese delicioso personaje de ladrón nihilista y romántico que decide seguir el último sendero imaginable: la ruta del bien luego de descubrir la otra cara de la estafa: la bondad absoluta y las ganas de salir adelante a través del trabajo honrado en la persona de Graciela Hernández (Esther Fernández).

El segundo plan de Llanos es arrojar en las calles las carteras de sus cómplices y la suya propia con 500 pesos para encontrar al menos a una persona honesta que la devuelva y que resulta ser Graciela, joven sin trabajo a la que él emplea con el fin de montar una comedia, ganar su confianza y pedirle que cobre el billete premiado. Todos los compinches representan en esa farsa un personaje. Sebastián, el espléndido Arturo Soto Rangel hace el papel de su padre, necio y apostador; Consuelo Guerrero de Luna es Clara, la alcohólica que será la madre; Adolfo (Rafael Banquells) y Flora (Carolina Barret), amante de Raúl, serán los hermanos menores; y Chichilo (Daniel El Chino Herrera), el mayordomo; aunque otro secuaz, El Nene (Gilberto González), los venderá en breve y se verán en la necesidad de huir y Graciela “la chica de los cinco millones” acabará detenida en calidad de cómplice.

Su última aventura, en su tono de farsa negra, habla sobre la búsqueda de la felicidad en medio del caos urbano con una vuelta de tuerca final espléndida, en el que arrepentido por su pasado y preocupado por el destino de la joven de la que se ha enamorado y es correspondido, el protagonista decide regresar de La Habana a donde ha huido con sus cómplices, para entregarse y liberar a la muchacha inocente que no tiene a nadie en el mundo: “El gángster romántico que devolverá una fortuna para recobrar el amor de la chica de los cinco millones, cumplirá una corta condena”. Y para más, en esa póstuma y brillante secuencia, de Córdova y Fernández caminan por Avenida Juárez y se meten al Cine Alameda para ver Su última aventura con Arturo de Córdova y Esther Fernández, ante la mirada de varios peatones, entre ellos el propio Gilberto Martínez Solares, en un final insólito.

Su última aventura es un ejemplo único de comedia noir, con momentos de suspenso, como el cobro del premio: Graciela es escoltada por el propio policía Marenco (Alejandro Cobo), o la despedida amorosa en la que Barret —con la voz de Avelina Landín— entona la canción “Adiós mi amor”, de Enrique Santos Discépolo, en un cabaret de Cuba. Y brillantes escenas cómicas: el “Chino” Herrera, llamando por teléfono a Soto Rangel, y en particular la secuencia en el Parque Asturias donde se enfrenta el Atlante y el Asturias y de Córdova tiene que aguantar al impertinente atlantista Manuel Dondé para no llamar la atención de la policía, aunque al final consigue desahogarse, en un relato policiaco en fina clave humorística.