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Roberto Cobo, el hombre que impactó a Luis Buñuel

Por: Gabriela Martínez @Gabmartivel

Con más de cien créditos como actor a lo largo de su trayectoria, Roberto Cobo “Calambres”, formó parte de algunas de las películas más emblemáticas del cine mexicano.

Roberto Cobo nació en General Zuazua, Nuevo León, bajo el nombre de Roberto García Romero el 20 de febrero de 1930. Desde pequeño fue muy cercano a los escenarios, pues sus padres formaban parte de una compañía itinerante de teatro. A muy temprana edad perdió a su padre y tiempo después su madre contrajo nupcias con Alejandro Cobo, de quien adoptó el apellido para su nombre artístico. Desde los ocho años incursionó en el mundo de la actuación en una de los teatros itinerantes, mejor conocidos como “carpas”, que eran muy populares en la Ciudad de México. Su debut en una carpa fue con la obra Los chicos crecen.

Roberto Cobo

Roberto Cobo

Cobo sólo estudió hasta sexto de primaria debido a los problemas económicos que enfrentaba su familia, sin embargo, esto se convirtió en una oportunidad para unirse a las compañías de José Cibrián y del Teatro Iris. En 1943 se incorporó a la compañía infantil de zarzuela y opereta en el teatro Hidalgo e ingresó a la Compañía de Teatro Infantil de Bellas Artes.

Su primera participación en cine ocurrió en 1945, a los 15 años de edad, cuando formó parte del elenco de Los siete niños de Écija (dir. Miguel Morayta), la cual obtuvo el Premio Ariel a Mejor Banda Sonora en 1947. Al año siguiente, en 1946, participó en El secreto de Juan Palomo (dir. Miguel Morayta) y posteriormente en La niña de mis ojos (dir. Raphael J. Sevilla), la cual es considerada su primera película.

Fue durante 1950 cuando Cobo adoptó el sobrenombre de “Calambres” pues en el Teatro Lírico destacaba por sus movimientos exagerados al bailar y, además, fue el año en el que su nombre cobró mayor relevancia en el cine nacional gracias a su inolvidable interpretación de “El Jaibo” en Los olvidados, de Luis Buñuel.

Los olvidados de Luis Buñuel

Los olvidados (1950, dir. Luis Buñuel)

“Entonces tenía 19 años y estaba por hacer un papel chiquito en El rey del barrio, con Tin Tán. Conocí a Buñuel en sus oficinas del edificio Chapultepec, que ahorita ya no existe. Cuando me vio se quedó bizco; lo impacté. Lo cautivó mi porte; yo creo que le gustó mi físico por delgado, anguloso o narizón. Era ancho de espaldas, porque musculoso me puse después. Buñuel no hablaba; sólo me dijo: “váyame a ver a los Estudios América”. “No me van a dejar entrar”, le respondí. “Di que vas a ver a Luis Buñuel“. Fui y nos hicieron una prueba a cinco muchachos y me dio el papel. Don Luis creía mucho en mí, nunca tuvimos problemas, sabía lo que quería y cuando un director sabe lo que quiere, sabe dirigir. Si no me decía nada era porque estaba bien. Durante la filmación de Los olvidados, que se estrenó en el antiguo Cine México, entre Cuauhtémoc y Álvaro Obregón, me hizo repetir 35 veces una escena. Ya nervioso le pregunté: ‘¿Por qué tantas veces? ¿Qué, lo estoy haciendo mal?’ “No, es que quiero 35 reacciones para escoger la que más me guste”, dijo Cobo al diario La Jornada en 1999.

Filmada en el barrio de Nonoalco, lugar donde actualmente está la unidad habitacional Tlatelolco, la cinta muestra la influencia y el poder de “El Jaibo”, líder de una banda callejera, quien arrastra a los personajes hacia la inmoralidad, la delincuencia y la muerte. Es considerada la obra cumbre del director y en 2004 fue declarada por la UNESCO parte de la Memoria del Mundo.

La película fue estrenada el 9 de diciembre de 1950 y retirada de cartelera tres días después, luego de recibir fuertes comentarios por parte del gobierno, la prensa y la clase alta del país. A pesar de esta situación, Los olvidados fue revalorada y en 1951 ganó diez premios Ariel, incluyendo el de Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor Juvenil para Roberto Cobo. Posteriormente, en 1953, fue nominada a un BAFTA a Mejor Película.

Años después, en 1952, Cobo volvió a colaborar con Luis Buñuel y compartió créditos con Lilia Prado en la película Subida al cielo, la cual sigue la historia de Oliverio, quien debe interrumpir su viaje de bodas porque su madre, doña Ester, está moribunda. La madre le pide a Oliverio que vaya a Petatlán a buscar al licenciado Figueroa, para que redacte su testamento. Oliverio emprende el viaje en un destartalado autobús, conducido por el chófer Silvestre. En el trayecto, el joven tendrá que sortear toda suerte de imprevistos y el asedio de Raquel, una sensual y coqueta mujer empeñada en hacer el amor con Oliverio. La película fue nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes y recibió cinco nominaciones a los premios Ariel en 1952.

Su carrera en cine continuó desarrollándose a lo largo de la década de los sesenta y setenta hasta que llegó su oportunidad de interpretar a “La Manuela”, un hombre gay que practica el travestismo y la prostitución en El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein. Esta película es conocida por tener el primer beso entre hombres en la historia del cine nacional.

El lugar sin límites (1978, dir. Arturo Ripstein)

El lugar sin límites (1978, dir. Arturo Ripstein)

El lugar sin límites se desarrolla en el prostíbulo de un pequeño pueblo donde sobreviven “La Manuela”, un trasvesti, y “La Japonesita”, una joven prostituta hija de un desliz de la Manuela. Don Alejo, el anciano cacique del lugar, quiere comprar el prostíbulo para venderlo a un consorcio junto con el resto del pueblo. El regreso de Pancho, un joven camionero ahijado de don Alejo, desata las tensiones entre los personajes.

La película fue ganadora con el Ariel de Oro y posteriormente fue restaurada por el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) y la Cineteca Nacional. Con esta cinta Roberto Cobo obtuvo el Ariel de Plata al Mejor actor en 1977 y le dio a Arturo Ripstein el Premio especial del jurado del Festival de San Sebastián en 1978.

A partir de ese momento Roberto Cobo fue considerado uno de los mejores actores del cine nacional, entre otras cosas porque fue el primero en hacer un personaje homosexual. Además fue de los primeros actores en asumir abiertamente su orientación sexual.

El lugar sin límites, que llegó en el 77, porque el personaje de La Manuela era muy difícil de interpretar. Me gustó porque me atreví a hacerlo cuando nadie quería atreverse: ‘Ay!’, decían, ‘¿Cómo voy a hacerla de homosexual?’. En el cine no había habido nada de eso, pero si uno es actor debe hacer todo lo que la manden, no?, entonces trabajaba en el cabaret Casino Royal”.

“Me atrajo mucho bailar español y sobre todo el personaje, que es de una ternura maravillosa, pues está enamorado de Pancho (Gonzalo Vega) y Pancho está enamorado de “La Manuela”. La gente iba con el morbo de ver un beso y de ver a un homosexual, pero en ese pueblo, El Olivo, no había límites, y Pancho va al burdel precisamente a ver a “La Manuela”, no a ver a las güilas. Como teníamos que besarnos le dije a Chalo: ‘Vamos a hacerlo bien, vamos a darnos uno nada más bien dado, para no estar repitiendo, porque más de tres me pones apartamento, ¿eh?’… Y sí, lo hicimos a la primera, pero luego viene otra escena donde el cuñado de Pancho lo encuentra con “La Manuela” boca contra boca y los separa, pero Julián Pastor (el cuñado) se equivocó 19 veces: no entraba a separarlos a tiempo y volvíamos a juntar nuestras bocas una y otra vez; le dije: ‘Ay, Chalo, ya van muchas!… Ahora es un condominio, no apartamento!’. Yo tirándolo a broma porque a mí no me gusta el pan de muerto, no le hago a eso!…”.

Durante los años siguientes la carrera de Cobo se desarrolló entre el cine y la televisión hasta que el 19 de septiembre de 1985 cambió su vida para siempre. A las 7:19 de ese fatídico día, la Ciudad de México fue sacudida por un terremoto de 8.1 grados Richter, siendo el centro de la ciudad el punto con mayor devastación. El movimiento provocó daños severos en cientos de edificios e incluso algunos de ellos se derrumbaron causando la muerte de miles de personas. Uno de esos edificios fue el Edificio Nuevo León en Tlatelolco donde Cobo tenía su departamento en el sexto piso.

El actor fue rescatado de los escombros, sin embargo su vida no volvió a ser la misma. Debido a este incidente se rompió la cadera, lo cual le impidió seguir haciendo una de sus más grandes pasiones: bailar.

Terremoto de 1985, Ciudad de México FOTO AFP

Terremoto de 1985, Ciudad de México | FOTO: AFP

En una entrevista para el periódico La Jornada, retomada por Univisión, el actor contó su experiencia: “Vivía en el edificio Nuevo León de Tlatelolco. Cuando desperté entre los escombros, dije ‘¿Qué pasa aquí?’ y un señor que me estaba sacando me pregunta ‘¿Pues qué andas haciendo aquí, Calambres?’, ‘¡Aquí de vacaciones, güey!’, le contesté. Y es que no sabía qué había pasado. Cuando me sacaron y vi todo aquello pensé que estaba soñando”.

“Me llevaron al hospital Santa Fe. Pero volvió a temblar, la siguiente noche y me llevaron a la Cruz Roja de Polanco. A los 15 días me empezó a doler la pierna y resultó que tenía rota la cadera; por eso ya no puedo hacer ejercicio y ando con bastón a todos lados. Ya no puedo bailar por lo de mi pierna, pero ya tengo decidido operarme para volver a bailar”, declaró.

Después de recuperar su salud, el actor retomó su carrera y siguió actuando tanto en cine como en televisión desde finales de los ochenta hasta principios del nuevo milenio. Su última participación en cine fue en la cinta Carambola (2003), dirigida por Kurt Hollander, donde interpretó al “Chimuelo”. En esta película también participaron Diego Luna y Jesús Ochoa.

Finalmente el 2 de agosto de 2002, Roberto Cobo “Calambres”, murió a las 20:25 horas debido a un paro cardiaco provocado por un derrame en el esófago que lo mantuvo internado desde el 29 de julio de es mismo año. Tras su muerte dejó pendiente su actuación en el monólogo Eros, club privado, escrito para él, que había montado una semana antes de ser internado.