11 · 3 · 20

Más allá de víctimas y victimarios: Entrevista Fernanda Valadez y Astrid Rondero

Por: Gabriela Martínez @GabbMartivel

Sin señas particulares (2020), de Fernanda Valadez, obtivo el Premio del Público a Largometraje Mexicano, el Ojito a Mejor Actriz de Largometraje Mexicano para Mercedes Hernández y el Ojo a Largometraje Mexicano en el 18° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Además participó en la Sección World Cinematic Competition del Festival Sundance 2020, donde obtuvo el Premio del Público, el Premio Especial del Jurado a Mejor Guion y la oportunidad de ser distribuida en Estados Unidos.

El Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) pudo platicar con Fernanda Valadez y Astrid Rondero —coguionista de la cinta—, las mentes detrás de esta película que cuenta la historia de Magdalena, una mujer que hace un viaje para encontrar a su hijo desaparecido en su camino hacia la frontera mexicana con los Estados Unidos. Su odisea la lleva a conocer a Miguel, un hombre recientemente deportado de los Estados Unidos. Viajan juntos mientras Magdalena intenta encontrar a hijo y Miguel espera ver a su madre nuevamente.

Valadez y Rondero nos hablaron sobre sus motivaciones para hacer Sin señas particulares, los retos a los que se enfrentaron y la importancia de seguir hablando de la realidad del país.

Astrid Rondero y Fernanda Valadez

Astrid Rondero y Fernanda Valadez

FICM: ¿De dónde vino la idea de hacer esta película, de hablar de los desaparecidos y la violencia?

Fernanda Valadez: Tenemos con este proyecto bastantes años. Creo que por ahí de 2011 o 2012, todos estábamos muy shockeados y con una sorpresa muy grande de ver que el país en realidad era muy distinto al que pensábamos que teníamos y que en realidad había una gran cantidad de violencia que estaba saliendo a la luz. Esto me dio la urgencia de contar una historia al respecto, de tratar de entender qué es lo que puede llevar a una persona a cometer actos de violencia y a tener un acercamiento emocional con todas las personas jóvenes que han sido susceptibles de ser arrastradas por la vorágine de violencia.

Astrid Rondero: Había casos muy específicos que dejaban muy en claro que esto no sólo implica nada más irte, sino que si te vas de un lugar del que en realidad no querrías salir,  lo haces por necesidad. Queríamos hablar de la adversidad que enfrentan las personas al partir. Eso fue lo que más nos conmovió en casos muy específicos que tenían que ver con secuestro de camiones y gente que iba siendo eliminada en el trayecto.

FV: Las dos masacres de San Fernando (Tamaulipas, 2010) siempre estuvieron en nuestra mente, además de muchas otras notas publicadas sobre desapariciones de migrantes en el estado de Guanajuato, de una manera muy similar: tomaban un camión y no llegaban a la frontera. A veces llegaba el camión, a veces sólo las maletas y otras veces no llegaba nada.

Entonces, de esa idea básica empezamos a ficcionar y algo que siempre tuvimos claro era que lo íbamos a hacer desde el personaje de la madre que busca a su hijo desaparecido, ese siempre fue nuestro puente de acceso a esa realidad, y también por la empatía que sentimos por un familiar, sobretodo por una madre que no para de buscar ante nada hasta saber qué sucedió con su hijo.

FICM: ¿Durante el proceso para hacer la historia, hubo algo que las hiciera dudar sobre el camino a seguir?

AR: Justo cuando estábamos desarrollando el guion también estábamos haciendo un cortometraje de Fernanda que fue como el primer paso que dimos y sí, alguna vez pensamos que no era tan buena idea seguir porque hubo un momento en el que todos dijeron “basta de hablar de la violencia, de la migración” y creo que en ese momento tuvimos una sensación de que a lo mejor teníamos que guardar la historia. Sin embargo, pasó lo de los 43 de Ayotzinapa y de inmediato nos dimos cuenta de que no se trata de una moda, se trata de que cuando uno está haciendo una película, creo que una de las cosas más genuinas es que vengan de la urgencia por querer hacer al menos una concientización, algún tipo de cambio con respecto a lo que sucede.

FV: Fueron dos eventos los que nos hicieron decidir que no queríamos parar: la matanza de Tlatlaya y la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. En esa época habíamos tenido la beca de Jóvenes Creadores pero no era fácil financiar, entonces sí tuvimos algunas dudas.

AR: Cuando uno trabaja con historias, por supuesto que la gente quisiera que estas fueran luminosas, divertidas, que tuvieran muchos ángulos, que no siempre estuvieran nada más relacionados con la violencia, pero esto es lo que le tocó vivir a nuestra generación, es lo que vemos en las noticias, en las historias de la gente cercana.

Por ejemplo, la idea de que el personaje principal fuera la madre viene de que ellas son las mayores contestatarias de los gobiernos, gracias a las asociaciones de madres en busca de sus desaparecidos. Creo que eso es lo que nos hizo darnos cuenta que sí, no era una historia que nos iba a ayudar a divertirnos, sino que se trataba de una historia que nos parecía importante no abandonar. La idea de lo que sucede con el personaje del hijo que es buscado por su madre, me hacía pensar que ese descubrimiento es muy importante en términos de que nos permite entender algo de la tragedia humanitaria que vive México: que no es tan sencillo como pensar que hay víctimas y victimarios.

Sin señas particulares (2020, dir. Fernanda Valadez)

Sin señas particulares (2020, dir. Fernanda Valadez)

FICM: ¿De dónde viene la decisión de no mostrar violencia explícita en la película?

FV: Es una decisión que tomamos desde el guion y tiene que ver con lo que queríamos: crear empatía por todos los personajes. Buscábamos crear personajes que fueran humanos y que uno como espectador sintiera que dependiendo de las circunstancias, te puedes convertir en eso. Uno de los objetivos importantes era no crear una barrera que no te permitiera conectar con los personajes. Entonces, aunque un personaje sea un ejecutor de la violencia, es humano y hay que entenderlo así. Para mi eso era lo fundamental de la película.

AR: Todas las noticias y todo lo que llega siempre son “los resultados de” y pareciera que sólo hay dos elementos: el que está siendo eliminado y el que elimina, entonces nosotros no podíamos estar en ese lugar. Por eso creo que no mostrar la violencia de manera tan frontal nos permite estar del lado de los que observan. Es un fenómeno que es fundamental analizar porque es parte de lo que hace que nosotros como sociedad estemos involucrados en esta crisis.

FICM: ¿Cuánto tiempo les tomó realizar la película?

FV: Fue un proceso largo. Tuve la beca de Jóvenes Creadores en 2013. Como nosotras somos nuestras productoras, nos llevó un tiempo madurar y en ese lapso tuvimos otro proyecto listo Los días más oscuros de nosotras (2017), nuestra primera película y estuvo nominada al Ariel.

Esta película (Sin señas particulares) fue más difícil de financiar y creo que si no hubiéramos tenido otro proyecto previo, no hubiéramos tenido la capacidad de terminarla.

Aplicamos a FOPROCINE en 2016 y en ese momento redujeron el financiamiento a la mitad, eso nos agarró de sorpresa porque escribimos el guion pensando en diez millones y la convocatoria salió para cinco, sin previo aviso, entonces tuvimos que adaptarnos cuando nos lo dieron.

Intentamos conseguir más, en ese momento no fue viable. La verdad es que en el sexenio anterior (2012-2018), el EFICINE era más difícil para las película que tenían algo de crítica social, entonces decidimos filmar con el presupuesto que nos dieron. Esto lo hizo complicado pero liberador porque tuvimos que hacer cosas que en un esquema convencional de producción no hubiéramos hecho y eso finalmente fluyó hasta la forma final de la película. Después ya tuvimos acceso a fondos de posproducción.

FICM: ¿Cómo llegaron a Sundance?

AR: La película tuvo la fortuna de esta en Cine en Construcción en el Festival de San Sebastián, eso fue determinante porque cuando llegamos ahí todavía no teníamos EFICINE, entonces estábamos buscando eso, ya teníamos socios pero todavía nos faltaba presupuesto para la posproducción.

Ahí mismo, en San Sebastián, ganamos un premio a posproducción y además eso permitió que la película fuera vista por programadores, entre ellos una programadora de Sundance, que se enamoró de la película y por eso pudimos llegar allá. Eso es algo importante, luego pasa que si uno no está en el lugar adecuado, tu película puede entrar como una de tantas miles y puede no ser vista.

FICM: ¿Hacia dónde creen que va el cine mexicano?

FV: Yo creo que uno habla de lo que está en sus entrañas y eso no es una elección. De pronto como que la historia te elige, la escribes y la desarrollas y creo que esa es la ventaja de lo que nos está pasando en México, tenemos acceso directo a los fondos, no requerimos de intermediarios para reclamar el financiamiento y eso es lo que permite que el cine mexicano sea tan diverso y tan genuino.

Esta película tiene esta temática de violencia, del amor entre las familias,  pero la siguiente será distinta porque justo no hay alguien que me esté diciendo de qué hablar.

AR: Lo emocionante es que en México hay cine de todo tipo, desde el que te ayuda a pasar una tarde olvidándote de tus problemas, hasta el cine que es el que va a todo el mundo y que es un testamento de nuestros tiempos. Creo que como cineastas tenemos la obligación, el derecho y el privilegio de hablar de estos tiempos. Como generación no podemos traicionar el hecho de que el país está convulso, que vivimos una realidad tremenda.

En resumen, creo que el estado actual del cine mexicano es que hay de todo, hay del cine que cambia, del que te hace reflexionar, del que trasciende en la historia, del que te confronta con quiénes somos y en qué momento estamos. Incluso el cine que habla de otras épocas también están hablando de confrontación con nuestra identidad. Eso es lo que hace que nuestro cine sea muy rico.