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Ganadores del 15° FICM: entrevista a Marcelo Tobar

Por: Gabriela Martínez @GabbMartivel

Cuando se dio cuenta de que una reunión de primaria era la clave para desarrollar su tercer largometraje, Marcelo Tobar no se imaginó que tendría la oportunidad de participar en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y, mucho menos, de ganar el Ojo a Mejor Largometraje.

Hoy, el director de Oso polar, nos habla de su experiencia filmando con un celular y lo que el 15° FICM ha significado para su carrera.

Marcelo Tobar, ganador del Ojo a Largometraje Mexicano por Oso polar.

¿De dónde surgió la idea de Oso polar?

La premisa de la película surgió por una reunión de generación de la primaria a la que fui. Yo tenía una idealización de lo que había pasado en la infancia, pero al ver a mis compañeros de la primaria me di cuenta de que ni ellos ni la primaria eran como yo creía cuando era niño. Cada uno tiene una memoria selectiva, entonces cuando nos juntamos, cada uno se acordó de una cosa. Empecé a entender cómo eran las cosas realmente con el punto de vista de todos.

Fue muy dramático ver cómo las mismas dinámicas que teníamos de niños empezaron a replicarse y gente de casi 40 años se sintió abusada e incómoda. Yo mismo me sentí incómodo con gente que empezó a tratarme con cierta displicencia.

Un día, en un sueño me dije: “Esta tiene que ser tu siguiente película”, y luego pensé que este era un buen proyecto para hacerlo con el celular por la nostalgia, por nuestra relación con la realidad a través de los teléfonos, porque todos ahora somos cineastas en potencia, todos tenemos guardadas pequeñas escenas de nuestras vidas.

Me costaba trabajo contar esa historia en otro género que no fuera tragedia. Creo que la historia de las reuniones generacionales siempre está contada desde la comedia porque es chistoso, pero hay una parte que no es tan chistosa. Decidí que cruzaran la ciudad en la película porque quería contar esta cadena de hostilidad y de violencia que vivimos los mexicanos, y seguramente los latinoamericanos. Mi tesis es que todos somos partícipes de la violencia, no podemos proclamarnos víctimas porque nosotros violentamos también a los otros, y quería explorar este paso entre los tres estratos sociales de la Ciudad de México y verlos interactuar con los personajes. Sólo nosotros podemos parar la violencia que nosotros mismo generamos.

¿Cómo surge la idea de filmar con un celular?

Tengo un proyecto mexicano-francés y quería hacer un teaser para los pitchings, entonces empecé a grabar imágenes cuando fui a Auvierna, Francia. Paraba el coche para tener referencias del cielo, las vacas, casas. El teléfono te daba la facilidad de grabar lo que quisieras. Con ese material edité el teaser. Pensé que lo veríamos en una computadora, pero no: resultó que era en un cine en Yucatán y proyectaron el teaser en una de las pantallas más grandes del complejo. Yo sólo pensé “que Dios nos bendiga, porque se va a ver todo pixelado”, sin embargo ganamos el pitching y la gente se acercó  —estamos hablando de gente asistente a festivales que tienen ojo sofisticado— quienes nos felicitaron por las imágenes. Nadie mencionó que estaban hechas por un teléfono, todo el mundo dijo “qué bonitas imágenes”.

Yo le pregunté a Elsa Reyes, la productora de Oso polar, si había visto las imágenes y ella me dijo: “Sí, se ven crudas, pero nadie preguntó con qué cámaras se hicieron”. Fue cuando me di cuenta de que aquí había algo, porque si podemos emocionar a la gente con imágenes crudas, sacadas del teléfono, si hacemos una película pensada para sacarle lo mejor al teléfono y pedimos luego lana para terminarla profesionalmente, eso va a cambiar las cosas, las posibilidades de producción de cine.

Oso Polar, dir. Marcelo Tobar, 2017.

Oso polar, de Marcelo Tobar.

¿Cuáles fueron las ventajas de usar un teléfono en lugar de una cámara?

Hacer una película con un teléfono te abarata los costos y reduce el tamaño del crew. Por primera vez pude sacar a los personajes de una casa, porque como todas mis películas han sido independientes, sacar a la gente con una cámara grande implicaba pedir permisos y extras. Todo mundo se da cuenta de que estás haciendo una película. En este caso, nadie se daba cuenta de que estábamos haciendo una película. No llevábamos tripié, íbamos filmando por las calles, en el metro, Calzada de Tlalpan. Eso es otra onda.

El teléfono te permite entrar a lugares de la Ciudad a los que no te meterías con una cámara, ya sea por temor a que la roben o porque vas a matar el lugar entrando con una camarota. La gente cambia al verla, saben que los estás filmando. Cuando entras con un teléfono, no saben que estás haciendo una película, entonces hay una relación distinta con la realidad. La Ciudad de México que ves en Oso polar no es la que ves en las películas.

La escena de Verónica Toussaint y Christian Magaloni en medio de los puestos del metro Villa de Cortés es totalmente real. Los puse en situación, tenían ciertos diálogos guionados, pero luego les dije “busquen cómo llegar, no hay lana para pagar el taxi”. Entonces Verónica le preguntó al señor de las quesadillas, a los de los puestos y nadie miró a cámara, porque iba el sonidista escondiendo el micrófono a un lado de ellos, como si fuera un amigo más, y el fotógrafo con el teléfono. Me imagino que la gente decía “qué raros estos con un teléfono, quién sabe qué están haciendo aquí”. Las reacciones de la gente son reales justo por eso. Si esto hubiera sido hecho con una cámara normal, Oso polar sería otra película.

Hay una cámara autoral que tiene un lente anamórfico que es cinemascope. Me decía Bruno Zaca, de Cine Tonalá, “eso es lo que decía Brecht. Si tú le cambias el formato a la gente, inmediatamente entran a otra narrativa”. Pero esto no lo hice por Brecht, sino por sentido común. Era importante hacer la distinción entre la cámara autoral y la cámara que es el contenido de los teléfonos de los personajes.

¿Cómo influyó Tangerine (dir. Sean Baker, 2015), también filmada con teléfonos, en la realización de Oso polar?

Cuando decidimos hacer la película con celulares fue en septiembre de 2014. Tangerine se estrenó en sundance de 2015, cuando ya estaba terminando el guion de Oso polar. Estrenó y le dije a Elsa: “No estamos tan errados, se ganó el premio del público”. A raíz de eso, lo que hice fue estudiar lo que hizo Sean Baker técnicamente para sacarle lo mejor a la cámara del teléfono.

Copié su técnica, los gadgets, pero ambas películas son muy distintas aunque las dos tienen que ver con diversidad sexual.

Tangerine, dir. Sean Baker, 2015.

Tangerine, de Sean Baker.

¿Cuál fue tu experiencia al competir con Oso polar en el 15° FICM?

Distribuimos la película nosotros mismos y habíamos decidido el estreno el 10 de noviembre desde hace muchos meses, pensando que íbamos a intentar entrar Morelia y que si lo lográbamos, debíamos dejar el espacio para el festival y que esto iba a complementar el estreno. Era un sueño güajiro porque cuando haces una película con un teléfono celular, tus expectativas no son muy altas, crees que si queda bien y si emociona, pues ya con eso. Sabíamos que Morelia es el festival más prestigioso y ningún otro festival tiene un jurado como el suyo. Te abre las puertas, te da una visibilidad impresionante y además sabemos que la curaduría la hacen con amor al cine, no nada más para las alfombras rojas o para tener estrellas.

No esperábamos nada, nos escogieron y saltábamos de felicidad. Yo con eso tenía, con estrenar en Morelia ya teníamos un espaldarazo de gente que admiramos. Eso nos daba chance de decirle a los nuevos cineastas, a la gente y al público: es en serio que es una película. Sí, la hicimos con un teléfono pero es una película y se puede hacer cine de esta manera.

¿Qué significó ganar el 15° FICM?

La prensa estaba contenta, las críticas estuvieron bien, el público respondió bien. Luego ganamos el Ojo a Mejor Largometraje y eso ya fue, como dicen los gringos, overkill. En la vida me hubiera imaginado ganar Morelia nunca. Es difícil ganar Morelia. Hay películas buenas que no han ganado porque no era su momento, y aquí se juntaron muchas cosas para que pasara esto.

Luego, que fuera Béla Tarr el presidente del jurado, que además tuvo la delicadeza de ir a darnos un abrazo en la foto de la gala, era su manera de hacer un statement. Él que es una vaca sagrada del cine que solamente ha filmado en celuloide y lo ha defendido a capa y espada, no quiere decir que esté en contra de lo que estamos haciendo nosotros con las nuevas tecnologías y los medios digitales, al contrario de Pedro Almodóvar o Cristopher Nolan que se van a la yugular. Esa fue su manera de decir que nos había dado el premio, no porque estuviera filmada con el celular, él dijo: “I like the film” (me gusta la película).

¿Cuál es tu mejor recuerdo del 15° FICM?

Ganar. No creo mucho en las mejores películas. No siento que la mía sea mejor que la de Gabriel Mariño (Ayer maravilla fui) o Natalia Beristain (Los adioses), son distintas. La verdad, llevo doce años haciendo cine independiente, siempre me he sentido un poquito a un lado de las cosas y he tenido que andar tocando puertas. El hecho de haber estado en Morelia y luego ganar sí fue como pasar de la agonía al éxtasis. Ahora la gente me llama para pedir la película, yo no les tengo que llamar y no sólo eso, honestamente me siento en comunidad con los cineastas independientes de México y de todos lados. Este premio abrió las puertas, no sólo a mí, sino a los cineastas independientes.

Siento que fue un reconocimiento al trabajo de muchas personas, no nada más a la gente de Oso polar. Eso me lo llevo hasta que me muera porque siempre he tratado de que esta comunidad se inspire y siga haciendo cine independiente, porque el cine independiente, por lógica, es cine más experimental, porque la voz del autor es la única veleta.

Ir al FICM es estar rodeado todo el tiempo de personas que aman el cine, nos hace sentir que nuestra vocación tiene sentido. Eso me llena el alma y me da energía para seguir.

De acuerdo con tu experiencia, ¿cuál es la tendencia del cine independiente en México?

Es hacer cine de todo tipo fuera de la ciudad. El simple hecho de contar las historias fuera de la Ciudad de México, cambia totalmente la perspectiva, te sumerges totalmente en otra realidad. Esa es la tendencia del cine independiente y por eso me parece fundamental que filmen en Mérida, Cholula, desde donde ellos ven las cosas, tener que pasar el filtro del cine mexicano y tener que cambiar su manera de ver la vida y el cine para que les den los recursos.

¿Un consejo para los nuevos cineastas?

Afortunadamente, con ganar Morelia, estrenarla en cines y que ahora Cinépolis haya decidido estrenarla, ya no tengo que dar consejos. El consejo está ahí, ya está el hecho, ya no hay pretexto.