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Los rostros del movimiento: Entrevista a J.M. Cravioto, director de Olimpia

Por: Gabriela Martínez @GabbMartivel

En 2006, J.M. Cravioto ganó el Premio a Mejor Cortometraje de Ficción en la Sección de Cortometraje Mexicano del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) por La caja de Yamasaki. Este 2018 volvió al FICM para presentar su más reciente largometraje, Olimpia, el cual formó parte de la Selección Oficial del 16° FICM.

La película sigue la historia de Raquel, Rodolfo y Hernán, miembros de una brigada en la UNAM durante el movimiento estudiantil de México en 1968. Por medio de sus fotografías, filmaciones y escritos, conocemos la historia del día que el ejercito tomó la universidad y cómo sus estudiantes se unieron, gritaron y jamás olvidaron.

Tuvimos la oportunidad de platicar con el director, quien nos contó sobre el proceso de realización de su película, los retos a los que tuvo que enfrentarse y las sorpresas que le dejó este proyecto a nivel personal.

J. M. Cravioto.

J. M. Cravioto en el 16° FICM.

FICM: Además de los 50 años del 68, ¿qué te motivó a hacer una película sobre este evento?

J. M. Cravioto: Como que había siempre escuchado del tema, había visto películas. Desde niño había visto materiales, libros, cosas que me habían hecho reflexionar y, sobre todo, porque se me hacía perturbador saber que era un hecho que había sucedido en la Ciudad de México. Fue hace unos dos, tres años que llegó el momento en el que dije “bueno, me gustaría plantear un escenario conociendo a las personas que participaron”. Así empecé a investigar sobre testimonios, libros, retomar todo y empezar a armar este mapa de lo que era el 68.

Me di cuenta de que de lo que no se había hablado era del movimiento, sólo de la matanza. Yo quería hablar del movimiento, el cual se había desvirtuado un poco por todo lo sucedido el 2 de octubre. A partir de ahí me planteé hacer una película con personajes humanos, de carne y hueso.

FICM: ¿Qué encontraste durante el proceso de investigación que te ayudó a elegir a los personajes que querías retratar en la película?

JMC: A algunos de los personajes los conocí estudiando cine en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), algunos eran maestros míos que me contaron de viva voz sus experiencias. Mi papá que tenía nos 16-17 años en el 68, me contaba que mi abuelo no lo dejó salir, mi abuelo era militar. Leyendo y al contagiarme de la energía de la palabra escrita, la energía de los poemas que se escuchaban, de la música; me di cuenta que ahí estaban esas voces que no se habían visto como tal. Quizá en materiales como El grito (1968, dir. Leobardo López Arretche) sí, pero es un material de difícil acceso, no porque sea difícil de encontrar pues está en YouTube, pero me refiero a que no es un documental accesible, ameno o lúdico con el que te puedas sentar y decir “lo veo y me como unas palomitas”.

Es algo a lo que debes entrarle, concentrarte, escucharlo, es un concepto artístico abstracto. El grito es una experiencia cinematográfica. Yo quería que esta película fuera un poco más amable e incluso didáctica a la hora de verla y lo más importante: que fuera para jóvenes.

No es una película que quiero que funcione solo en festivales o en taquillas, sino que funcione con los jóvenes, que la vean y digan “oye, eso que dijo me hizo eco en algún lugar”.

FICM: Precisamente hay elementos de El grito que retomas en tu película…

JMC: Sí, lo que pasa es que cuando me planteé todo este escenario de hacer el 68, quería que estuviera la Ciudad de México ahí presente, el movimiento, las miles de personas saliendo a marchar, pero hacer eso, en mi experiencia haciendo películas de recreación de época, es muy caro.

Entonces, dije “me voy a tardar unos años en hacer esto y no va a tener la fuerza que yo quiero. Voy a ver actores, sets y vestuarios”. Yo quería que se sintiera real, la pregunta era ¿cómo quitarle esa capa que sólo un documental logra? Ahí fue cuando decidí que fuera por medio de rotoscopia. Para tener ese ambiente y pegar la ficción con el documental, decidí que el material de El grito era el mejor. Fui a la UNAM a pedírselos y me lo prestaron.

FICM: Justo la UNAM estuvo muy involucrada con la producción de la película, ¿cierto?

JMC: Sí, me acerqué con ellos porque lo que estaba escribiendo iba de acuerdo con este escenario que propone El grito, con esa energía, entonces les dije “échenme la mano para conseguir el permiso para filmar”. Fue como una bola de nieve, pues me dijeron “oye, me gusta. Más allá del apoyo que podamos darte en locaciones, como egresado y tomando en cuenta las características de tu proyecto, es algo en lo que la UNAM se va a querer involucrar” y justo mientras estaba haciendo la película se conformó el M68, el comité para las actividades culturales en torno al 50 aniversario del movimiento. Es ahí cuando se logra conformar y terminar el presupuesto para la película. Hay que decir que es una película muy pequeña y gracias a eso se logró terminar el proyecto.

FICM: ¿Cómo se da el acercamiento con la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM?

JMC: Hace unos años ya había trabajado con la FAD en un proyecto de un comercial para promover los museos de la UNAM en el Centro y había hecho una intervención sobre fotografías para darle al comercial un look experimental. Entonces, ya había experimentado un poco con eso, siempre me había interesado la animación, las técnicas experimentales y la rotoscopia era el camino más natural. Considerando que es una historia que sucede en la UNAM, quería lograr que la mayoría de personas involucradas fueran de esta institución. Eso fue lo que me llevó a pensar que tendría que ser la gente de la FAD, que además son gente que está estudiando diseño pintura, audiovisuales, cine, video; era el mejor lugar para tocar la puerta e invitarlos a entrar al proyecto.

FICM: Los alumnos de la FAD estaban organizados en pequeños equipos de trabajo, ¿cómo fue el proceso de selección de los alumnos?

JMC: El nombre de los equipos los inventamos sobre la marcha. Hicimos una convocatoria abierta a estudiantes de la facultad, fueron unas 200 personas y realmente los interesados fueron cerca de 130 personas que mandaron sus propuestas. Nos enfocamos en ver quién estaba realmente interesado y quién técnicamente podría sortear lo que iba a suceder. Al final seleccionamos aproximadamente entre 90 y 100 estudiantes.

Pensé que el espíritu de las brigadas del 68 debía estar presente, eran pequeños grupos con un líder, entonces convocamos también a maestros de la FAD y con los que se interesaron, que fueron cuatro, conformamos grupos de 20 y 25 estudiantes para que estos maestros con conocimientos más avanzados de animación e ilustración, pudieran coordinar a estos grupos y aterrizar este gran proyecto.

Olimpia (2018, dir. José María Cravioto)

Olimpia (2018, dir. J.M. Cravioto)

FICM: ¿Cómo fue el proceso de intervención de las imágenes?

JMC: Desde el principio sabíamos cómo queríamos que se viera la textura, queríamos que fuera algo cercano al óleo, una experiencia plástica. Yo definí la ruta tecnológica: primero era hacer la película, luego hacer un export de toda la película de imágenes fijas a ocho cuadros por segundo, entonces cada segundo son ocho imágenes. Desde que la filmamos ya sabíamos que iban a ser muy fijos los cuadros, entonces los backgrounds, como en animación antigua, eran fijos. Después cada grupo definió cómo iba a ser su flujo de trabajo, dependía del maestro.

FICM: ¿Cuánto tiempo les tomó todo este proceso?

JMC: Fue en dos fases. La primera tomó cuatro meses para lograr el 60% de la animación y luego hicimos un equipo mucho más depurado, con quienes mejor trabajaron y secomprometieron con el proyecto, que durante cuatro meses trabajaron para terminar el otro 40% con aproximadamente la mitad del grupo inicial.

FICM: En el marco de las actividades del 50 aniversario del 68 hubo una proyección de tu película en Tlatelolco, ¿cómo fue esa experiencia?

JMC: Sí, fue una función doble con El grito. Fue muy emotivo. Imagínate, 30 de septiembre, dos días antes del aniversario, de pronto llegar y sentarte junto a miles de almas en la plancha de la Plaza de las Tres Culturas, fue de las experiencias más grandes que me llevo para la vida.

FICM: ¿Gente cercana al movimiento ya tuvo oportunidad de ver la película?

JMC: Muchos ya murieron, pero he recibido comentarios. Sabemos por redes sociales que hay gente que ha puesto que les gustó mucho cómo está retratada su generación, pues claro porque todo viene de un estudio de mucha literatura y cine que vimos. En ese sentido hemos tenido muy buena retroalimentación.

FICM: ¿Qué nos puedes decir sobre el poema que aparece en los créditos?

JMC: Fue una historia linda porque yo quería elegir un poema para este momento. Está inspirado en un hecho que realmente sucedió, el personaje original lee un poema en el altavoz. Leí muchos poemas y encontré uno en un libro publicado por el STUNAM que cumplía con mi deseo de que expresara lo que pienso del país y lo que pensaría un joven en ese momento.

Resulta que llegué a este poema escrito por Elsa Cross, quien descubrí que es una tía en tercera línea que no conocía. Mi mamá es su prima y fue muy lindo hablarle para decirle “hola, soy tu sobrino. Por coincidencia me encontré tu poema y es hermosísimo”. Se me ocurrió unos días antes de Morelia pedirle que lo grabara, para que vieran que esto no fue algo que se le ocurrió al guionista a conveniencia, sino que fue escrito por una mujer que escribió ese poema en este momento.

Elsa me contó que en ese momento no pudo ir a las marchas porque estaba embarazada. Ella era amiga del personaje que dice el poema, de la poeta uruguaya Alcira Soust, era visitante asidua de casa de Elsa. A ella también la conocí personalmente, fue muy lindo que todo se conectara.

FICM: ¿Cómo fue la recepción de tu película por parte del público?

JMC: Increíble, la verdad. Morelia es siempre un lugar increíble para ir a presentar tu ppelícula. Me gustó que fue una función muy quietita, nadie se movía, había una tensión y atención en el aire muy inusual, que me ha pasado pocas veces. Que la gente estuviera sin moverse, tan metida en la película, eso me gustó mucho.

Es una película sui géneris dentro de la programación del festival y quizá dentro del cine mexicano de este año y me gusta mucho comprobar eso, que tiene una energía muy particular.

FICM: ¿Cómo elegiste a los actores?

JMC: Siendo una película independiente, donde no teníamos para pagarle a un director de casting, lo que hicimos fue ubicar a gente con la que quería trabajar. Por ejemplo, a Luis Curiel, que hace el personaje de Rodolfo, lo conocí en una serie de televisión, entonces le dije “oye, me encantó trabajar contigo. Me gustaría conocer más jóvenes como tú para la película que voy a hacer”. Él me ayudó a contactar a otros actores e hicimos un pequeño casting con actores recomendados por él. Así llegué con Daniel Mandoki -esta es su primera película-, hizo un casting increíble, me encantó su rostro, sé que es un actor que dará mucho de qué hablar. También conocí a Valentina Buzzurro y ya había visto a Nicolasa Ortíz Monasterio en un par de cosas de cine. A Juan Pablo de Santiago también lo había visto en varias películas, lo busqué; con Diego Cataño ya tenía años que quería trabajar con él, conseguí su contacto y lo busqué. Fue un poquito ir viendo quiénes tenían las caras, los rangos que yo quería, etcétera.

FICM: ¿Cuál fue el reto más grande de hacer Olimpia?

JMC: La rotoscopia. Todo lo demás fue miel sobre hojuelas porque todo lo hice con el equipo con el que siempre trabajo, Iván Hernández en la fotografía, Bárbara Enriquez en el diseño de producción, Sandra Solares en la producción; entonces me sentía muy cobijado por todo este equipo, pero la rotoscopia era un reto muy grande.

FICM: ¿Tienes ya algún proyecto en puerta?

JMC: Sí, he estado haciendo series de televisión. Voy a estrenar una el 21 de diciembre una serie original de Netflix, de la cual soy creador y director, se llama Diablero. Hay un par de cosas que trabajaré haciendo series y unas dos, tres películas que estoy desarrollando, a ver cuál de todas sale primero. Muchas tienen que ver con cine de género.

FICM: ¿Cómo director qué prefieres, hacer series o películas?

JMC: Las dos. El cine es mi vida y es algo que no dejaría nunca ni cambiaría, pero las series están planteando un terreno nuevo para los directores y en México, como industria, están renovando ciertas cosas. Afortunadamente los directores de cine llegaron a tomar la televisión y las series y es un lugar donde estamos desarrollando muchas cosas, es un gran momento para las series, hay que cuidarlas mucho porque son el formato rey hoy en día. El cine está ahí, seguimos haciéndolo, vamos a verlo y lo seguimos amando.

FICM: ¿Hacia dónde crees que va el cine mexicano actual?

JMC: Está muy polarizado. En un extremo está la gente que quiere hacer taquilla, con fórmulas muy gastadas, que hacen millones y que a la gente le gusta. En el otro extremo están películas como La camarista, de Lila Avilés, que ya sabemos cuál va a se su circuito, los premios que va a ganar, pero que sigue siendo un cine muy personal, autoral, que debe existir y debe seguirse haciendo.

Habemos en el medio una cantidad de directores que queremos hacer una industria que pueda juntar ambos mundos y curiosamente las series lo están siendo, están siendo el caldo de cultivo y nos falta que el cine lo sea también.

Veo también que el cine mexicano está siguiendo un camino de la hiperestética, de la estética antes de las historias. Siento poco orgánico el cine mexicano últimamente. Me gustaría ver cine más defectuoso, más humano, con lentes menos soficticados. Es el cine que está haciendo mi generación y agradezco el rigor porque sin duda se está llegando a unos niveles de producción y de pulcritud que no se habían visto nunca.

FICM: A nivel personal, ¿qué te dejó esta edición del FICM?

JMC: Emoción de presentar un proyecto muy personal, algo de lo que quería hablar, de mi escuela de cine, de mis maestros, mi familia, mis amigos; es una película muy sincera que hice con mucho corazón. Ver que se prendiera el proyector en la sala ya fue un premio para mi, uno muy grande.

Curiosamente, terminando la proyección de Morelia, se acercó gente a decirme “tu película es nuestra favorita de la competencia, queremos distribuirla”. Sentí que terminando la función ya había ganado mi premio, tener un distribuidor interesado.

Morelia es un festivla al que he asistido por varios años. No me había dado cuenta, pero he estado en todas las secciones, he tenido la oportunidad de ganar antes y de alguna manera eso me ha motivado muchísimo. Pararme en ese lugar y ver el Ojo, me ha motivado muchísimo a seguir. Por eso creo que era el camino natural que Olimpia estuviera en el festival.