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La controversial producción de La última tentación de Cristo

Por: Alonso Díaz de la Vega @diazdelavega1

 

Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 4:17

El 22 de octubre de 1988, un grupo de fanáticos cristianos arrojó cocteles molotov contra el cine Saint Michel, en París. Ese día se sintió la venganza del fanatismo, que resultó en catorce personas heridas y confirmó los temores de los dueños de salas de cine en todo el mundo: el asalto se debió a la exhibición de La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese.

La película, basada en la novela del filósofo griego Nikos Kazantzakis, y publicada en 1960, es considerada por críticos como David Ehrenstein, “una de las cintas religiosas más serias, letradas, complejas y profundamente sentidas que se hayan hecho”. Janet Maslin, del New York Times, señaló que el filme “redefine la divinidad por elección” con su retrato de un Cristo humano, lleno de dudas y miedos, más cercano a la carne del hombre que a la divinidad del mito.

La última tentación de Cristo (1988, dir. Martin Scorsese)

La última tentación de Cristo (1988, dir. Martin Scorsese)

Sin embargo, la posibilidad de que Cristo actuase como hombre antes que como hijo de Dios escandalizó a centenares de grupos conservadores que aún no habían visto la cinta. Tras el estreno de La última tentación de Cristo proliferaron las manifestaciones de rechazo y comenzaron boicots a la cinta de Scorsese, entre ellos el organizado por Franco Zefirelli durante el Festival de Cine de Venecia de 1988, cuando retiró de la muestra su película, El joven Toscanini (1988). El filme de Scorsese le parecía “verdaderamente horrible y completamente trastornado”. Zefirelli no había visto aún la película.

El enorme rechazo a la cinta provenía, en gran parte, del rumor sobre una escena de sexo entre Jesús y María Magdalena, considerada ofensiva, sin embargo, el objetivo de la cinta, como lo recalcan sus defensores, no era transgredir, sino acercar el reino de los cielos a sus espectadores. Martin Scorsese dijo que en la novela de Kazantzakis encontró la representación de Cristo que subrayaba “el lado humano de Su naturaleza sin negar que Él es Dios”.

Esta imagen que fascinó a Scorsese le fue presentada por Barbara Hershey en 1972, cuando la actriz, protagonista de su filme El tren de Bertha (1972), le regaló una copia de la novela, que Scorsese terminó de leer hasta 1979. Ha dicho que la disfrutó tanto que no quería terminarla.

Desde ese momento Scorsese se decidió a hacer una adaptación cinematográfica. El guión se lo encargó a Paul Schrader, que había escrito Taxi Driver (1976) y el segundo borrador de Toro salvaje (1980). Un católico devoto, Scorsese se sentía fascinado por lo que haría un calvinista como Schrader con la historia de Kazantzakis. Un resultado fue una escena en las que, literalmente, los discípulos comen y beben la carne y la sangre de Jesucristo. Scorsese las rechazó y le pidió a Schrader un segundo borrador más apegado a la visión del filósofo griego.

El segundo borrador de La última tentación de Cristo fue entregado a los productores Irwin Winkler y Bob Chartoff. Ellos llevaron el guión a la productora United Artists, que lo rechazó de inmediato. Afortunadamente Paramount decidió hacer el filme tras conocer la justificación de Scorsese: decía querer hacerlo para “conocer mejor a Jesús”.

En enero de 1983, poco antes de que se estrenara El rey de la comedia (1982), Scorsese comenzó a buscar locaciones para su proyecto en Israel y Marruecos, sin embargo las dificultades comenzaron en septiembre, cuando el presupuesto de la cinta se elevó de 12 a 16 millones de dólares e Irwin Winkler decidió salir del proyecto. El golpe final para la producción vino en noviembre, cuando Paramount decidió no realizarla, por lo que Scorsese y su equipo tuvieron que recortar el presupuesto a la mitad y buscar financiamiento entre todos los estudios. Nadie quiso producir la película.

Los portazos llegaron a tal punto que, Salah Hassanein, jefe de la cadena de cines de United Artists, amenazó con no exhibir el filme en su cadena —si se producía, claro— porque ya existían experiencias con el descontento de los fanáticos ante películas como La más grande historia jamás contada (1965), un filme sobre Cristo de George Stevens, y Mahoma, el mensajero de Dios (1976), donde el director Moustapha Akkad retrata la vida del profeta musulmán.

Cuando el espejismo del dinero hollywoodense empezó a revelarse como arena, Scorsese comenzó a pensar en la idea de ser financiado por Jack Lang, el ministro de cultura de Francia, quien lo invitó al festival de cine de Cannes a presentar su última película, Después de hora (1985). Sin embargo Scorsese prefirió no aceptar ante las amenazas del arzobispo de París, el cardenal Jean-Marie Lustiger, quien desaprobaba la idea de usar fondos públicos para una película que, se rumoraba, era sacrílega.

En 1987, gracias a que cambió de agencia de representación, Scorsese recibió la llamada de Universal Studios para hacer la película que tanto había anhelado. El rodaje de La última tentación de Cristo comenzó el 12 de octubre de ese mismo año con el guión que Scorsese había reescrito varias veces junto con el crítico y guionista, Jay Cocks, aunque sólo se le dio crédito a Paul Schrader.

Para el papel de Jesús, Scorsese había pensado en Aidan Quinn, Eric Roberts o Christopher Walken pero entonces vio Vivir y morir en Los Ángeles (1985), de William Friedkin, donde Willem Dafoe interpretaba a un villano. Después lo vio en Pelotón (1986), de Oliver Stone, y decidió que era ideal para ser su protagonista.

David Bowie en La última tentación de Cristo

David Bowie en La última tentación de Cristo

El resto del elenco principal fue integrado por Harvey Keitel, como Judas, y Barbara Hershey, en el papel de María Magdalena, y aunque Sting se había unido al proyecto desde la producción de 1983, sus compromisos con la gira de Amnistía Internacional le impidieron interpretar a Poncio Pilatos, sin embargo fue reemplazado por David Bowie, quien filmó su colaboración en un día.

Tras ocho años de negociaciones, tres películas hechas en el proceso y cinco millones de dólares ya gastados, Scorsese logró filmar La última tentación de Cristo y entonces comenzaron otras preocupaciones: las estéticas.

El viacrusis de Scorsese

Una en apariencia menor pero que atrajo mucha atención fue la de los acentos de los actores, con los que Scorsese quería transmitir las clases sociales de los personajes. Jesús, un carpintero, debía tener un acento simple, al igual que Judas, a quien Harvey Keitel dotó de un fuerte acento neoyorquino. El Pilatos de David Bowie tenía un acento inglés que sugería la dominación romana.

Otra preocupación de Scorsese era eliminar todo rastro de poesía en el guión, ya que pretendía recrear la atmósfera de Malas calles (1973) —su primer película de gángsters— en las locaciones desérticas. La suya no es una visión épica sino casi neorrealista que subvierte la mayoría de las versiones filmadas de la vida de Jesucristo.

Para aumentar la sensación de un filme anti-épico, Scorsese estudió filmes clásicos sobre la vida de Jesucristo, como Rey de reyes (1961), de Nicholas Ray; La más grande historia jamás contada, Barrabás (1961), de Richard Fleischer —que causó la mayor impresión en él por tratarse de “una película notable sobre un hombre tratando de encontrarse a sí mismo”—, y El rey de reyes (1927), de Cecil B. DeMille. Con esto, Scorsese notó precisamente qué era lo que debía hacer para rescatar los aciertos y evitar caer en las idealizaciones de estas cintas. 

Scorsese también observó con cuidado El evangelio según San Mateo (1964), de Pier Paolo Pasolini, un filme que mostraba a un Jesús más determinante de lo que jamás se había visto, con el que sólo se podía estar a favor o en contra. Era muy parecido a lo que  quería hacer Scorsese, con un personaje que desafiara la idea de Jesús a la que se había acostumbrado la mayoría de los cristianos.

El evangelio según San Mateo (1964), de Pier Paolo Pasolini

El evangelio según San Mateo (1964, dir. Pier Paolo Pasolini)

Para las imágenes, Scorsese y su cinematógrafo, Michael Ballhaus, evitaron el uso de una grúa debido a la cercanía que querían tener con el personaje de Jesús, además de la falta de presupuesto para conseguir una. La inspiración visual vino de pinturas que el director había visto a lo largo de su vida, y el modo de trabajar fue el de primero detallar cómo sería cada imagen, para después realizarlas en el set.

Peter Gabriel compuso y grabó la banda sonora para la película en tres meses. El resultado mezcla la música de Turquía, Armenia, Grecia, África del Norte y Senegal para obtener una cualidad auténtica, en vez de recurrir a las composiciones típicas del cine de Hollywood.

El esfuerzo por crear esta cinta se vio reducido, en la percepción de muchos, a un mero insulto. Según figuras como Bob Waliszewski, de la organización Focus on the Family, Jesús creó el mundo y no necesitaba de un sofá y un análisis freudiano. Sin embargo, nadie notó que el enfoque humanizaba a Jesús ante las imágenes idealistas de Cecil B. DeMille, quien resaltó a Jesús con un rayo de luz en la escena en que cura a un niño ciego. Scorsese se preguntaba: “Si él era así realmente, ¿por qué nadie lo escuchaba?”.

Desafortunadamente para Scorsese y su idea, la película se sintió como un golpe al hígado que logró su prohibición en numerosos países, incluidos México, Argentina y las Filipinas y Singapur. En México se estrenó hasta 2004. La mayoría de estas protestas y vetos se debieron a la mencionada y controversial escena de sexo entre Jesús y María Magdalena, que constituye un fragmento de la última tentación a la que Satanás somete a Cristo: no ser divino.

Aunque La última tentación de Cristo consiguió la nominación al Oscar para su director, su historia es la de una producción castigada por contener la idea de la más grande de todas las tentaciones: la única que podría hacer al Mesías bajar de la cruz para regocijarse en la irresponsabilidad de lo cotidiano: la vida humana.