05 · 3 · 21

Katy Jurado, diva y villana de nuestro cine

Por: Rafael Aviña

El cine mexicano en su etapa dorada supo llevar por derroteros intrigantes a sus sensuales villanas, y entre ellas destaca de manera particular la tapatía María Cristina Estela Jurado García, mejor conocida como Katy Jurado (1924-2002), actriz exuberante, de mirada lánguida y enormes ojos que impresionó a Emilio Fernández, quien le propuso un papel en La isla de la pasión, ópera prima del “Indio” en 1941. Sin embargo, por aquel entonces, Katy tenía 16 años, no obtuvo el permiso de sus padres y declinó la oferta. Fue hasta 1943 cuando, estando ya casada con el actor Víctor Velázquez, debutó como adolescente fatal en Internado para señoritas, de Gilberto Martínez Solares.

Katy Jurado

Katy Jurado

Katy Jurado se convirtió casi de inmediato en la antítesis de las tiernas heroínas femeninas del cine nacional: la mujer come-hombres, la vampiresa sin escrúpulos que encarnó en películas como: No matarás, Nosotros los pobres, Hay lugar para dos, El bruto o La mujer del carnicero, al tiempo que triunfó en Hollywood. Así, en su primera aparición, tuvo la oportunidad de alternar con otras figuras juveniles como Rita Macedo, la estrella Mapy Cortés y el galán Emilio Tuero en aquella comedia romántica cuya publicidad sostenía: “Señorita: Si Tuero fuera su maestro y usted estuviera enamorada de él; ¿Cómo se le declararía?”.

Llamó tanto la atención en Internado para señoritas, que tan sólo un mes después, obtuvo su primer papel de villana antagonista que aprovechó al máximo robando cámara a Carmen Montejo en No matarás, de Chano Urueta. No obstante, La vida inútil de Pito Pérez (1943, dir. Miguel Contreras Torres) fue el verdadero despegue de una actriz de belleza y porte diferente a pesar de llevar una línea similar a la de María Félix o Elsa Aguirre. En esa adaptación de la novela de José Rubén Romero, el estelar de Manuel Medel resaltaba a su vez, gracias a la presencia de varios personajes secundarios como Katy Jurado en el papel de Soledad, la guapa muchacha de la que Pito se enamora pero que acaba en manos del ricachón del pueblo en lugar del pobrediablo protagonista.

Así, Katy supo hacerse de un estilo propio, de una cadencia especial para recitar sus diálogos, y de ofrecer al espectador una sensualidad a medio camino entre la ingenuidad y la coquetería. Luego de cintas como Balajú, Rosa del Caribe, La sombra de Chucho El Roto, El museo del crimen, o Guadalajara pues, consigue en 1947, de la mano de Ismael Rodríguez, uno de sus mejores roles en Nosotros los pobres. Interpreta aquí a “La que se levanta tarde”; pecadora y, a su vez, amiga solidaria, capaz de mostrar ternura, con todo y su chicle en la boca o el cigarrillo entre los labios.

Un papel muy similar que llevó a espléndidas alturas en la secuela de Esquina Bajan de Alejandro Galindo: Hay lugar para…dos (1948) con David Silva, Fernando Soto Mantequilla y Delia Magaña, que narraba los periplos urbanos de Gregorio Del Prado, chofer de la línea de camiones “Zócalo-Xochicalco y Anexas”, quien se pierde por la sensual cabaretera que encarna magistralmente Katy Jurado, lo que provoca una tragedia en su intento por ganarle el paso al tren con su autobús. A esta, le siguieron El seminarista, con Pedro Infante; Cárcel de mujeres, donde alterna con Miroslava, Sarita Montiel y María Douglas; y en 1952 consiguió una de sus mejores interpretaciones en El bruto, de Luis Buñuel, como la exuberante amante del libidinoso casero Andrés Soler, al tiempo que intenta seducir a un carnicero golpeador que encarna Pedro Armendáriz.

Katy Jurado

Katy Jurado

Ese mismo año de 1952, Katy da el saltó a Hollywood en el western A la hora señalada y se lleva nada menos que el Globo de Oro a Mejor Actriz de Reparto por su papel de Helen Ramírez, la antigua amante del sheriff que interpreta Gary Cooper, quien enfrenta él solo a cuatro pistoleros vengativos. A este siguieron títulos como: El corazón y la espada, con César Romero; Hogueras de odio, con Charlton Heston; Lo que la tierra hereda, con Spencer Tracy, donde obtiene la nominación al Oscar por Actriz de Reparto; Trapecio, con Burt Lancaster y Tony Curtis; Circuito infernal, con Kirk Douglas; Los malvados de Yuma, con Alan Ladd y Ernest Borgnine —con quien se casaría en breve—; El rostro impenetrable, dirigida y protagonizada por Marlon Brando, junto a Pina Pellicer, o Barrabás, con Anthony Quinn.

Katy regresó a México y filmó Y Dios la llamó tierra, en 1960, donde encarna a la mujer deseada por todo el pueblo e hija del presidente municipal (David Silva) en los años del Cardenismo. Después, apareció como exuberante prostituta en un par de tramas de ambiente revolucionario: junto a María Félix en La Bandida (1962), en el papel de La Jarocha, y en La mujer del carnicero (1968), de Ismael Rodríguez, relato de horror, pasión, miedo y culpa.

Con Elvis Presley filmó Stay Away Joe, en 1968, y alcanzó una impactante madurez histriónica en el episodio Caridad, dirigido por Jorge Fons, de la película Fe, esperanza y caridad (1972), como una mujer de una ciudad perdida que sufre un calvario emocional y burocrático para poder reclamar el cadáver de su marido, muerto en un accidente absurdo. En las décadas de los setenta y ochenta, interpretó destacables papeles en filmes como: Patt Garret y Billy The Kid, El elegido, El recurso del método, o la excepcional cinta de Fons: Los albañiles. En esta última, como la infiel esposa de un velador asesinado (Ignacio López Tarso). Así como en otras obras de producción extranjera: Los hijos de Sánchez, La viuda de Montiel y Bajo el volcán.

Esa enorme y atípica actriz que fue Katy Jurado aún sorprendió a fines de los años noventa y al inicio del nuevo milenio como Mamá Dorita, la mujer del falso profeta que interpreta Paco Rabal en El evangelio de las maravillas, de Arturo Ripstein, y protagonizando a los 78 años de edad, Un secreto de Esperanza de Leopoldo Laborde.