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Ganadoras de documental: EL LUGAR MÁS PEQUEÑO, SILVESTRE PANTALEÓN, INORI y NO HAY LUGAR LEJANO

Rafael Aviña

En 2011, el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), se desmarcaba cada vez más de los otros festivales debido a su versatilidad y propositivos alcances en relación a la producción nacional. Además de los nueve largos de ficción y la distinción al afamado actor michoacano Damián Alcázar, el cine documental en ésta, su novena edición, alcanzó la cifra récord de 23 largos a concurso.

El Mejor Documental Realizado por una Mujer, además de obtener una Mención Especial, fue para El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo, salvadoreña egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y afincada en México, que iniciaba así una exitosísima carrera que traspasaría fronteras. La trama se ambienta en el poblado de Cinquera, lugar que ha dejado atrás el horror de la guerra civil en El Salvador, para sanar sus heridas, dialogando con la vida y no con la muerte. Así lo demuestran no sólo los testimonios de los sobrevivientes del conflicto, sino pequeñas escenas-alegoría, como el parto de la vaca, las luciérnagas, la gallina empollando huevos, los niños jugando fútbol bajo la lluvia, o aquella del hombre cuyo padre fue asesinado de un balazo siendo él un niño y ahora lanza redes en el río.

El lugar más pequeño (2011, dir. Tatiana Huezo)
El lugar más pequeño (2011, dir. Tatiana Huezo)

Las historias de aquel anciano cuyo fanatismo por los libros empezó con un “tumbaburros”, o de aquella mujer cuya hija decidió partir a los catorce años para sacrificarse por la comunidad, la de aquel ex niño que tuvo que internarse en una cueva plagada de murciélagos, o la del hombre que ama los bosques porqué ahí encontraron cobijo los camaradas muertos rebasa lo conmovedor, en un relato irrepetible, sin artificios, ni efectismos dramáticos.

Otro espléndido documental fue Lecciones para una guerra, de Juan Manuel Sepúlveda, sobre la realidad histórica guatemalteca. Un sensible retrato etnográfico que registra el cotidiano de los pueblos ixiles y quichés del norte de Guatemala y los sobrevivientes del genocidio llevado a cabo por el ejército guatemalteco que arrasó con más de 200 mil indígenas y que obtuvo aquí una Mención Especial.

Silvestre Pantaleón (2011, dir. Jonathan D. Amith, Roberto Olivares Ruiz)
Silvestre Pantaleón (2011, dir. Jonathan D. Amith, Roberto Olivares Ruiz)

Por último, el premio a Mejor Documental fue para Silvestre Pantaleón, de Jonathan D. Amith y Roberto Olivares Ruiz, centrada en un anciano, don Silvestre, oriundo de un poblado nahua guerrerense, empeñado en costearse una ceremonia curativa: “levantamiento de sombra”, al tiempo que seguimos su labor cotidiana trabajando la palma y la fibra de maguey con las que fabrica enseres domésticos y figuras religiosas. Una obra sensible sobre el misticismo y la otredad que diserta acerca del impacto del dinero y la vejez.

En 2012, el FICM cumplía su primera década y para entonces, el documental mexicano se había trastocado ya en serio competidor de ese otro cine de ficción, superando en muchas ocasiones a las películas con argumento. El ganador en ese rubro en su edición 10 fue Inori, de Pedro González Rubio, que toca el tema de la vejez y la muerte. Vegetación, montañas, el agua que corre en un río, un puente y más, en un pequeño poblado nipón que pareciera una especie de set cinematográfico. Ahí, en esa pequeña localidad de ensueño en Kannogawa, en la prefectura de Nara, en Japón, la cámara explora los rostros de varios ancianos que parecieran surgidos de un filme de Shohei Imamura o Akira KurosawaLa balada del Narayama (1983) o Vivir (1952), tal vez—. Hombres y mujeres octogenarios en su mayoría, que día a día llevan a cabo sus rituales de rutina: rezar, preparar alimentos, visitar al médico, trabajar en el campo, en el interior de una comunidad en la que las nuevas generaciones han emigrado a los asentamientos urbanos y cuyos sueños e ilusiones son cada día más efímeros y la línea que los separa de éste mundo es tan endeble como la neblina que cubre ese lugar que evoca por igual, belleza y tristeza. 

Inori (2012, dir. Pedro González Rubio)
Inori (2012, dir. Pedro González Rubio)

Por su parte, el Mejor Documental Realizado por una Mujer fue para No hay lugar lejano, de Michelle Ibaven, sobre un niño rarámuri que observa desde su comunidad en la Sierra Tarahumara, la construcción de extrañas atracciones turísticas en el horizonte. En ese momento se empiezan a visibilizar las amenazas de desalojo que desde hace décadas caen sobre su pueblo. Más allá del tema del abandono social, la corrupción y la injusticia, el trabajo de Ibaven se concentra en la mirada infantil del desasosiego con imágenes tan bellas como reflexivas.

Finalmente, obtuvieron Mención Especial: La revolución de los alcatraces, de Luciana Kaplan, un relato sobre la cerrazón, el despertar social y la igualdad de género que sigue el periplo de Eufrosina Cruz, nativa de Santa María Quiegolani, comunidad indígena en la Sierra de Oaxaca, a quien se le ha negado el derecho de ser presidenta municipal de su pueblo, sólo por ser mujer; y Mitote, de Eugenio Polgovsky, alegoría sobre un país furioso y en caos entre invocaciones místicas prehispánicas, fanáticos enajenados por el fútbol y las protestas de trabajadores de Luz y Fuerza frente a Palacio de Gobierno. Mientras unos festejan los goles de la Selección Mexicana, trabajadores del sindicato de electricistas suman casi 50 días en huelga de hambre. Los primeros ignoran a los otros en plano Zócalo capitalino en 2010. Y en Partes de una familia, los breves fragmentos de imágenes caseras en 8 mm., filmadas en los años sesenta que el realizador inserta de manera fugaz, consiguen transmitir no sólo una terrible sensación de nostalgia y tristeza, sino que además brinda apuntes dramáticos de enorme fuerza para narrar la historia de un matrimonio que luego de cincuenta años ha perdido casi por completo el ímpetu que los llevó a formar una vida en común y construir una familia. Todo esto contado por su propio hijo, el realizador Diego Gutiérrez.