03 · 14 · 17

Crónica de los tiempos: entrevista a Everardo González

Por: Gabriela Martínez @GabbMartivel

El documental La libertad del diablo, de Everardo González, fue una de las películas ganadoras en Impulso Morelia 2016 en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y fue presentada durante el 15° FICM.

La cinta que aborda la violencia a través de entrevistas a víctimas y victimarios. Por medio de testimonios de personas cuyos rostros están enmascarados, se conocen sus miedos y su relación con la sociedad indiferente.

En entrevista para el FICM, Everardo González habló de su trabajo como documentalista y del papel que jugó Impulso Morelia en la producción de La libertad del diablo.

Everardo González.

Everardo González.

¿Qué significa la frase “El abismo mira dentro de ti” en La libertad del diablo?

Es una frase de Nietzsche que nos hace ver que cuando nos asomamos demasiado a la maldad, vemos la maldad que tenemos nosotros mismos y de eso trata La libertad del diablo. Esta película es un espejo para ver la maldad que nosotros tenemos como espectadores y ciudadanos.

¿Cómo influyó haber ganado Impulso Morelia en 2016?

Cuando me enteré de que Impulso Morelia existía, le comenté a Roberto Garza, mi productor, que estar ahí era mejor que estar en Selección Oficial porque, de alguna manera, el que a una película le vaya bien, es circunstancial. Muchas veces eso no sólo responde a la calidad de la película, sino que esta sea vista por las miradas correctas y lo que Impulso Morelia ofrecía era eso, que La libertad del diablo fuera vista por las miradas que podían impulsarla y así fue. El estreno de la película en Berlín fue consecuencia de un evento como este.

Impulso Morelia ayudó a que las miradas relevantes vieran la película y por eso fue muy importante para nosotros, incluso para alguien como yo que tiene 18 años metido en esto. No hay nada escrito ni ultraconsolidado, por eso son tan importantes los festivales, no sólo porque nos llevan a un espectador natural para las películas, sino porque nos hacen visibles frente al mercado que nos quiere, al que le interesa. Estamos muy agradecidos de que exista.

¿Consideras que ha cambiado la percepción del documental por parte del público mexicano?

Sí. Recuerdo mis primeras proyecciones con cuatro personas, ahora llegan hasta 1500. Carreras tan relevantes que se están formando como la de Tatiana Huezo, también se lo deben a la progresión que ha tenido el género en este país. Hacer documental es ahora un espacio más digno y cómodo, pero también engañoso porque nos pone en el escenario de la competencia, algo muy complicado. Nosotros los documentalistas registramos las tragedias de otros, entonces compites por saber quién hizo el mejor retrato de la tragedia.

Hoy los programadores de festivales nos toman en cuenta, sin embargo hace falta que el documental sea considerado un pariente más de la cinematografía, que también se le reconozcan sus méritos fotográficos, sonoros, de montaje, etcétera.

Mencionaste que los documentalistas retratan la tragedia. ¿Crees que puede haber objetividad en esos retratos?

No. Por el contrario, creo que la subjetividad es algo que juega mucho a favor de la construcción de historias. La objetividad es una camisa de fuerza que no permite la construcción narrativa. Cada persona tiene una percepción distinta del mundo, porque la realidad no sólo es eso que pasa frente a los ojos, es cómo se siente eso que ves o escuchas.

Hay películas que requieren más verificación de muchos hechos. Definitivamente, gran parte del valor del documental hoy es que lo que pondera es el punto de vista del director, por eso actualmente es más apreciado el documental autoral, no necesariamente el que tiene un compromiso editorial como sucedía en las décadas de los setenta y ochenta.

La libertad del diablo (2017, dir. Everardo González)

La libertad del diablo (2017, dir. Everardo González)

En el pasado te has definido como cronista más que como documentalista, ¿por qué?

Me gusta sentirme del lado de gente como los hermanos Alva, los Mayo o los Casasola, que tenían como misión el registro de la imagen para la posteridad. Recuerdo mucho que esta inquietud la viví cuando empecé a hacer Los ladrones viejos (2007), me preguntaba cómo se comportaría Chucho el Roto, y no existía registro de eso. De ahí que fuera importante para mi aportar a la permanencia de la imagen para que en el futuro las nuevas generaciones sepan cómo hablábamos, cuáles eran nuestros problemas o cómo nos conducíamos. Una de las cosas bonitas del cine es asomarse a la realidad desde el otro.

Me gusta mucho ver la cotidianidad en las películas, cosas simples que me dejan ver algo más. Eso me permite el documental: hacer una crónica de los tiempos. No sé si yo sea un cronista, pero me gusta pensar que sí.

¿Cómo construyes a los personajes en tus historias?

Valoro si la persona tiene una personalidad con posibilidades de construirse en personaje y ahí apelo a los géneros dramáticos básicos. Un personaje con premisas narrativas fuertes, que sabe que será asesinado, por ejemplo, es un personaje dramático. Procuro analizar si es posible dar seguimiento a un personaje o en su lugar, a una trama o un evento.

¿Tienes algún cineasta que consideres tu influencia?

Me gusta Werner Herzog porque su cine es un ejercicio de voluntad férrea, es alguien imparable que tiene una necesidad vital por hacer cine más allá del éxito o el fracaso y para mi eso es un cineasta genuino.