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Rumbo al #20FICM: EL PREMIO y NO QUIERO DORMIR SOLA

Rafael Aviña

El investigador, crítico cinematográfico y escritor, Rafael Aviña, prepara el camino rumbo al #20FCM con un recuento puntual de los largometrajes de ficción ganadores en las ediciones pasadas del FICM. En esta ocasión aborda El premio (2011, dir. Paula Marcovitch) y No quiero dormir sola (2012, dir. Natalia Beristain), ganadoras en los 9° y 10° FICM respectivamente.

De manera consecutiva en los años 2011 y 2012 los galardones a Largometraje Mexicano fueron a parar a manos de dos directoras debutantes: Paula Marcovitch, con El premio, y Natalia Beristain Egurrola, con No quiero dormir sola; ambas, egresadas del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). A Marcovitch, cineasta argentina-mexicana le tomó siete años dar el salto a la dirección luego de una nutrida e importante labor como guionista y argumentista con títulos como: Tres minutos en la oscuridad, Sin remitente o Elisa antes del fin del mundo, una mirada atractiva sobre temas de boga a mediados de los noventa: intimidad y rebeldía infantil-adolescente, la crisis económica arrastrada por el Salinismo y el “bienestar para las familias” del Zedillismo. Y, sobre todo, los guiones elaborados para el director Fernando Eimbcke: Temporada de patos, Lake Tahoe, Club Sándwich, y otros, como: El peluquero romántico, de Iván Ávila Dueñas o La caja, de Lorenzo Vigas.

En el 9º FICM Paula Marcovitch presentó su película El premio (México-Francia-Polonia, 2011) con un cambio importante luego de obtener varios reconocimientos, entre ellos, el Premio Especial del Jurado en el festival de Berlín: un desenlace diferente. Un clímax menos sentimental y más en concordancia con su sensible relato de minimalismo dramático cargado de varios momentos de enorme intensidad que conseguía sacar adelante.

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El premio (2011, dir. Paula Markovitch)

Sus notables trabajos en su faceta de guionista como las citadas: Temporada de patos y Lake Tahoe, o Dos abrazos, de Enrique Begné, y sus cortos como realizadora: Perriférico (1999) y Música de ambulancias (2006-2009), no permitían prefigurar una arriesgada y lograda ópera prima como la de El premio, que recurre a sus propias historias de vida y en la que aprovecha, sin duda, la rica experiencia forjada como escritora de cine, profesión poco reconocida y menospreciada en nuestro país.

Pesimismo, esperanza y militancia van de la mano en una trama centrada en una niña de siete años (notable Paula Galinelli Hertzog) que habita una casa solitaria en una alejada playa de un poblado argentino en tiempos de la dictadura militar. Ella espera pacientemente a su padre, mientras su madre (Laura Agorreca) le ha pedido que no repita en la escuela todo aquello que escucha en casa, ya que de ello depende la supervivencia de la familia. Este filme se erigía como uno de los fuertes competidores de la Sección Oficial del 9° FICM, que incluía obras como: Los últimos cristeros y El lenguaje de los machetes, o Fecha de caducidad, El sueño de Lu y Malaventura, que obtuvieron Menciones especiales.

Por su parte, la primera gran virtud de Natalia Beristain fue apostar sin temor por una historia de ficción en donde además de la trama, el peso recayera en el trabajo del actor, dejando de lado la experimentación contemplativa y la gente común convertida en histrión. En segundo lugar y de igual mérito, el arriesgar por un relato centrado en un tema que en apariencia le era lejano: los estragos de la edad, los traumas y las consecuencias de la vejez, y el paso del tiempo, tópicos de otras historias de ese momento como: La demora, de Rodrigo Plá; Amor, de Michael Haneke, e Inori, documental de Pedro González Rubio.

La historia de No quiero dormir sola (2012), ganadora del Ojo a Largometraje Mexicano en el 10° FICM, tiene como punto de partida la experiencia personal de la realizadora, hija de los prestigiosos actores Arturo Beristain y Julieta Egurrola y, sobre todo, nieta de una notable pareja del ambiente cinematográfico y radiofónico de la época de oro: Luis Beristain y Dolores Beristáin. Los últimos años de su vida, Dolores la pasó en el asilo de ancianos de la ANDA y tuvo muchos encuentros con Natalia. De aquellos recuerdos, se alimentó parte del guion.

No quiero dormir sola (2012, dir. Natalia Beristain)
No quiero dormir sola (2012, dir. Natalia Beristain)

Hay un profundo abismo entre la generación de Amanda (Mariana Gajá) y Dolores (Adriana Roel magnífica). La primera es una joven promiscua y sin rumbo que vive la vida como surge, con el escepticismo de su juventud. Su abuela Dolores vive también desde la inconsciencia de sus 83 años: en las glorias de una vida pasada como célebre actriz, un alcoholismo creciente y un Alzheimer en marcha. La realizadora se valía de fotografías, imágenes de archivo o canciones, con una intención de búsqueda hacia algo que le ataba sentimentalmente, provocando un sensible retrato en ese choque de generaciones con algunas escenas espléndidas como aquella de la alberca, la fiesta de cumpleaños, o el arriesgado final.

No quiero dormir sola, cuenta con un estupendo reparto. No en balde, parte del quehacer fílmico de Natalia Beristain tiene que ver con ello: fue la directora de casting de El violín, de Francisco Vargas, por ejemplo. Se trata de un atractivo elogio de la vejez y de las opciones de una juventud que busca sin encontrar respuestas; un relato que parte a su vez de su trabajo de tesis: Ema, protagonizada por sus propios padres y que narraba la historia de una destacada actriz (Egurrola), que enfrenta el peso de los años, sus cambios físicos, hormonales y de memoria, y la presión de las nuevas generaciones, mientras prepara una nueva obra teatral. La soledad, la imposibilidad de dialogar con los ancianos abandonados día a día, es el tema de un filme sensible como No quiero dormir sola. Odio el amor de Humberto Hinojosa obtuvo el Premio del Público en ese 10º FICM.