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Gael García Bernal: el cine como ritual y riesgo en MAGALLANES

Magallanes (Magalhães, 2025), sobre todo, es un riesgo: aun sin estar entre las películas más largas de Lav Díaz (dura solo 164 minutos en la filmografía de un director que suele rebasar las cuatro horas, y que ha alcanzado hasta las diez), pero no por ello se ha hecho más convencional o simple ni en sus temas ni en sus formas. El gran cineasta filipino le pone la cámara enfrente al espacio y a los actores y, como un John Ford más radical, la deja inmóvil para observar todo como si se tratara de un espectador pasmado ante los hechos de hace 500 años, cuando Fernando de Magallanes inició la colonización de lo que ahora son las Filipinas. El diálogo en la película nos ofrece un respeto formidable como público al permitirnos escuchar, no explicaciones de los tiempos y los motivos, sino conversaciones ordinarias de personajes en situaciones completamente insólitas.

El riesgo, entonces, lo comparte Gael García Bernal, que, siendo una estrella indiscutible, podría ahorrarse las implicaciones de hacer este tipo de película. Entre ellas la filmación en las junglas de Filipinas, con todos los desafíos climáticos que esto supone. Pero, como me dijo el actor mexicano casi al final de la entrevista: “Al cine hay que entrarle embarrándose de lodo”. Es por ello que aceptó también el reto de actuar en portugués, un idioma que no domina. Magallanes, pues, es como un nuevo comienzo: es ponerse, a pesar de toda la carrera que tiene a cuestas, en el lugar de un amateur (un hábito del director filipino) y reencontrar el cine.

En el marco del 23° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) tuve la oportunidad de abarcar estas ideas con el actor, y otras más que él aportó, derivadas de su extenso conocimiento sobre Fernando de Magallanes, a quien estudió para poder comprender su perspectiva y su tiempo, y así prestarle su propio cuerpo. A continuación puede leerse la entrevista completa, editada para su mejor comprensión.

Gael García Bernal

FICM: Quería empezar con una pregunta un poco boba, pero creo que es importante. ¿Por qué hacer una película como Magallanes? ¿Por qué colaborar con un autor como Lav Díaz, que es una figura tan desafiante, un director de películas de hasta diez horas?

Gael García Bernal: Pues fueron dos cosas a la vez que me llamaron la atención muchísimo. Desde el inicio, pues, era Lav Díaz queriendo hacer una película sobre Magallanes. Inmediatamente ya me llama la atención y, bueno, me inquieta, me causa mucha curiosidad, y ahí es donde se da que conozco a Lav y empiezo a entender qué es lo que quiere hacer —todavía sin haber leído la biografía de Stevens sobre Magallanes o de haber leído cualquier cosa en torno a Magallanes a fondo— porque sabía, obviamente, de la figura histórica, pero no la tenía tan clara como después, al estudiar para el personaje. Y me empezó a apasionar el cuento. Jamás pensé en interpretar a Magallanes. Pero también, ante la pregunta de qué personaje histórico me hubiese gustado interpretar, no lo hubiera elegido a él porque no sabía lo suficiente. Pero ahora que sé, ahora que es el personaje que debo interpretar —porque siento que hay algo de su gesta, de su viaje, que obviamente me inspira, me interpela, me fascina, me apasiona de todo el cuento, de toda la historia, de todo lo que sucedió— pero en ese momento en particular, de esa vuelta hacia el otro lado, se podría decir que nació el mundo que conocemos hoy en día. Allí, y sin quererlo, abrieron las compuertas de algo que vivimos completamente en la actualidad. Y a veces no trazamos de dónde viene ese instante.

Te diría también que Magallanes, junto con otros personajes históricos, fueron los primeros que tuvieron esa inquietud que generó el mestizaje del cual nosotros venimos. Entonces, me parecía muy interesante que me llamaran a mí para interpretarlo, porque al principio yo dije: “Bueno, ¿por qué yo?”. Además, nunca he actuado en portugués. No sé por qué yo. Y la verdad, el arrojo que tuvieron, o más bien lo que habían visto que yo podía hacer con el personaje... yo le veía también otras capas, que era esta cosa de “¡Claro, tiene que ser un latinoamericano quien interprete a Magallanes, tiene que ser un mestizo!”. También, si pensamos en quién va a interpretar a Cortés, quién va a interpretar a Pizarro, quién va a interpretar a todos estos personajes trágicos que son de alguna manera causantes de la vida que vivimos hoy en día, tienen que ser latinoamericanos absolutamente, porque de ahí venimos, ¿no? También me interesó mucho por esa razón. Y por muchas otras: porque la historia es apasionante. Y el punto de vista de Lav también. Un filipino haciendo una película acerca de esa persona que "descubrió" las Filipinas y donde sucedió algo tremendo que es lo que conocemos como Filipinas hoy en día. La colonización no solo de apropiación del territorio, pero también espiritual.

FICM: Ese es un tema que quería plantear contigo: si también es el deseo de narrar este despojo, esta colonización, lo que te atrae a la película. Porque al final creo que ese es el eje no solo de esta película, sino de mucho del cine de Lav Díaz.

GGB: Sí, bueno, las Filipinas es un país, en particular, que está en un constante proceso de descolonización. Se llaman las Filipinas por Felipe II, un rey que nunca fue ahí. Ha habido procesos históricos por los cuales hemos pasado en Latinoamérica, y Filipinas está encontrándose en estas 7 mil 500 islas que la conforman. Es un archipiélago alucinante. Además, es un enclave religioso católico importantísimo, el más importante en Asia. Entonces, es un lugar muy particular y es importante hablar de su historia, pero también cuestionarla y provocar una discusión interesantísima. ¿Quién es Lapulapu? ¿Quién fue este personaje histórico a quien han puesto en un lugar como apelando a una gloria antigua, cuando en realidad, históricamente nadie vio a Lapulapu, entonces, existió o no existió? Y es algo que es un cuestionamiento interesantísimo que hace Lav en la película y que en Filipinas tiene mucha repercusión. Fuera de las Filipinas no entendemos bien la repercusión que eso tiene, pero es como si nos dijeran que Miguel Hidalgo no existe. Casi, casi.

FICM: Absolutamente. Ahora, yendo a temas de forma, Lav suele filmar con planos generales, planos muy abiertos. Entonces me pregunto si eso te obliga a ti a tomar decisiones distintas de las que tomarías si fueran más planos cerrados, planos medios. ¿Se convierte tu actuación en algo un poco más corporal?

GGB: Sí, te condiciona. Cada película es un universo, entonces sí te condiciona el hecho de que sea solo una toma o dos a lo sumo, que sean estos planos muy abiertos. Que Lav no hablara portugués, por ejemplo. Entonces estabas haciendo una escena con alguien que no entendía lo que estábamos diciendo. Había que a veces decirle, “Oye, creo que nos fuimos por otro lado, porque yo nunca había actuado en portugués”. Entonces de pronto era demasiado trabajo y mucha responsabilidad. Y a veces me equivocaba y le decía, “Tenemos que hacer otra, porque no dije cualquier cosa”. Y me decía, "¿Ah, sí? Ah, bueno, OK, hagamos otra, entonces". Entonces tenía como ese componente, y sí, es un cine muy particular, pero no siento que internamente hacía algo distinto en cuestión estructural de cómo interpretaba el personaje, de cómo actuaba. Cada personaje te condiciona, cada película te condiciona. Este era un animal propio. Además, yo contaba con una barba fantástica que me ayudaba muchísimo.

FICM: Ahora que mencionabas la barba, la vestimenta y demás: eso es algo que siempre me llama la atención en cuanto a las películas de un periodo. ¿Es algo que te ayuda a sumergirte más en el personaje, todo este aspecto de la reconstrucción de un periodo?

GGB: Las películas de época son fantásticas en ese sentido, porque es un marco operístico increíble de una época donde además no solo es el tema estético de una manera superficial, sino: ¿por qué la gente se vestía de esa forma, qué era lo que pasaba, por qué era notable? Y eso lo fui entendiendo ahí mientras iba leyendo acerca del personaje, de lo que había pasado, de lo que escapaban también, que eso es interesantísimo. Es quizás algo de lo que se habla poco. Quizás era tan importante lo que querían encontrar como aquello de lo que estaban escapando. Estaban escapando de una persecución religiosa fuertísima. No acaba de pasar el triunfo de los católicos en toda la península Ibérica y había una persecución tremenda contra los judíos y contra los musulmanes. Y vivíamos en una época donde la libertad era un concepto que estaba en ciernes, desde el punto de vista occidental, y en cambio en otros lados se experimentaba sin que existiese ese concepto tan arraigado o más bien tan descrito. O no había oposición a la ausencia de libertad.

Hay un personaje que me fascina de la historia de Magallanes, en particular: es otro portugués que se llama Francisco Serrão, que era su amigo y él se fue a Ternate, allá en las islas de las Especierías. Y es una historia similar a la de Gonzalo Guerrero en Yucatán [un náufrago español rescatado por los mayas que murió peleando a su lado en contra de Pedro de Alvarado]. Cuando llega una expedición y se encuentra a estos personajes que dicen: “Yo ya soy de aquí, yo ya tengo hijos, yo ya ocupo un lugar en esta sociedad, yo ya no quiero pertenecer a esa otra mitología de la que vengo. Yo ya me olvidé de ese lugar.” Y entonces había algo en esa descripción que entonces no existían palabras para describir. Lo que veían, lo que experimentaban era todo en base a Dios. Dios era el vehículo. La religión era el vehículo para poder expresarse. Entonces ellos no tenían las palabras como para poder decir lo fantástico que era la vida ahí. Era un contraste muy loco. Y eso era algo que les apasionaba también. Y también, bueno, la inquietud y curiosidad humana de ir más allá de lo evidente, ¡como diría Leono, con la Espada del Augurio!

FICM: Y ese elemento místico creo que es algo que va ligado a muchos momentos, en la película, de arrebatamiento religioso. Desde tu perspectiva, como actor, ¿cómo construye ese tipo de cosas Lav Díaz?

GGB: Pues mira, Lav pone la cámara y nosotros como actores encarnamos los personajes. Y sé que esto igual y suena medio redundante. Claro, eso es lo que uno hace normalmente, pero en este caso el cine de Lav no comunica mucho. Entonces nosotros tenemos que, en nuestra labor-vocación, encontrar estos personajes encarnándolos. Y ahí es donde sentí y entendí varias cosas, y me ha pasado con varios personajes. Entendí cosas que quizás desde un punto de vista más sociológico, antropológico, o incluso narrativo, describiría, pero sería como una opinión, y un tanto conclusiva. Y, en cambio, encarnando el personaje, existen todas las contradicciones del ser humano que de alguna manera incorporo en algo que llego a entender, si esa es la palabra. Y, por ejemplo, volviendo al tema de la falta de palabras para describir lo que experimentaban, cuando lees los relatos de aquel entonces, pues la narrativa, la retórica, no está tan depurada y a veces el único adjetivo que utilizan para describir algo es “bello”. “El atardecer más bello. El estrecho más bello que hemos cruzado jamás”. ¿Qué entendemos cuando dicen “es el estrecho más bello que hemos cruzado jamás”? Eso es lo que escribe Pigafetta, “el estrecho más bello”.

No hay más palabras para describir eso. El agradecimiento a Dios que tienen al cruzar el estrecho, al encontrarse con ese océano que conocemos hoy en día como Pacífico. Porque justamente lo que ellos experimentaron es que de pronto se calmó el agua. Leí que para los exploradores de hoy en día —la NASA y muchísimas instituciones— Magallanes es como un héroe. ¿Y por qué? Porque argumentan que llegar a la Luna es más fácil que cruzar el Pacífico. Porque por lo menos sabes que la Luna está allí y en el Pacífico no tienes idea de dónde estás. En ese momento no tenían idea de cuánto iban a tardar, de cómo soplaban los vientos, de nada. Y lo cruzaron a la primera y lo cruzaron con un 60% o 70% de mortalidad. Se fueron muchísimos durante el trayecto. Fueron como tres meses y medio más o menos que tomaron cruzando el Pacífico. Se les acabó la comida, se les acabó todo. Entonces, cuando llegan a estas islas, pues obviamente el fervor mesiánico les cae encima. Dios quiere que estén ahí, ¿no? Y era como entendían ellos el mundo. Por algo estamos aquí, por algo estamos en este lugar. Eso es increíble de las Filipinas hoy en día. Es uno de los países más amigables, quizás el más amistoso de todos en los que yo he estado. La gente más buena onda.

Magallanes (2025, dir. Lav Díaz)

Y creo que Magallanes y su compañía, al llegar allí y al empezar a hablarles de Dios —esto se sabe en los relatos ahí de lo que experimentaron— rápidamente los convenció a todos. Todos le dijeron “Ah, nos funciona, buenísimo ese plan, suena bueno ese concepto de Dios. A ver, cuéntanos más cómo es. Ah, yo quiero también ser parte de esto. Me encanta, me encanta”. Fue tan rápido que yo creo que se emocionaron muchísimo y dijeron “Wow, esto es alucinante”. Si Magallanes no hubiese ocupado un lugar tan fuerte o no hubiera habido un debate político en torno a Magallanes desde entonces —porque era considerado traidor por la Corona de Portugal, porque los españoles desconfiaban muchísimo de él— yo creo que ahorita tendría todas las credenciales para ser santo por todo lo que hizo. ¡De verdad! Incluso hizo hasta milagros, con lo del santo niño, que es una historia que yo no conocía, pero el Santo Niño, la figura del niño que llevó a las Filipinas, es la figura más importante de veneración hasta la fecha.

FICM: Finalmente, y pensando en que hiciste un trabajo de exploración extraordinario para entender a ese personaje en su contexto: la película no es didáctica. No es un relato convencional que te vaya narrando punto por punto la vida de Magallanes, sino que es una película que se atiene a una idea del cine como un aparato para mostrar cosas. Tan simple como eso. Y tan complicado como eso. ¿Entonces crees en eso? ¿Crees en un cine que muestra más de lo que enuncia, de lo que dice, de lo que explica?

GGB: Siento que no pertenezco a ningún credo en el cine, en particular. La verdad es que soy muy sui géneris en ese sentido. No sé, quizás te diría que hoy en día lo que más me aburre, o lo que menos me llama la atención del cine, son las películas diseñadas en un escritorio y que son consideradas películas que funcionan de una manera comercial perfecta. Lo que menos me llama la atención es el cine que no tiene mucha imperfección. Y tiene que tener un componente importantísimo, que es un ritual locochón, indescriptible, que jamás se puede gestar desde un escritorio. Es imposible que con un buen pitch se pueda hacer, se pueda llegar a ese ritual que se precisa, ¿no? Quizás mi condición de actor me hace menos voyerista en cierto sentido. Y eso siento que me hermana más con el hecho de que al cine hay que entrarle embarrándose de lodo; de alguna forma hay que revolcarse allí. Siento que, cuando es demasiado voyerista, el cine es un ejercicio medio estéril y un tanto ventajoso también. Siento que es mejor poner el cuerpo en las películas, estar allí, entrarle. Entonces, pues, con todo esto que estoy aquí medio elaborando caóticamente, sí coincido con el hecho de que es buenísimo mostrar la puntita del iceberg y no el iceberg completo en el cine. Definitivamente sí. En principio sí. Pero bueno, depende de qué tan grande es el iceberg, ¿no?