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Alejandro Pelayo: “Es posible filmar a pesar de todos los obstáculos”

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FICM: ¿Cuál es la generación de la crisis y por qué le llama así?

Alejandro Pelayo: Tenemos tres grandes periodos en el cine mexicano: la Época de oro, que es  aproximadamente de finales de 1930 hasta mediados de 1950. Luego, hay épocas intermedias donde aparentemente no pasa nada, como son los años sesenta. Sin embargo, esos años son la base para que se forme una generación que va a tener su mejor momento durante 1970, que es la generación del echeverrismo.

En la Época de Oro el cine fue de producción privada cien por ciento; en los setentas se trata de un cine financiado completamente por el estado. Este periodo acaba con el final de sexenio del presidente Echeverría en 1976. Los dos últimos años son el final de ese periodo de cine estatal y de esa brillante generación de directores. Luego hay un cambio de política cinematográfica que se da exactamente a partir de 1979, cuando la entonces directora de Radio, Televisión y Cinematografía, Margarita López Portillo, decide descontinuar la política estatal y promover el apoyo de la iniciativa privada. De esa manera, bajó casi a números insignificantes lo que era la producción estatal que había estado en alrededor de treinta cuarenta o películas en los años anteriores.

Esta generación a la que yo llamo de la crisis se refiere a que había una crisis económica terrible y una falta de política cinematográfica de apoyo.

FICM: ¿Qué es lo que pasa con esa nueva iniciativa que suprime el apoyo estatal?

Alejandro Pelayo: Se dispersa esta generación de cineastas. Unos se meten a la televisión, otros hacen películas comerciales y uno de ellos, Jaime Humberto Hermosillo, que habiendo realizado películas tan importantes con apoyo estatal, de pronto reinventa el cine independiente y empieza a hacer películas de muy bajo presupuesto, en formato 16 mm. Eso nos demuestra, primero, que es posible filmar a pesar de todos los obstáculos, y segundo, que es posible filmar historias personales con muy pocos recursos.

FICM: ¿Qué caracteriza a las obras de esta generación?

Alejandro Pelayo: El libro trata de 14 operas primas que tienen como denominador común que por primera vez surge la figura del director productor, es decir, el director se vuelve el productor porque no había nadie que produjera su película. Eran proyectos personales, casi todos con guiones de nosotros mismos.

FICM: ¿Qué características tienen estas películas?

Alejandro Pelayo: De las catorce, diez o doce tienen premios internacionales. Hubo una presencia nacional e internacional cuando estas películas se hicieron en 35 mm. Estos filmes de alguna forma son el antecedente de la forma de producción que va a venir después.

Yo quise rescatar esta generación medio perdida porque tiene el gran mérito de que a pesar de que las condiciones económicas y políticas del país eran muy difíciles logra ser un cine personal de autor.

FICM: ¿Cuándo acaba el momento de crisis?

Alejandro Pelayo: En el noventa, cuando cambia el sexenio nuevamente y entra como director del IMCINE otro cineasta: Ignacio Durán. Ya no se hacen películas en cooperativa por la presión de los sindicatos y se instrumenta un sistema de coinversión donde el IMCINE pone hasta el 60 por ciento de una película y el resto lo consigue el productor director pero ya a través de una compañía privada. Yo diría que ese esquema es el que prevalece hasta ahora.

FICM: ¿Cómo ves a las nuevas generaciones de cineastas?

Alejandro Pelayo: Estoy muy gratamente sorprendido por el documental mexicano, creo que está siendo más importante que las propias ficciones. Creo que hay un acercamiento a nuestra realidad a través del documental y que aunque siempre están surgiendo propuestas de ficción, creo que es el momento del cine documental.