04 · 9 · 15

¿El cine de la crisis? Películas mexicanas en los 80

Por: Ma. Cristina Alemán (@mcristina)

En su libro La Generación de la Crisis. El Cine Independiente Mexicano de los Años Ochenta (2012), Alejandro Pelayo (director de cine, guionista y actual director de la Cineteca Nacional), propone que la industria cinematográfica nacional de los años 80 sufrió una crisis como resultado de la reducción drástica del apoyo estatal. El libro rescata catorce óperas primas de cineastas que filmaron en estas difíciles condiciones y que fueron reconocidos a nivel internacional – es decir, que crearon ‘cine de calidad’ pese a todo. Estos personajes sentaron, de acuerdo con Pelayo, un antecedente para el cine independiente que surgiría más adelante en nuestro país.

Pero ¿qué hay del resto de las producciones que se realizaron en México en esa década? En el marco del congreso anual del Society for Cinema and Media Studies (SCMS), que este año se realizó en Montreal, se presentó una mesa redonda en la que cuatro académicos de distintas instituciones consideraron aquellas películas mexicanas de los 80 que no necesariamente entran en el molde de ‘cine de calidad’.

Sergio de la Mora, doctor en Literatura de la University of California, Santa Cruz, y profesor asociado de la University of California, Davis, habló sobre las sexicomedias ochenteras – la herencia light del cine de rumberas que floreció en la llamada Época de Oro y del cine de ficheras que nació en la década de los 70. Las sexicomedias han sido casi completamente ignoradas por los historiadores y críticos de nuestro cine, descalificadas como demasiado malas para ser tomadas en serio. En su ponencia, de la Mora se concentró en la película Solo para damas (1981) dirigida por Fernando Durán Rojas. Esta película superficialmente invierte los roles de género de las sexicomedias: en Solo para damas, son los personajes femeninos quienes acuden a un club de striptease a gozar de los bailarines exóticos y aparentemente el objeto del deseo es, por una vez, el cuerpo masculino. Sin embargo, una mirada más profunda a la película demuestra que, aunque problematiza la concepción de la masculinidad y los roles de género tradicionales, el desarrollo de la trama finalmente coloca a las damas ‘en su lugar’ y los impulsos sexuales de las mujeres son subordinados al deseo masculino una vez más. En todo caso, el análisis de Solo para damas demuestra que hay mucho que decir sobre las sexicomedias, más allá de si son ‘malas’ o no.

{{Solo para damas}} (1981), de Fernando Durán Rojas

Olivia Cosentino, estudiante de maestría de la Ohio State University y organizadora de la mesa redonda, asegura que la década de los 80 es una de las épocas más incomprendidas del cine mexicano. En su ponencia analizó la representación de la juventud en las películas protagonizadas por Lucerito, Luis Miguel y Pedro Fernández, específicamente Coqueta (1983, dir. Sergio Vejar), Ya nunca más (1984, dir. Abel Salazar), Fiebre de amor (1985, dir. René Cardona Jr.) y Delincuente (dir. Sergio Vejar, 1985). Estas producciones financiadas por Televisa estaban atadas a la promoción de los actores como productos; Lucerito, Luis Miguel y Pedro Fernández, las jóvenes celebridades por excelencia, se presentaban en programas de televisión como Siempre en domingo, vendían discos y daban conciertos. Además de señalar el aspecto comercial de las películas, Cosentino destacó la intención didáctica de las mismas: las figuras paternas demuestran la manera ideal de relacionarse con los hijos, los hijos no transgreden la autoridad de los padres y, cuando lo hacen, las consecuencias son fatales (basta recordar que en Ya nunca más la desobediencia parece provocar la amputación de la pierna de Luis Miguel). De acuerdo con Cosentino, estas películas de alguna manera colocaban a Televisa como guardián moral de los medios. Además, ella nota que estas producciones privadas no fueron afectadas por la reducción de presupuesto estatal – más que considerar el cine de los 80 como el cine de la crisis, Cosentino propone considerarlo como el cine del boom corporativo. El error ha sido descalificar estas películas por su falta de valor estético e ignorar su enorme popularidad.

{{Coqueta}} (1983), de Sergio Vejar

Además, el cine de la década de los 80 en México tampoco se reduce a producciones comerciales ‘chafas’. Iván Eusebio Aguirre Darancou, estudiante de doctorado de la Washington University, St. Louis, presentó una ponencia sobre los superocheros, un grupo de cineastas de resistencia que filmaban, como su nombre lo indica, en súper ocho milímetros. Aguirre explica que los superocheros utilizaban las cámaras como armas de la contracultura y se basa en la obra del cineasta Sergio García Michel para ilustrar cómo buscaban “crear conciencia, pero no formarla”. A través de una mirada a obras como El fin (1970), Ah, verdá? (1973) y Un toke de roc (1988), Aguirre reúne algunas de las características de este cine: el papel de la mujer como sujeto del deseo, pero también como una compañera de la lucha social; el uso de substancias alucinógenas como una manera de romper con una realidad opresiva y generar politización; el rock como expresión de la contracultura y la crítica al consumismo. Estas películas, producto de una comunidad urbana moderna que no se adhería ni al gobierno ni al sector privado, no se exhibían en la televisión ni en las salas de cine. En cambio, los superocheros mostraban su obra en cine clubs underground y en espacios como el Foro Tlalpan. Hoy en día muchos de estos cortometrajes y largometrajes están disponibles en YouTube, así que no existen más excusas para ignorarlos.

{{Un toke de roc}} (1988), de Sergio García Michel

¿Pero qué estaban haciendo los cineastas consagrados en los 80? Niamh Rosario Thornton, profesora e investigadora de la University of Liverpool, en el Reino Unido, le brindó visibilidad a tres autores mexicanos que hicieron cine en esa época, películas que sí pueden ser consideradas ‘de calidad’. A través del análisis de Lo que importa es vivir (1987) de Luis Alcoriza, El apando (1976) de Felipe Cazals y Misterio (1980) de Marcela Fernández Violante, Thornton demuestra que estudiar el cine mexicano de los 80 no necesariamente implica especializarse en lo kitsch. Estas películas no pueden ser categorizadas como ‘churros’ y tampoco son cine contracultural, se trata de cine reconocido por las instituciones como valioso, o por lo menos ‘de buen gusto’. De acuerdo con Thornton, el objetivo de recuperar esos títulos es perturbar la idea común de que en esa época en México no se hacía nada y cuestionar los modelos tajantes que se han usado para contar la historia del cine mexicano hasta ahora.

{{Lo que importa es vivir}} (1987) de Luis Alcoriza

El trabajo conjunto de estos académicos hace aún más contundente la conclusión de la ponencia de Thornton. No se puede descartar toda una década de producción cinematográfica como insignificante. La historia de nuestro cine debe ser liberada de la narrativa en la que muere y renace cada determinado tiempo, y una manera de lograrlo es estudiando el cine mexicano en todas sus versiones, desde las películas de Lucerito hasta los cortometrajes experimentales en ocho milímetros.

Las ponencias presentadas en SCMS usualmente son parte de un proyecto mucho mayor de cada uno de los participantes, por lo que si estás interesado en alguno de los temas, te recomiendo anotar sus nombres y estar al pendiente de sus publicaciones.