02 · 22 · 21

El accidentado rodaje de El tesoro de la Sierra Madre

Por: Rafael Aviña

Decenas o tal vez cientos de películas extranjeras han intentado plasmar una visión realista, hiperrealista o alegórica sobre México. Una mirada exterior que se debate entre lo cotidiano y el exotismo. La dama de Shanghai, de Orson Welles; El tesoro de la Sierra Madre, de John Huston; westerns como: Butch Cassidy y Sundance Kid, de George Roy Hill; La pandilla salvaje, de Sam Peckinpah, o Dos mulas para la hermana Sara, de Don Siegel y otras más, son algunas insólitas joyas acerca de esa visión foránea sobre nuestro país que revisaremos en este espacio.

El tesoro de la Sierra Madre (1948, dir. John Huston)

El tesoro de la Sierra Madre (1948, dir. John Huston)

En 1948, el entonces veinteañero reportero Luis Spota descubría en los archivos de la Secretaría de Gobernación la Forma 14 de inmigración con fecha del 12 de julio de 1930 a nombre de Berick Traven Torsvan. Averiguó que ese enigmático hombre que narraba historias sobre México bajo el nombre de B. Traven vivía en Acapulco. Siguió su rastro hasta encontrarlo, lo entrevistó y fotografió. Él negó ser el escritor y se identificó como Hal Croves, guionista y agente cinematográfico de Traven. Ello daría pie a Spota para escribir un reportaje en la revista Mañana develando el misterio alrededor de B. Traven.

Meses antes, el 24 de enero de ese 1948, Hollywood estrenaba la primera y, sin duda, la mejor adaptación cinematográfica de una obra suya: El tesoro de la Sierra Madre. Así, con este fascinante relato sobre unos buscadores de oro estadunidenses en México dirigido por John Huston, arrancaba el traslado de la obra del escritor a la pantalla. No obstante, el rodaje en tierras mexicanas iniciado en 1947 no fue sencillo.

El domingo 23 de febrero de 1947, el semanario Cine Gráfico, publicaba la siguiente nota: “Impidió el pueblo la filmación de una película. Consideró denigrante para México las escenas que se tomaban. El pueblo de Tampico adoptó una actitud viril al presenciar la filmación de algunas escenas para la película ‘Los tesoros de la Sierra Madre’ (sic) que se estaba rodando bajo los auspicios de Warner Bros., bajo la dirección de John Huston y con la presencia como jefe de producción de Luis Sánchez Tello. Su protesta fue en forma enérgica, al ver que en una de las escenas habían agrupado limosneros, harapientos, mugrosos, borrachos y tipos estrafalarios con el objeto de darle ‘ambiente’ ya que querían hacer aparecer al puerto de Tampico como se encontraba hace 50 años. Y el pueblo se amotinó en contra de los cinematografistas, teniendo que intervenir la suprema autoridad del puerto, quien impidió el rodaje de la película y decomisó la cinta ya filmada…”.

…En apariencia, los problemas suscitados en Tampico se originaron a raíz de una historia falsa publicada por un periódico local y el salvoconducto llegó de la mano de Diego Rivera y Miguel Covarrubias, amigos de Traven, quienes intercedieron para retirar las acusaciones en contra de la producción de El tesoro de la Sierra Madre, que a su vez requirió otras locaciones en Bavispe, Sonora, Acapulco, San José Purúa y Jungapeo en Michoacán, así como de la propia Sierra Madre Occidental y Sur.

Aunque Traven escribió el guion, aceptó el tratamiento realizado por Huston, enviando a su agente Hal Croves (es decir el propio Traven), quien fungiría como traductor y asesor técnico. Croves/Traven sugirió las escenas del ataque al tren por parte de los bandidos encabezados por “Sombrero Dorado” —el gran Alfonso “Indio” Bedoya y ese intercambio de disparos entre él y el personaje de “Fred C. Dobbs” encarnado por Humphrey Bogart. A su vez, propuso a Huston que interpretara al estadunidense vestido de blanco que le da un peso de plata a Dobbs cada vez que este le pide ayuda para comer.

Adornada con una espectacular banda sonora de Max Steiner, El tesoro de la Sierra Madre, ambientada en 1925, captura la vida cotidiana del centro de Tampico: el Restaurant Anton, la Cantina Nuevo Sexenio, los Arcos de la plaza donde se apilan los escritorios públicos, un niño que recoge una colilla del suelo que fuma con placer, o los gringos sin trabajo que deambulan pidiendo limosna a otros compatriotas. Después, surge esa gran escena entre Bogart quien paga 80 centavos por su comida y el pequeño vendedor de lotería (Robert Blake), que le ofrece un billete que suma el número 13, por sólo 20 centavos.

Dobbs y un nuevo amigo, Bob Curtin (Tim Holt), se emplean con un contratista (Barton Maclane) que los lleva a una plataforma petrolera y se les escabulle para no pagarles. En los Dormitorios Oso Negro, Dobbs y Curtin conocen al viejo Howard (Walter Huston extraordinario), buscador de fortunas, quien relata cómo la codicia y la ambición destruyen al más sensato. Los amigos se topan con el contratista, se cobran su dinero y, después, con el billete premiado, se embarcan con Howard a rastrear pepitas de oro en la Sierra Madre donde el destino pondrá a prueba su alma y su raciocinio, más aún con el descubrimiento de una gran veta, la llegada de otro solitario buscador de oro (Bruce Bennett), y la aparición de una gavilla de bandidos mexicanos y de un grupo de indígenas que intentan salvar a un niño que cayó en una laguna.

Poster El tesoro de la Sierra Madre (1948, dir. John Huston)

El tesoro de la Sierra Madre (1948, dir. John Huston)

El tesoro de la Sierra Madre, ganadora del Oscar a Mejor Director, Guion y Actor Secundario (Walter Huston), es un reflejo de la convivencia que Traven tuvo con los indígenas de pueblos perdidos de México y un relato sobre la condición humana, la ambición y la llegada de la civilización que destruye el equilibrio de lugares idílicos. Aquí no sólo pueden sentirse las tolvaneras que nublan la vista, el sudor que empapa la ropa, o el polvo que se adhiere a todo el cuerpo; sino la paranoia, la desconfianza y la paulatina descomposición moral y mental del protagonista, con escenas brutales cono aquella en la que Dobbs se cruza con tres bandidos mexicanos, los excepcionales actores secundarios de nuestro cine el “Indio” Bedoya, José Torvay y Margarito Luna, y otras de enorme dramatismo como la del viejo Howard que busca reanimar al niño desmayado ante la expectación de los rostros de las familias indígenas que lo rodean, en particular el del padre del pequeño (el gran Manuel Dondé).

El tesoro de la Sierra Madre resulta además, un tributo involuntario al trabajo de grandes actores secundarios y de apoyo de nuestro cine, reconocibles quizá por su presencia y casi nunca por sus nombres. A los antes citados, se suman: Guillermo “El Indio” Calles como tendero del poblado, Arturo Soto Rangel de la Jefatura Municipal y Roberto Cañedo como el teniente federal. Ello, en una de esas obras maestras extranjeras filmadas en México, capaz de establecer un aura de credibilidad y fascinación a historias matizadas por los excesos, el misticismo, los misterios o el propio paisaje nacional.