06 · 16 · 21

Cruz, ante el rostro de la pérdida: Entrevista a Teresa Camou

Por: Gabriela Martínez @Gabmartivel

Teresa Camou Guerrero es una cineasta mexicana con raíces titiriteras que apuesta por el cine documental social, ese cine que va más allá y busca tener impacto en las comunidades que retrata.

Luego de realizar Sunú (2015), un documental que aborda la destrucción de la vida rural y la amenaza que acecha al maíz en México, Teresa Camou se adentró en la vida de Cruz, un líder rarámuri que desde muy joven trabajó en la defensa del bosque y los derechos de su comunidad; llegó a ser gobernador indígena, comisariado ejidal y síndico en la Sierra Tarahumara.

Cruz, documental ganador del Premio José María Riba en Impulso Morelia 6 durante el 18° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), sigue la historia de Cruz y su familia, quienes fueron despojados de sus tierras por el narcotráfico al rehusarse a cambiar la siembra de maíz por la de amapola. Desde entonces viven desplazados y amenazados de muerte, buscando desesperadamente justicia para poder regresar a su lugar de origen.

El FICM tuvo la oportunidad de platicar con la directora, quien nos habló del retó emocional que implicó realizar este documental, un retrato muy cercano y personal sobre las implicaciones en torno al desplazamiento forzado interno en la Sierra Tarahumara, así como de los motivos por los cuales decidió hacer este trabajo documental.

Teresa Camou

Teresa Camou

FICM: ¿Podrías hablar un poco sobre tu trayectoria profesional? Sabemos que has dedicado gran parte de tu vida al trabajo con personas desplazadas.

Teresa Camou: Soy titiritera de profesión, he trabajado por más de 25 años haciendo teatro de títeres social contando historias, como en el cine, que de alguna forma necesitan ser escuchadas, ser vistas. Posteriormente tuve una compañía de teatro indígena en la Sierra Tarahumara por doce años. Llegaba a la Sierra con palos, cartón, pintura y con un grupo de jóvenes rarámuris que casi siempre desertaban la escuela porque el sistema de educación rural en México es muy deficiente en las zonas rurales, principalmente. Trabajaba con ellos, construíamos títeres gigantes y les decía “¡Hay que contar una historia!”, ellos preguntaban “¿Cómo?” y les mostraba que teníamos personajes: una gallina, un árbol, una señora, un señor. Luego empezaba un proceso para que ellos pudieran elegir qué historia contar, poniéndoles nombre y oficio a los personajes. Ellos me decían: “Pero los pájaros no tienen nombre”, pero claro que podían tener uno. “Bueno, pues se llama Casimiro y es el que se dedica a volar y a ver lo que está pasando en las comunidades, es el mensajero”, decían.

Todo esto era muy bonito porque así tenían la oportunidad de contar las historias de la realidad de sus comunidades. De ahí viene mi gusto por contar historias por medio del arte.

Después de diez años de hacer teatro indígena y ser titiritera, decidí concluir mi etapa en teatro porque era muy complicado y cansado buscar recursos, además se vino una ola de violencia muy grande en Chihuahua. Era la época del gobierno de Calderón, entonces el narcotráfico empezó a tener un impacto muy grande en las zonas donde yo trabajaba, todo se volvió más inseguro y complejo.

En un cierre de evaluación con ellos, en 2012, yo estaba muy triste porque no sabía qué iba a pasar con ellos, ya no iba a poder ir con tanta frecuencia y quería saber cómo se miraban a futuro; ellos querían seguir trabajando la tierra, sembrando maíz, “no nos interesa salirnos de la comunidad, no nos interesa trabajar para el narco. No queremos trocas ni celulares, queremos seguir viviendo como campesinos”, dijeron. Eso me pegó muchísimo.

Por las películas que hago, sabía que ellos tendrían que migrar, sabía que en cinco años ninguno de ellos iba a poder seguir viviendo en la Sierra. Diez años después, me enteré de que la mayoría de los jóvenes con los que trabajaba habían tenido que irse.

En ese momento me di cuenta de que el teatro ya me quedaba muy chiquito, el teatro es efímero, se lo presentas a un público y en ese momento se acaba. Sabía que tenía que llevar sus historias más allá de la comunidad. La historia que en ese momento siempre contábamos era sobre la defensa del maíz, entonces ahí fue cuando se me ocurrió hacer una película.

Me pregunté, ¿qué arte visual te permite contar una historia que permanezca y pueda llegar a mucha gente? Me di cuenta de que el cine documental era el medio perfecto para eso. A través del cine, las historias de la gente pueden llegar a muchos rincones del mundo y permite que la narrativa viva por muchísimos años. Ahí decidí que tenía que cambiar al cine documental, quería seguir contando la historia de la defensa del maíz, el tema del que ellos siempre querían hablar. Para ellos era importante seguir sembrando el maíz, hablar de lo que significa para ellos; no se trata sólo del maíz como alimento, sino que tiene un sentido de reconocimiento, de comunidad, de dignidad, fuerza y autonomía. En ese momento decidí hacer mi primera película, Sunú (2015), que significa “maíz” en rarámuri.

Yo no tengo formación en cine, tengo formación en teatro y soy licenciada en Artes Visuales. Me tomó cinco años hacer Sunú, es una historia muy bonita de mucho trabajo. Logré tener FOPROCINE para postproducción, superé todos los obstáculos. Pude acercarme a varios cineastas, a gente que lleva haciendo esto muchos años y el proyecto salió adelante.

Durante el tiempo que grabé Sunú, la película se grabó por ocho estados de la República Mexicana y me encontré con varias historias de que la gente ya no podía sembrar maíz por el narcotráfico, por el alto nivel de inseguridad y violencia que esto implica. La gente estaba saliendo de sus comunidades y estaban dejando de sembrar maíz. Desde el principio iba detrás de la historia de la defensa del maíz, sin embargo, fue un impacto muy fuerte saber que el campo de México no sólo estaba siendo amenazado por la industrialización, por el Gobierno que ya no daba subsidios para los productores o por los transgénicos que estaban arrasando con las semillas nativas, sino que además estaba esta otra cosa que es el narcotráfico.

Cruz (2021, dir. Teresa Camou)

Cruz (2021, dir. Teresa Camou)

FICM: ¿Cómo conoces a Cruz?

TC: Mi gran amigo Cruz, él es un rarámuri que trabajó por ocho años con mi mamá que es defensora de los derechos humanos en Chihuahua. Ella ha trabajado toda su vida en la Sierra Tarahumara por la defensa de la soberanía alimentaria, por los derechos indígenas en una pequeña ONG que ella fundó llamada CONTEC. Por mi mamá conocí a Cruz, pues con ella yo daba talleres de teatro y Cruz era técnico, era un líder indígena que se fue especializando en la defensa del bosque y los derechos indígenas; él iba a impartir talleres por toda la Sierra Tarahumara y por eso coincidíamos en varios momentos, yo dando talleres a los jóvenes y él a los adultos. Hemos tenido una fuerte amistad desde hace más de 20 años.

Desde los 18 años, Cruz, fue gobernador indígena, luego fue comisariado ejidal, síndico; siempre tuvo un papel muy importante en su región. Él terminó su trabajo en CONTEC pero siguió su carrera de líder.

Lo conocí súper joven, recién casado, vi cómo fueron teniendo a sus cinco hijos y me divertía mucho con él. Un año después de terminar Sunú, me enteré de que mataron a uno de sus hijos y a las tres semanas tuvo que huir toda la comunidad. Entonces, todas estas situaciones, que es el principio del desplazamiento y la gran tragedia de él, su familia y su comunidad, las vivo junto con ellos porque mi mamá estuvo recibiendo todas las llamadas de ayuda.

Cuando empezaron a suceder estas tragedias, yo ya vivía en la Ciudad de México, mi mamá me contaba y no podía creer que esto le estuviera pasando a él. No podía creer que esto le estuviera pasando a alguien a quien conocí con una gran fuerza, luchando por su pueblo, con una ética inquebrantable. En ese momento, hablando con mi mamá, ella me preguntó “¿por qué no haces una película sobre el desplazamiento forzado interno en la Sierra Tarahumara?”.

Ese es el nombre legal: Desplazamiento forzado interno. No es reconocido por el gobierno, la gente no sabe que esto existe. Todo mundo piensa que cuando la gente se va, emigra a otro país y la realidad es que hay un gran desplazamiento interno de personas que se quedan atrapadas en el país no porque no quieran irse, sino porque nunca hubieran pensado que tendrían que hacerlo. No tienen a dónde ir, no hay forma de encontrar un lugar seguro donde ellos puedan vivir. Esto pasa en la mayoría de las comunidades indígenas.

Volví a ver a Cruz después de muchos años, justo cuando pasó por esta tragedia. En ese momento Sunú ya estaba terminado, ya se estaba viendo en festivales.

Sunú fue una experiencia muy bonita, fue mucho trabajo, pero entendí el alcance que puede llegar a tener una película. Me dije: “Voy a hacer otra”, todo lo que no sabía con Sunú lo quiería volver a hacer. Aparte para mí lo más importante es eso: visibilizar esas historias que de alguna otra forma no sabríamos de ellas. Creo que el cine documental es una alternativa para darle voz a la gente, pues de otra forma no los escucharían, serían personas totalmente anónimas.

Cuando llegué con Cruz, él ya vivía en el exilio, ya estaba desplazado, ya le habían matado a su segundo hijo. Toda la comunidad ya estaba exiliada también.

Lo vi en Chihuaha, en una función de Sunú. Lo invité por teléfono, le dije que trajera a toda la familia. Yo ya tenía el plan, quería decirle que tenía la intención de contar una historia con él. Cuando Cruz vio Sunú, se conmovió muchísimo porque ahí vio la vida que el narcotráfico le había quitado. La mitad de la película la había filmado en la Sierra Tarahumara, su vida era el maíz y le habían quitado la oportunidad de seguir sembrándolo.

Después de la función nos fuimos a tomar un café y le dije: “Tú conociste mi trabajo en el teatro, viste cómo contaba las historias con los muchachos ahí en la Sierra, acabas de ver mi película y creo que te das cuenta de qué es lo que hago. Me da mucho coraje lo que te está pasando y me gustaría contar tu historia porque no sé si habrá justicia algún día, pero podemos hacer justicia visibilizándola. Si no la contamos, te vuelves invisible y todas las demandas y denuncias que haz hecho, acabarán sólo como un número en una carpeta, en una oficina de la policía; yo no quiero que pase eso”. Él me dijo que hablaría con su familia y al día siguiente me habló para decirme “Sí, vamos a hacerlo”.

Cruz (2021, dir. Teresa Camou)

Cruz (2021, dir. Teresa Camou)

FICM: ¿Cómo fue el proceso de filmación de Cruz?

TC: Fue un trabajo de cinco años. Yo vivía en la CDMX, pero viajaba a Chihuahua una vez al mes durante dos semanas, así durante dos años. Cruz y su familia viven separados porque tienen medidas cautelares, viven en “casas de seguridad”; se llaman así no porque tengan cámaras ni barrotes, no significa nada en realidad.

Fui de casa en casa para hablar con cada uno de los integrantes de la familia, me reconecté con todos ellos. Además, me puse en contacto con otra familia que había sido desplazada de la misma comunidad. En total fueron cerca de 145 personas las que huyeron. A partir de ahí empecé a ver el cómo y el por dónde empezar a contar la historia de Cruz.

FICM: Una de las cosas que más llaman la atención del documental son las repercusiones emocionales que conlleva el desplazamiento, lo que representa dejar atrás toda tu vida, ¿Cómo fue para ti enfrentarte a toda esta situación tan sensible?

TC: Creo que apenas estoy procesando mucho de lo que pasó. Luego de hacer una película sobre la defensa del maíz, donde sabes que al final lo que quieres es que la gente salga de la sala con la cabeza en alto, con el orgullo de saber que México vive, que México resiste… No sabía en lo que me estaba metiendo cuando empecé a hacer Cruz. Sabía que era un tema delicado, de mucha violencia, donde todos estaban amenazados de muerte. Todo eso lo entendía, pero no sabía cómo contar algo tan complejo, situado en el momento en el que estaba pasando. Esto no sucedió hace diez o veinte años, no es una situación en la que los personajes ya no existen o  que ahora viven en otro país, etcétera.

Yo dije: “Mi eje va a ser el instante, lo que me quieran contar”. Decidí no recrear nada porque no son actores, porque quiero que la gente entienda lo que implica la pérdida, por eso incluí una segunda familia que vive en la Sierra Tarahumara, quería retratar sus usos y costumbres. Cuando Cruz dice “Lo perdí todo” o “Todo lo que fui ya no existe”, y lo contrastas con las imágenes de esta otra familia en su vida cotidiana, con sus animales, en su casa, bailando para “pisar al Demonio”, eso es lo que algún día fueron Cruz y su familia, pero ahora ya no, es lo que ellos quisieran recuperar, pero ya no podrán tenerlo nunca.

No sabía cómo quería que terminara la película, tenía muy clara la dureza de la historia. El final lo dejé llegar dependiendo de lo que pasara en esos 18 meses que estuve filmando.

En resumen, ese fue mi primer arco narrativo y por eso la historia no termina con un final feliz, porque es un gran ejemplo de una situación real donde no hay ninguna seguridad, porque no hay justicia en este país.

La película cierra con una danza, un yumare, lo cual fue muy emotivo porque de pronto, durante la filmación Cruz dijo “Quiero bailar, necesitamos bailar porque nos estamos desintegrando y tenemos que recuperar quiénes somos, aunque estemos en otro lugar”. Eso me hizo llorar, los grabé en el momento más doloroso. Es tristísimo porque es lo último que les queda, no quieren perder su identidad. Me costó mucho, no había vivido tan cerca el dolor de la gente. Terminas por apropiártelo. Muchas cosas las fui resolviendo durante la marcha, hablo a nivel emocional. Creo que por la cercanía que tenía con Cruz y su familia, nos fuimos sosteniendo juntos. Fue muy difícil grabar una situación de tanto dolor.

Cruz (2021, dir. Teresa Camou)

Cruz (2021, dir. Teresa Camou)

FICM: ¿Cómo fue el proceso de entrevistas?

TC: Me acerqué a psicólogos para saber cómo abordarlos sin revivir el trauma durante el diálogo. Hice una gran investigación antes de cada entrevista. Cada una de ellas eran de hasta seis horas porque no quería sólo hablar del dolor, sino quería entablar una conversación donde también ellos pudieran sacar la alegría de hablar de quiénes eran y quienes son ahora. Cuando ellos se sentían más seguros, era cuando hacía las preguntas más difíciles. Siempre hablábamos antes, les decía “vamos a hablar de esto, ¿Cómo quieres hacerlo?”, entonces lo que hice fue crear una complicidad muy grande con ellos.

Al terminar la edición, vine a Chihuahua a presentarle la película a Cruz, a su mamá y a su hija Nubia. Renté una sala de cine para que cada uno viera la película por separado, no quería que vieran la película juntos y quería que la vieran en pantalla grande porque quería que vivieran la experiencia de qué es una película. Si para ellos fue difícil lograr esta película, quiero que se vean grandes para que entiendan la dimensión que puede llegar a tener.

Decidí que vieran la película por separado porque después, si quería que nos sentáramos a dialogar. Pensé que podría darles pena y, además, en la película se dicen cosas que no se han dicho entre ellos.

Luego de que vieron la película, me conecté por Zoom con la editora, Lucrecia Gutiérrez Maupomé, para poder dialogar entre los tres. Fue para ver qué les había gustado, qué no, para saber qué debíamos cambiar, qué no. Nos esperábamos lo peor, pero terminó siendo uno de los momentos más lindos de todo el proceso porque hubo mucha complicidad entre todos. Sus opiniones fueron muy importantes para el cierre de edición.

Cruz tuvo una catarsis, lloró mucho. Me dijo: “Acabas de resumir el dolor en 90 minutos. Es muy triste porque siento que no he hecho nada, siento que perdido todo y no he logrado nada”.

Con Nubia estaba muy preocupada por el hecho de que en el documental ella habla de que tomó pastillas para “aliviar el dolor”. Esa secuencia fue la más difícil, no sabíamos si meterla o no; al final Lucrecia y yo apostamos por incluir esa parte en la película. Aquí el reto fue averiguar cómo manejar el tema sin caer en el morbo o en algo demasiado dramático que llegara a lastimarla. Esta secuencia, para mí, es de las mejor trabajadas en la película. Nos apoyamos en un psicólogo, le pregunté cómo podía presentarle a Nubia la película, qué podía hacer en caso de que ella tuviera alguna reacción al revivir ese momento. Él me dijo: “Teresa, tranquila, habla con ella, indaga más sobre el hecho de que ella se tomara las pastillas”, porque para Nubia esto no fue un intento de suicidio, para ella esto era un intento por calmar el dolor en un momento de crisis donde ella no sabía cómo detener todo lo que estaba sintiendo.

Cuando le presentamos la película a Nubia, Lucrecia y yo estábamos muy nerviosas, pero ella siempre se mostró muy dura, tenía la mirada fuerte y dijo: “Me preocupa mi papá, lo que le pueda llegar a pasar”. Ella siempre fue la más clara y directa, desde el principio. Le pregunté qué era lo que ella consideraba que su papá no debería decir en la película, ella me dijo “No sé, no es lo que él dice, somos nosotros”. Le comenté que el objetivo de esta película no era lastimarlos, sino que buscábamos visibilizar su situación y para ayudarlos, no sólo a ustedes sino a las demás familias.

Cuando le presentamos la escena de las pastillas, le preguntamos qué pensaba sobre eso. Ella dijo: “No, esa Nubia que sale ahí tenía 16 años. Yo ya no soy ella, ya tengo 19”. Estaba de acuerdo en que esa parte de la entrevista saliera.

FICM: ¿Qué representó para ti haber participado en Impulso Morelia?

TC: Con Sunú decidí no hacer toda la película sola, pedí ayuda, porque no quería que fuera enlatada como si hubiera sido realizada por una ONG. Por eso, con Cruz buscamos la forma de meterlo a pitch desde el principio, entre ellos Impulso Morelia, donde ganamos. El haber formado parte de Impulso fue una gran oportunidad, una catapulta; el poder escuchar a cuatro jurados y a Andrea Stavenhagen fue muy bueno porque recibí muy buena retroalimentación.
Tenía un poco de miedo porque Cruz era el único proyecto documental seleccionado, los demás eran ficción. Al final eso era lo que quería, que la película documental fuera creciendo para lograr ese impacto que estaba buscando.