08 · 13 · 18

Vértigo 60: El amor voraz de Margaret Wood

Por: Alonso Díaz de la Vega @diazdelavega1
Este texto pertenece al fanzine Vértigo 60, coordinado por Carlos Rodríguez, y presentado el 16 de junio en Casa Tomada, con motivo de la celebración de el 60 aniversario de la emblemática cinta de Alfred Hitchcock.

 

Su perfil no resplandece encima de un fondo rojo. Margaret Wood: Midge, no regresa de entre los muertos ni vuelve con ellos. No es una figura clásica como Madeleine. Sin embargo Vértigo (1958, dir. Alfred Hitchcock), y en particular su protagonista, Scottie, serían otros sin ella. El amante obsesionado y trágico sería sólo un enamoradizo sin suerte. Su deseo irrefrenable por una mujer más inventada que descubierta sería sólo el amor de un iluso. Pero Scottie es perverso.

En la segunda escena de Vértigo, Scottie se encuentra en el departamento de Midge. Ella diseñada ropa interior femenina. Es la única persona en la película que le llama a Scottie por su nombre real: John. Le dice Johnny, con cariño. O Johnny’o. Mientras conversan sobre el retiro ya próximo de Scottie y el fastidio de andar con un bastón, una vuelta en la conversación nos revela el origen de su amistad. Scottie pregunta por la vida amorosa de Midge y ella responde que en su corazón sólo existe un hombre. “Yo”, dice Scottie. Durante la universidad estuvieron comprometidos tres semanas y Midge, un reflejo del hombre que ama, sigue obsesionada con lo que pudo ser, aunque ella rompió el compromiso.

midge wood vertigo hitchcock

Vértigo (1958, dir. Alfred Hitchcock)

A menudo Midge actúa de manera maternal. Cuida de Scottie, lo tolera e incluso lo vigila. Hitchcock la filma varias veces en un close-up para mostrar su autoengaño y su inmediata desilusión. Cuando Scottie rescata a Madeleine y la lleva a su departamento, Midge llega en auto justo cuando la muchacha sale. “¿Es un fantasma?”, se pregunta sola. “¿Estuvo divertido, Johnny?”. Midge sonríe al decirlo, fingiendo que le alegra que el amor de su vida tenga una novia, pero pronto su boca rompe la curva y se alinea en la desdicha. Ella persigue a Scottie como él a Madeleine, y nos muestra que su amor, aunque no necesariamente sano, es más genuino que el de la mujer que tiende una trampa. Scottie elige la tragedia.

En su intento más desesperado por recuperar a Scottie, Midge pinta el retrato de un fantasma que Madeleine se sienta a ver por horas y que parece poseerla. Pero en el rostro de Carlota Valdés, Midge pone el suyo. Cuando Scottie lo ve, su reacción es devastadora: se siente ofendido.

Nunca sabremos exactamente qué hay entre ellos dos, pero claramente sienten seguridad. Midge encamina a Scottie a la tragedia con sus mimos maternales y él le da la compañía que ella pudo haber perdido por completo al negarse al matrimonio. Es un castigo perpetuo que culmina con una larga imagen de ella alejándose de la habitación donde está inmóvil el hombre que ella amó hasta romperlo.