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Rumbo al #20FICM: YO, El PLACER ES MÍO e Impulso Morelia

Rafael Aviña

El investigador, crítico cinematográfico y escritor, Rafael Aviña, prepara el camino rumbo al #20FCM con un recuento puntual de los largometrajes de ficción ganadores en las ediciones pasadas del FICM. En esta ocasión aborda Yo (2015, dir. Matías Meyer) y El placer es mío (2015, dir. Elisa Miller), ganadoras en el 13° FICM, y el nacimiento de la iniciativa Impulso Morelia.

En 2015 en su edición número 13, el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) estrenó un nuevo proyecto que hoy en día ha dado frutos notables. Se trataba de Impulso Morelia, que surgía con el fin de apoyar trabajos en proceso y/o en posproducción y cuyos los ganadores de ese año serían el documental Plaza de la Soledad, dirigido por Maya Goded, y el largo de ficción Minezota, de Carlos Enderle. La iniciativa de Impulso Morelia nacía con el fin de contribuir a una constante proyección del cine mexicano en el extranjero y ofrecer con ello un diálogo constructivo entre cineastas nacionales y profesionales de la industria mundial; ello, a partir de una propuesta de José María Riba, tenaz promotor del cine mexicano y creador original del concepto Impulso Morelia.

Tanto Minezota (2016), ambientada en la popular Ciudad Nezahualcóyotl, donde se narran una serie de crónicas que se unen en un punto, realizada con un ritmo eficaz y una espléndida fotografía en blanco y negro de Raúl Campero, como Plaza de la Soledad (2016), centrado en un grupo de trabajadoras sexuales de la tercera edad, que se reúnen alrededor de esa plaza cercana a la Merced, observadas de manera emotiva y sensible, se exhibirían en la edición número 14 del FICM.

En aquel 2015, todo parecía indicar que Te prometo anarquía (2015), de Julio Hernández Cordón, se levantaría con uno de los galardones principales, no obstante, obtuvo tan sólo el Premio Guerrero de la Prensa, y el Ojo a Mejor Largometraje Mexicano de ficción recayó en Yo (2015), de Matías Meyer, que a su vez conquistó el Ojito a Mejor Actor para Raúl Silva. Por otra parte, el Ojo a Mejor Primer o Segundo Largometraje Mexicano fue para El placer es mío, de Elisa Miller, en un año que a su vez, la cinta de Jack Zagha, Almacenados (2015), obtuvo el Premio del Público. El Ojito a Mejor Actriz fue para Jana Raluy por Un monstruo de mil cabezas (2015), dirigida por Rodrigo Plá.

Yo (2015, dir. Matías Meyer)
Yo (2015, dir. Matías Meyer)

Responsable de obras tan crípticas como Wadley y El calambre, el joven cineasta independiente Matías Meyer dio un giro más interesante a su carrera con Los últimos cristeros (2011), exploración muy personal de la Cristiada. Sin desprenderse del todo de ese estilo minimalista y estética contemplativa que lo caracteriza, Meyer conseguía un inquietante retrato a medio camino entre la ficción y el documental en Yo. Inspirada en un relato del Nobel francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, la película plantea la frágil línea que separa a un joven con limitaciones mentales de la vida simple y rutinaria a la tragedia. Yo está dividida en dos partes: ambas muy interesantes, aunque mejor lograda la primera por su búsqueda de lo cotidiano, y la segunda un tanto más convencional sin restarle un punto intrigante debido a la interacción de actores no profesionales.

El personaje de Yo (Raúl Silva —asombroso—) dice tener 15 años pese a ser mucho mayor. La relación con su madre (Elizabeth Mendoza) es muy cercana, no así con el amante de ella, un sujeto que se burla del muchacho todo el tiempo. Yo ayuda a su madre en su restaurante ubicado a la orilla de una carretera; es un chico solitario y extraño que cree tener dones de clarividencia. No obstante, su vida cambia con la llegada de una niña de 11 años (Isis Vanesa Cortés), hija de la nueva cocinera. La ingenua relación que establece con ella será motivo de suspicacias.

En la segunda parte, la niña desaparece de la trama y Yo tiene que convertirse en albañil cuando el amante de la madre consigue una máquina para matar a las gallinas. La nueva vida laboral traerá consigo la socialización burda y descarnada de la vida, cuando conoce en un prostíbulo a Luisa (Nicole), inmigrante transexual de Belice que trastornará su mundo idílico en un relato donde Meyer exploraba zonas más obscuras e incluía personajes femeninos que en sus obras anteriores eran casi inexistentes.

Elisa Miller, ganadora en Cannes con su eficaz corto sobre un idilio adolescente: Ver llover (2007) y debutante con Vete más lejos Alicia (2010), obra de bajo presupuesto que intentaba retratar sensaciones y emociones, confiando tan sólo en la espontaneidad, sorprendía en su segunda película, El placer es mío (2015), en la que dejaba atrás las inconsistencias de su ópera prima para concentrarse en otro relato sobre la compleja relación de pareja donde el sexo duro y el amor jamás empataban.

El placer es mío (2015, dir. Elisa Miller)
El placer es mío (2015, dir. Elisa Miller)

Dando rienda suelta al impulso de su pasión y en la ilusión de formar una vida en común: Rita (Flor Eduarda Gurrola) y Mateo (Fausto Alzati), deciden aislarse en una alejada y tranquila casa de campo en Morelos, heredada del difunto padre de Mateo. En un inicio todo es diversión, descubrimiento, sexo desenfadado y placer, hasta que la necesidad de Rita por ser madre y el temor de Mateo al compromiso derrumban su relación que coincide a su vez con la inesperada visita de la atractiva y liberal Alexis, prima de él, que encarna Camila Sodi.

El placer es mío resultó una amarga representación sobre los endebles lazos de las parejas contemporáneas de clases acomodadas, siempre tan ensimismados y egoístas, así como la idea de priorizar la sexualidad sobre los sentimientos. Aquí, la falta de comunicación y el amor no correspondido desatarán una violencia que provocará la caída definitiva de la pareja. Atrayente la manera en que Miller retrata el tema de la obsesión sexual por encima del compromiso; un tópico tratado con sensibilidad al igual que el de la fragilidad amorosa.