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La consolidación de talento: entrevista a Nahuel Pérez Biscayart

Por: Ira Franco

De origen argentino, el actor Nahuel Peréz Biscayart tiene ganado el respeto del público francés desde su papel en Je suis á toi (dir. David Lambert, 2014) donde interpretaba a un joven gay que se enredaba en un romance por internet con un hombre europeo para salvarse de la pobreza. Pero lo que en aquella película fue apenas una revelación, en 120 latidos por minuto (dir. Robin Campillo, 2017) es ya la consolidación del talento de Nahuel para interpretar personajes frágiles, instalados  en el vacío.

En 120 latidos por minuto –ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2017-, Nahuel es Sean Dalmazo, un joven parisino activista político que vive con VIH en los años ochenta, cuando la enfermedad, parece mentira, era desestimada por algo que sólo le ocurría a los gays y a las prostitutas. Para representar este horror de ser invisible en el París de aquellos años, en medio de un epidemia que nadie entendía muy bien, Nahuel Pérez Biscayart tuvo que dejar de comer y de dormir; tuvo que ponerse muy cerca del horror de ser joven y no tener futuro.

Nahuel Pérez Biscayart en el 15° Festival Internacional de Cine de Morelia.

Nahuel Pérez Biscayart en el 15° Festival Internacional de Cine de Morelia.

A continuación la charla que tuvimos con él durante su visita al Festival Internacional de Cine de Morelia en su decimoquinta edición.

Ira Franco: Hay una tensión constante entre la primera parte de la cinta, donde se trata el tema político, el debate, y la segunda parte, donde realmente vemos cómo languidece un joven desesperado por vivir…

Nahuel Pérez Biscayart: Es cierto. La primera parte de la película es muy colectiva y muy de debate, nos da la sustancia para esta segunda mitad en que el personaje está de frente al mundo, sin posibilidad de proyectarse a futuro. La primera parte los personajes son conscientes de que pueden morir en cualquier momento, pero la unión del grupo hace que puedan vivir, que puedan encontrar su voz política, una especie de familia paralela, se confrontan para encontrar un discurso político que los haga visibles ante una sociedad indiferente, porque el tema en esa época era tabú.

IF: ¿Crees que la sociedad ha cambiado lo suficiente? ¿Sigue siendo el tema del VIH tabú?

NPB: Un poco menos, pero siguen existiendo resistencias. La película toca a la gente que desde la indiferencia ha sido cómplice o que no ha querido ver su responsabilidad en este asunto. Una gran parte de los enfermos eran estigmatizados por su orientación sexual, por dedicarse a la prostitución o por ser drogadictos y encima les cae la enfermedad que los condena otra vez. A ellos les queda la carga, ya enfermos, de hacer esta lucha política porque ni el estado, ni los laboratorios ni el poder médico se hacía cargo. Son personajes que tuvieron que afrontar muchos estigmas y cargas para volver visible la situación.

120 latidos por minuto (dir. Robin Campillo, 2017).

120 latidos por minuto (dir. Robin Campillo, 2017).

IF: Es una cinta llena de contrastes en términos estructurales pero también en cómo actúas cada etapa del personaje.

NPB: Ese contraste fue el que me dio todo el material necesario para saber lo que el personaje construye de sí mismo frente a otros y lo que vive en su intimidad. Si te fijas bien, en la primera parte de la película el personaje es exuberante, se consume en vida, está muy enojado, el odio que tiene también le da la potencia para luchar. Se trata de una combinación entre lo íntimo y lo público que en la segunda parte de la película se siente como una ausencia de esa vida que no va a tener, una emoción que invade el espacio. Aquí el director me dijo “no podemos actuar más, hay que dejar que toda la ausencia de esa vida nos invada”.

IF: ¿Cómo te preparaste físicamente para un papel tan demandante?

NPB: Hay que perder contacto con la realidad, asumir la vulnerabilidad y asumir la imposibilidad del futuro. Es también allí cuando se abre la posibilidad de una historia de amor que cobra peso, esto es porque él se abandona al otro. Perdí peso, como 7 kilos en 15 días, hubo un trabajo físico que contribuyó también al vaciamiento de la mirada y a una especie de vulnerabilidad que permite al personaje verse frágil frente a los demás.

IF: Interpretas a este personaje en un perfecto francés, ¿cómo opera esto del cambio de idioma para ti?

NPB: En este caso, a mí el idioma extranjero me funciona como una especie de vestuario, es una capa que me pongo, intento vivirlo no como una restricción sino como una liberación. Hay emociones que quizás en mi lengua materna no aflorarían porque la lengua materna está muy encarnada en el cuerpo y los prejuicios también están en el cuerpo. Cuando uno habla en otra lengua es como tocar un instrumento y hay emociones que circulan de manera más instantánea y física. De hecho aprendes casi a tener otra personalidad porque no es lo mismo ser francés que ser argentino. No tienes los mismos gestos y tampoco sientes igual.