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MIROSLAVA: 100 años y las teorías sobre su muerte

El cine mexicano tiene al menos tres grandes mitos femeninos de carreras truncadas: Pina Pellicer, que se suicidó en 1964; Blanca Estela Pavón, fallecida en un accidente de aviación en 1949; y Miroslava Stern, quien terminó con su vida (o quizá murió de manera azarosa) el 9 de marzo de 1955 a la edad de 29 años, semanas después de filmar Ensayo de un crimen, de Luis Buñuel, inspirada en la novela homónima del escritor Rodolfo Usigli, cuyo protagonista era un ocioso burgués fascinado con la pulsión criminal.

Miroslava Stern

Como una suerte de muestrario de coincidencias necrófilas, la bella actriz de origen checoslovaco afincada en México desde los 12 años y nacida hace un siglo, un 26 de febrero de 1926, interpretó a una muerta en Una aventura en la noche; fue la Muerte misma en La muerte enamorada. Se suicidó en uno de los episodios de Monte de piedad, donde interpretó a una esposa adúltera, y su maniquí es cremado en Ensayo de un crimen, donde trabajó al lado de Ernesto Alonso, con quien filmó su primera y su última película. En efecto, lejos estaba Buñuel de imaginar que aquella secuencia se trastocaría en una especie de aviso premonitorio: Alonso, en el papel de Archibaldo de la Cruz, incinera en un horno de ceramista el maniquí que resulta una réplica exacta de una guapa y enigmática mujer llamada Lavinia que interpretaba la actriz, quien, al igual que su doble de pasta, también fue incinerada en un horno.

Se dice que el director Roberto Rodríguez, hermano de Joselito e Ismael, acudió un día a mediados de los años cuarenta al consultorio del afamado cardiólogo y sicoanalista Dr. Oskar Leo Stern y ahí descubrió a una de las mujeres más bellas que habían llegado a nuestro país. Se trataba de Miroslava Stern, jovencita veinteañera, hijastra del Dr. Stern, cuya familia de origen judío-checoslovaco venía huyendo del horror nazi.

Miroslava logró abrirse paso en nuestro cine en medio de estrellas fulgurantes de la talla de María Félix, Dolores del Río, Gloria Marín, Elsa Aguirre o Blanca Estela Pavón. Para 1946 debutó en plan estelar junto a Ernesto Alonso en Bodas trágicas, interpretando a una suerte de Desdémona jalisciense en esta versión rural de Otelo. A partir de entonces, filmaría al lado de las grandes figuras masculinas del cine nacional como Arturo de Córdova en Cinco rostros de mujer; Pedro Armendáriz en Juan Charrasqueado, en La posesión con el charro cantor Jorge Negrete; La casa chica al lado de Roberto Cañedo o la exitosa Escuela de vagabundos, en su papel de niña adinerada a la que conquista el chófer de la casa, que interpreta Pedro Infante.

La liga de las muchachas (1950, Fernando Cortés)

Miroslava, dueña de un rostro bello y dulce que reflejaba por igual una inmensa tristeza, realizó filmes de todos los géneros: el melodrama cabaretil Trotacalles, dirigido por Matilde Landeta; La bestia magnífica, primera cinta de luchadores en nuestro país, al lado de Crox Alvarado y Wolf Ruvinskis; la comedia A volar joven, para lucimiento de Mario Moreno Cantinflas; o la brillante sátira feminista La liga de las muchachas.

La versión más difundida de su deceso tiene lugar el 9 de marzo de 1955, al ser descubierto su cuerpo inerte abrazando una fotografía del exitoso torero español Luis Miguel Dominguín, en su elegante alcoba de la mansión ubicada en el número 83 de la calle de Kepler, colonia Nueva Anzures. Tristeza, sensación de fracaso, añoranza por una tierra lejana evocada en sueños infantiles. Fue quizá el exilio, la pérdida de su abuela materna en tierras eslavas, la difícil relación con su padre, la muerte de su madre, su frustración al contraer nupcias en un matrimonio arreglado que duró semanas, o quizá su inconformidad consigo misma y con la vida. A Miroslava la mató el amor y la melancolía desde que conoció en España al matador Luis Miguel Dominguín, decían.

En su residencia, Miroslava despidió a la servidumbre en apariencia el 8 de marzo y a su ama de llaves le pidió que regresara hasta el día siguiente por la tarde. Tomó una pluma fuente y en su secreter redactó tres cartas. La primera a su padre, el doctor Stern, en la que rememoró algunas cosas del pasado escrita en su idioma natal —el checo—; la segunda misiva fue para su hermano Ivo, en la que le recuerdo su amor fraterno; y la tercera carta fue para el licenciado Eduardo Lucio, centrada en asuntos legales relacionados con sus deudas. “No puedo seguir. No tengo el valor suficiente…”, escribió en una de sus misivas.

En breve, el interior de su domicilio fue invadido por reporteros, fotógrafos, actores y amigos, policías, agentes del Ministerio Público y paramédicos de la Cruz Verde. El cadáver de Miroslava se encontraba ajeno al bullicio, a los pésames y a las miradas de morbo y tristeza que se fijaban a su alrededor; el encanto de su piel nacarada, cabello color miel y hermosos ojos azules que se encontró con la majestuosidad de un mar extraño en el puerto de Veracruz a la edad de 12 años. Una actriz que aún después de muerta apareció en una escena de archivo en Torero de 1956, fascinante mezcla de ficción y documental dirigida por Carlos Velo.

Miroslava Stern

Sin embargo, otra versión alude a  la posibilidad de que Miroslava Stern hubiera fallecido quemada —una vez más, al igual que el maniquí de Lavinia— en un accidente de aviación ocurrido el 8 de marzo de 1955 en los alrededores de San Luis Potosí, acompañada de su aparente amante el millonario Jorge Pasquel y otros pasajeros que viajaban en el avión privado del acaudalado político y empresario. Al parecer, su cuerpo fue trasladado de manera discreta a su mansión en la calle de Kepler para que la relación amorosa entre Pasquel y ella no se difundiera y así no ofender así a la familia de aquel.

No obstante, existe una tercera y delirante hipótesis muy opuesta respecto a su deceso: la posibilidad de que fuera asesinada, debido a que en apariencia se trataba de una espía encubierta —al igual que María Félix en Qué Dios me perdone— y cuyo homicidio hubiese sido cometido por Marta Aurelia Hernández, que trabajaba con ella como su manicurista, secretaria, maquilladora, confidente, amiga y, al parecer, su amante. Lo curioso es que Marta se quitó (o le quitaron) la vida el 11 de marzo de ese 1955 arrojándose a las vías de un tren en Tlalnepantla.

El director Alejandro Pelayo realizó Miroslava (1993), relato biográfico con la actriz francesa Arielle Dombasle y Ana Layevska la interpretó en la película Cantinflas (2014), de Sebastián del Amo. Por cierto, escenas de Ensayo de un crimen aparecen en Carne trémula (1997), de Pedro Almodóvar, y en Crimen Ferpecto (2004), de Alex de la Iglesia.