08 · 23 · 21

Las tinieblas: el camino a crecer

Por: Andrea Mora

Daniel Castro Zimbrón estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), se ha enfocado en la dirección de cortometrajes, series documentales de televisión y largometrajes; además de su experiencia como director también se ha formado como profesor en el CCC. En 2009, en colaboración con Pablo Zimbrón fundó la casa productora Varios lobos, con la que busca trabajar en proyectos independientes enfocados a procesos artísticos, sociales y culturales.

Daniel Castro Zimbrón

Daniel Castro Zimbrón

Es bajo la producción de Varios Lobos que en 2012 dirige su primera película, Táu, que se presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Táu además de su primera película está pensada para ser la primera película de una trilogía. Las tinieblas fue su segundo largometraje y fue seleccionado en distintos festivales de cine como en la edición 14 del FICM, en el Atelier del Festival de Cannes, El Festival de Miami y el Festival de Fajr.

Las tinieblas es un viaje emocional, es un viaje hacia las relaciones familiares, cuenta la historia de un padre que mantiene a sus tres hijos encerrados en el sótano. Tras la desaparición del hermano mayor, el pequeño, Argel, comienza su búsqueda. El filme aborda la manera en como se relacionan padres e hijos, y como en cierta parte crecer implica cuestionar aquello que nuestros padres nos enseñaron.

La película forma parte de la segunda etapa de Cine para todxs, y para ello retomamos unas preguntas que el FICM le hizo al director en 2016, durante la presentación de Las tinieblas.

Aliocha Sotnikoff Meraqui Pradis Camila Robertson Brontis Jodorowsky Daniel Castro Zimbrón Pablo Zimbrón Fernando Alvarez

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¿Qué te llevó a hacer esta película?

Daniel Castro Zimbrón: Creo que fueron distintas cosas, por un lado leí un libro que me conmovió e inspiró para comenzar a escribir esta historia, me refiero a La Carretera, de Cormac McCarthy, quería hacer algo con una atmósfera e incluso una sensación similar pero que a la vez fuera completamente distinto.
Por otro lado, hace varios años realicé un cortometraje que se llama Bestiario y que ha sido muy importante para mí, principalmente porque tenía muchas expectativas cuando lo realicé y creí que iba a ganar todos los premios y reconocimientos, pero no resultó ser así, y estoy convencido de que eso me llevó a crecer mucho como cineasta pero sobre todo como ser humano. Ese cortometraje (que estuvo en el FICM 2006) prácticamente lo abandoné y decidí esconderlo durante varios años, y esta película es una especie de homenaje a ese trabajo, que precisamente tiene que ver con el encierro, con cómo nos escondemos del afuera para que no nos dañe, aislándonos y encerrándonos en nosotros mismos. Y esto en vez de protegernos provoca un gran sufrimiento tanto íntimo como en los seres que más amamos.

¿Cuál fue el mayor reto para realizarla?

DCZ: Creo que el principal reto ha sido tener perseverancia y paciencia; en un proyecto tan ambicioso para una industria que te obliga a competir contra todos nuestros colegas para poder obtener los fondos que necesitamos, es muy duro recibir negativas sobre todo cuando estás empezando. Durante más de dos años estuvimos trabajando sólo el productor Pablo Zimbrón y yo diariamente y sin ningún tipo de apoyo ni retribución, con la tentativa latente de abandonar, pero no lo hicimos y creo que esa fue la clave. Poco a poco se fueron sumando personas muy valiosas que creyeron en el proyecto, nos dieron el FOPROCINE y luego el EFICINE, y ya no había forma de detenerlo.

Han sido más de seis años de mucho trabajo (hice otra película mucho más barata en un receso que tomé por todas las dificultades que enfrentamos) pero estoy feliz con el resultado y sobre todo con poderlo compartir con otras personas.

¿Qué director o película te han inspirado y por qué?

DCZ: Mis inspiraciones han ido cambiando con el tiempo y son pocas las que logran mantenerse. Creo que uno de mis referentes principales es Andrei Tarkovsky, por ser un director que logró hablar desde el alma, que desde mi punto de vista, es el único lugar de donde vale la pena decir algo. No digo que no haya obras geniales que nos hablan desde otros lugares, pero creo que el arte perdurará no por la genialidad sino por su capacidad de conectarse con el espectador a otro nivel; uno sublime y a la vez universal. Creo que sólo grandes artistas como Tarkovsky logran este tipo de conexiones con el público y creo que es la razón principal por la que su obra nunca envejecerá. Stalker (1979) es una de mis grandes inspiraciones, por ser una obra profundamente filosófica y poética, contada a través de la fantasía y la ciencia ficción. Llena de metáforas y símbolos.