12 · 22 · 20

Las fiestas decembrinas. La tradición mexicana y nuestro cine | Segunda Parte: La Navidad, sus ambientes y Santa Claus

Por: Rafael Aviña

Las celebraciones de Navidad en México solían ir acompañadas de referentes cristianos palpables en los Nacimientos, en el arrullo del Niño Dios, las letanías, villancicos y las cenas familiares. No obstante, aparejado a ello, palpitaba un universo tal vez más frívolo y vistoso: el México nocturno de las décadas de los cuarenta a los setenta sobre todo, ofrecía una desbordante y colorida iluminación decembrina que maravillaba a los capitalinos que paseaban por las calles del Centro y Paseo de la Reforma y, por supuesto, nuestro cine fue un espejo de esos instantes y asombros.

Avenida Juárez, CDMX,1964.

Avenida Juárez, CDMX,1964.

Una de las escenas más divertidas y conmovedoras de la Navidad aparece en El vagabundo (1953) de Rogelio A. González, en la que Tin Tan encarna a un vago hambriento que igual devora con la imaginación el pavo que observa detrás de un aparador o a un perro al que ve transformado en una suculenta torta de jamón. Por azares del destino, llega a sus manos una moneda de 20 centavos y corre a un puesto de tacos… “Quiero de todo: de oreja, de bofe, de nenepil, de nana, de libro, de lápiz…” y recibe un minúsculo taquito. Se relame los bigotes, está a punto de comérselo, cuando descubre junto a él, a un niño de la calle; su buen corazón le hace compartir el taco que el niño devora de un par de dentelladas… “Te dije que nada más le dieras dos mordiditas…”, le dice Tin Tan al niño; “Nada más con dos me lo tragué todito…”, le replica este.

En La visita que no tocó el timbre (1954), de Julián Soler, Manolo Fábregas y Abel Salazar son dos hermanos que encuentran en Nochebuena un bebé en el umbral de su puerta; intentan deshacerse de este pero terminan encariñados con el pequeño. El mensaje era claro para nuestro cine: la caridad, la solidaridad, el humanismo y el destino están más allá de los regalos materiales. Algo similar sucede en Cuando regrese mamá (1959), de Rafael Baledón, ambientada en vísperas de Navidad, una mujer es atropellada y muere cuando llevaba a sus hijos un arbolito navideño. La nana de los ahora huérfanos, un estudiante de leyes y una azafata amiga de la madre, terminan socorriendo e incluso adoptando a los hermanos en un relato que resalta el espíritu navideño de bondad y empatía.

Cuando regrese mamá (1959, dir. Rafael Baledón)

Cuando regrese mamá (1959, dir. Rafael Baledón)

Asimismo, la temporada navideña enlaza dos películas de familias antagónicas. Por un lado, Mi esposa y la otra (1951), de Alfredo B. Crevenna, un melodrama tradicional de casa chica en la que un adúltero (Ramón Gay), ve frustrados sus sueños de padre ejemplar y amante-esposo ante la jugada del destino en la que entrega a su amante (Marga López) y sus hijos a su amigo jugador empedernido (Arturo de Córdova), que luego de la cena de Nochebuena y en la misa de gallo termina fascinado con su “nueva” familia. En contraste, se encuentra el clan familiar de “Una cena de Navidad”, episodio dirigido por Pablo Leder en Pubertinaje (1971), relato pánico-esotérico, con un padre que desea vestirse de mujer, un hijo que añora sus andanzas travestis, una hija que sueña con ser cantante y quebrar con su voz los santos de un templo y un hijo menor, que quisiera apuñalar a todos durante la cena navideña…

…Sin duda, la ambientación decembrina de la ciudad de México en imágenes fílmicas resulta tan melancólica como evocadora de una época: un tiempo suspendido en la memoria gracias al cine. Una suerte de abanico donde coinciden los festejos y la alegría, al igual que las escenas de tristeza y desamparo, como lo muestran varias escenas de Días de otoño (1963) dirigida por Roberto Gavaldón, donde Pina Pellicer es la imagen viva de la soledad, devastada por una urbe deshumanizada en esos supuestos tiempos de regalos y felicidad.

Por su parte, Ensayo de una noche de bodas (1967, dir. José María Fernández Unsaín) con Julissa y Julián Pastor, abre con imágenes de la iluminación navideña del Zócalo capitalino (“Feliz año 1968”), vistas de Paseo de la Reforma y el Bosque de Chapultepec. Algo similar sucede con la excepcional Los Caifanes (1967), escrita por Carlos Fuentes y el director Juan Ibáñez, que narra el encuentro de una joven pareja burguesa y cuatro caifanes de barrio, insertos en la enrarecida atmósfera de una Ciudad de México ataviada con la iluminación de diciembre de 1966. Resalta aquí la participación de Carlos Monsiváis como un Santa Claus alcoholizado al que le queman su peluca en una taquería.

Los Caifanes (1967, Juan Ibañez)

Los caifanes (1967, dir. Juan Ibañez)

La risa de un Santa Claus mecánico en el aparador de la tienda Sears de Avenida Insurgentes en la Colonia Roma, se confunde con los gritos de Meche Barba cuando David Silva es baleado en el umbral de una vecindad en Eterna agonía (1949), de Julián Soler. Aquel mismo muñeco se observa al inicio de El papelerito (1950, dir. Agustín P. Delgado), historia de niños de la calle. Sus carcajadas resuenan ante la mirada de Ismael Pérez “Poncianito” adherido al aparador de Sears donde observa los juguetes que nunca tendrá.

No obstante, una imagen delirante de ese personaje de barba blanca y traje rojo se aprecia en Santa Claus (1959, dir. René Cardona), uno de los más insólitos relatos navideños con un bonachón Santa Claus (José Elías Moreno) enfrentado a una suerte de diablito de lotería llamado Precio (el bailarín José Luis Aguirre “Trotsky”), en un relato fantástico-familiar que incluye exuberantes escenografías del barcelonés Francisco Marco Chillet. Finaliza este recuento con Navidad S.A. (dir. Fernando Rovzar, 2008), filme que se mueve entre la parodia, la acción y la comedia. En él, el Santa Claus de un almacén —el verdadero, que encarna Pedro Armendáriz Jr.—, intenta convencer de su existencia a un niño incrédulo, como señal de que los festejos navideños ocultan milagros y buenaventura…

Santa Claus (1959, dir. René Cardona)

Santa Claus (1959, dir. René Cardona)

Jojojo ¡Feliz Navidad!