08 · 31 · 21

La sombra del caudillo y la censura

Por: Rafael Aviña

Con la llegada a la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, cambiaron las reglas de la censura y se dio apertura a temas de carácter político casi nunca abordados por nuestro cine de manera abierta. Así, en su sexenio, se produjo la primera cinta industrial sobre la matanza de Tlatelolco en 1968: Rojo amanecer (1989), de Jorge Fons y, a su vez, se desenlataba y se mal estrenaba La sombra del caudillo (1960), dirigida por Julio Bracho, que acaparó y censuró el ejército mexicano por tres décadas. El filme maldito por excelencia de nuestro cine, al que el escritor José Revueltas calificó como “la primera gran película realizada por el cine mexicano”, luego de verla en una exhibición privada en el cine Versalles en 1960, se exhibía por fin en la sala “Gabriel Figueroa”, sin publicidad alguna, el 25 de octubre de 1990.

La sombra del caudillo (1960), dir. Julio Bracho

La sombra del caudillo (1960), dir. Julio Bracho

Con motivo del Premio Nacional de Literatura a Martín Luis Guzmán, la Sección de Técnicos y Manuales del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica decidió adaptar a la pantalla su novela homónima con una exitosa proyección en el Festival de Karlovy Vary, donde La sombra del caudillo obtuvo dos galardones. En breve, empezarían sus problemas. La cinta retrataba con crudeza el comportamiento de los hombres en el poder, una temática que continúa vigente hasta la fecha: cámbiese, por ejemplo, a los generales revolucionarios, por licenciados o doctores neoliberales y todo continúa igual. Es decir, se traiciona, se asesina y la hipocresía campea en la búsqueda de puestos y enriquecimiento rápido. En un principio se culpó a los Generales Olachea y Treviño de ser los responsables de la prohibición, pero en 1990 el primero de ellos aclaró que la censura provenía del poder político y, en concreto, del entonces Secretario de Gobernación, el Lic. Gustavo Díaz Ordaz.

El propio Julio Bracho adaptó la obra de Martín Luis Guzmán sobre las sucesiones presidenciales de los periodos 1920-24 y 1924-28, y las figuras de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Francisco Serrano, sin imaginar que la cinta sería confiscada y guardada por inquisitorias maniobras militares. El autor, un escritor y periodista incansable, fue maderista y villista y luchó contra Victoriano Huerta y, más tarde, fue encarcelado en 1914 por órdenes de Venustiano Carranza. La novela se publicó en 1929, en ella se hacía referencia a una sucesión presidencial que culminaba con el asesinato de uno de los candidatos.

Bracho venía de filmar Cada quien su vida (1959), inspirada en la obra de Luis G. Basurto, con Ana Luisa Peluffo y Kitty de Hoyos, cinta que también sufriría algunos cortes. La sombra del caudillo contó con la colaboración de la Defensa Nacional, la Cámara de Diputados y la Secretaría de Gobernación, y los actores no cobraron ni un centavo. De hecho, se trata de un relato cercano a los thrillers políticos de Costa Gavras (Z, Estado de sitio), que mantiene una coherencia y una lógica interna notable y cierra con una brutal secuencia donde un grupo de personajes son venadeados al estilo ley fuga.

La sombra del caudillo (1960), dir. Julio Bracho

La sombra del caudillo (1960), dir. Julio Bracho

El Secretario de Guerra y Marina, General Ignacio Aguirre (Tito Junco), amante de prostitutas y señoritas decentes, es animado por el dirigente partidista Emilio Oliver (Carlos López Moctezuma) y por su “conciencia”, el amigo Axcana (Tomás Perrín), un intelectual de ideas socialistas, a lanzarse como candidato a la presidencia. No obstante, el Caudillo en el poder (Miguel Ángel Férriz), decide dar su apoyo al Secretario de Gobernación, General Hilario Jiménez (Ignacio López Tarso). Aguirre hace pública su candidatura al sentirse apoyado también por el ejército, aunque sabe que ello molestará al Caudillo.

Aquí, los personajes no son arquetipos revolucionarios, sino encarnaciones de figuras reales en la Historia de México. El Caudillo por ejemplo, es una combinación de Elías Calles y Obregón, en particular este último. Recuérdese que favoreció la candidatura de Plutarco Elías Calles, frente a las aspiraciones de Adolfo de la Huerta, en 1923. Aguirre encarna al propio De la Huerta y a los Generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano, quienes figuraron como candidatos ante la relección de Obregón en 1927. Gómez murió fusilado y Serrano asesinado en Huitzilac, Morelos, como le sucede a Aguirre en la película. El filme es una síntesis de los manejos del sistema político mexicano: las pugnas por el poder, las alianzas entre partidos y dirigentes, las traiciones y venganzas. Militares acompañados siempre de alcohol o prepotentes asesinos. Gobernadores enriquecidos mientras el pueblo muere de hambre. Huecos y panfletarios discursos en una violenta Cámara de Diputados.

La sombra del caudillo aporta frases contundentes: “En política nada se agradece porque nada se da”, “Madrugar es el único verbo que conjuga la política mexicana”, y cierra con aquella magnífica secuencia del asesinato de Aguirre y sus amigos. Axcana, único sobreviviente, representa el espíritu revolucionario íntegro: lastimado pero incorruptible, valiente y solidario. En 1990, la exhibición de La sombra del caudillo y de Rojo amanecer, fue una manera de mostrar la moderna política Salinista y el destape de leyendas intocables del sistema político nacional.