08 · 26 · 14

La obra de Julio Cortázar en el cine

Por: Ma. Cristina Alemán, editora en jefe (@mcristina)

Julio Cortázar es un grandísimo cronopio (el cronopio original) y no podía dejar de celebrar el centenario de su cumpleaños. La obra de este escritor argentino, reconocido en todo el mundo y amado por la mayoría de sus lectores, tiene una estrecha relación con el cine, ya qua ha sido adaptada a la pantalla grande en múltiples ocasiones.

Algunos de los cuentos de Julio Cortázar adaptados al cine.

Algunos de los cuentos de Julio Cortázar adaptados al cine.

A continuación,  una lista de películas para satisfacer tanto a los cinéfilos como a los admiradores de Julio Cortázar:

– La cifra impar (1961), de Manuel Antín, basada en el cuento “Cartas de mamá”.
– Circe (1964) de Manuel Antín, basada en el cuento homónimo, con un guión trabajado en conjunto con Cortázar.
– Intimidad de los parques (1964), de Manuel Antín, basada en los cuentos “Continuidad de los parques” y “El ídolo de las Cícladas”.
– El perseguidor (1965), de Osías Wilenski, basada en el cuento homónimo.
– Blow Up (1966) de Michelangelo Antonioni, basada (libremente) en el cuento “Las babas del diablo”.
– Weekend (1967), de Jean-Luc Godard, basada en el cuento “La autopista del sur”.
– Le fin du jeu (1971), de Walter Renaud, basada en el cuento “Final del juego”.
– Monsieur Bébé (1974), de Claude Chabrol, basada en el cuento “Los buenos servicios”.
– L’Ingorgo (1978), de Luigi Comencini, basada en el cuento “Final del juego”.
– Instrucciones para John Howell (1982), de José Antonio Páramo, basada en el cuento homónimo.
– Sinfin (1986), de Cristian Pauls, basada en el cuento “Casa tomada”.
– End of the game (1988), de Michelle Bjornson, basada en el cuento “Final del juego”.
– Diario para un cuento (1998), de Jana Bokova, basada en el cuento homónimo.
– Furia (1999), de Alexandre Aja, basada en el cuento “Graffiti”.

Más recientemente, se realizó la antología de cortometrajes Historias de cronopios y de famas (2013), dirigida por Julio Ludueña y basada en la antología de cuentos del mismo nombre. Las ilustraciones son de reconocidos pintores argentinos como Alonso, Bonta, Crist, Espósito, Noé, Pagano, Sáez, Santoro, Seguí y Tarsia. La película ganó el segundo Premio Coral a Mejor Animación en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, Cuba, y se estrena en México este fin de semana.

Julio Cortázar. Imagen del portal de la Universidad de Guadalajara.

Por último, los dejo con el cuento “Cazador de crepúsculos” publicado en Un tal Lucas (1979), en el que Cortázar nos explica exactamente que habría hecho de haber sido cineasta:

“Si yo fuera cineasta me dedicaría a cazar crepúsculos. Todo lo tengo estudiado menos el capital necesario para la safari, porque un crepúsculo no se deja cazar así nomás, quiero decir que a veces empieza poquita cosa y justo cuando se lo abandona le salen todas las plumas, o inversamente es un despilfarro cromático y de golpe se nos queda como un loro enjabonado, y en los dos casos se supone una cámara con buena película de color, gastos de viaje y pernoctaciones previas, vigilancia del cielo y elección del horizonte más propicio, cosas nada baratas. De todas maneras creo que si fuera cineasta me las arreglaría para cazar crepúsculos, en realidad un solo crepúsculo, pero para llegar al crepúsculo definitivo tendría que filmar cuarenta o cincuenta, porque si fuera cineasta tendría las mismas exigencias que con la palabra, las mujeres o la geopolítica.

No es así y me consuelo imaginando el crepúsculo ya cazado, durmiendo en su larguísima espiral enlatada. Mi plan: no solamente la caza, sino la restitución del crepúsculo a mis semejantes que poco saben de ellos, quiero decir la gente de la ciudad que ve ponerse el sol, si lo ve, detrás del edificio de correos, de los departamentos de enfrente o en un subhorizonte de antenas de televisión y faroles de alumbrado. La película sería muda, o con una banda sonora que registrara solamente los sonidos contemporáneos del crepúsculo filmado, probablemente algún ladrido de perro o zumbidos de moscardones, con suerte una campanita de oveja o un golpe de ola si el crepúsculo fuera marino.

Por experiencia y reloj pulsera sé que un buen crepúsculo no va más allá de veinte minutos entre el climax y el anticlimax, dos cosas que eliminaría para dejar tan sólo su lento juego interno, su calidoscopio de imperceptibles mutaciones; se tendría así una película de esas que llaman documentales y que se pasan antes de Brigitte Bardot mientras la gente se va acomodando y mira la pantalla como si todavía estuviera en el ómnibus o en el subte. Mi película tendría una leyenda impresa (acaso una voz off) dentro de estas líneas: «Lo que va a verse es el crepúsculo del 7 de junio de 1976, filmado en X con película M y con cámara fija, sin interrupción durante Z minutos. El público queda informado de que fuera del crepúsculo no sucede absolutamente nada, por lo cual se le aconseja proceder como si estuviera en su casa y hacer lo que se le dé la santa gana; por ejemplo, mirar el crepúsculo, darle la espalda, hablar con los demás, pasearse, etc. Lamentamos no poder sugerirle que fume, cosa siempre tan hermosa a la hora del crepúsculo, pero las condiciones medievales de las salas cinematográficas requieren, como se sabe, la prohibición de este excelente hábito. En cambio no está vedado tomarse un buen trago del frasquito de bolsillo que el distribuidor de la película vende en el foyer».

Imposible predecir el destino de mi película; la gente va al cine para olvidarse de sí misma, y un crepúsculo tiende precisamente a lo contrario, es la hora en que acaso nos vemos un poco más al desnudo, a mí en todo caso me pasa, y es penoso y útil; tal vez que otros también aprovechen, nunca se sabe.”