02 · 4 · 20

La importancia de la contribución creativa: Entrevista a Julio Chavezmontes

Por: Aranza Flores @Alvayeah

Julio Chavezmontes es un productor y guionista mexicano que en 2011 fundó, en compañía de Sebastián Hoffman, una de las productoras más importantes del país: PIANO.

Chavezmontes participó por primera vez como coguionista y productor en la cinta de terror Halley, dirigida por Hoffman en 2012. Desde ahí, comenzó una prolífica carrera que incluye títulos como Tenemos la carne (2016), de Emiliano Rocha; Tiempo compartido (2018), de Sebastián Hoffman —nominada al Ariel a Mejor Guión—; Antígona (2018), de Pedro González Rubio, y Nuestro tiempo (2018), de Carlos Reygadas.

En 2018, presentó la cinta Acusada, de Gonzalo Tobal, en la 16ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

Julio Chavezmontes

Julio Chavezmontes

Julio Chavezmontes fue coproductor de Siberia, de Abel Ferrara, y El prófugo, de Natalia Meta, cintas seleccionadas en la competencia de la 70ª edición del Festival de Cine de Berlín, que se celebrará del 20 de febrero al 1 de marzo de 2020.

Platicamos con él acerca del panorama del cine mexicano, así como de su experiencia en sus últimas colaboraciones.

FICM: ¿Cuál es la visión que tienes al momento de producir y distribuir películas desde el contexto mexicano?

JC: A nosotros lo primero que nos interesa cuando decidimos abordar un proyecto es lo que tiene que decir: que sea realmente una visión o una propuesta arriesgada y diferente, que quiera expandir los límites del medio cinematográfico. Ya cualquier otra cosa es secundaria, como la nacionalidad del director o la directora y la forma en la que finalmente el proyecto se configure.

México es un país que tiene un talento extraordinario que está patente, claramente demostrado con el éxito del cine nacional en los últimos años. Eso hace que nuestros técnicos, artistas y productores sean grandes colaboradores y que sean del interés de cualquier socio o productor en el mundo, lo que resulta en casos de coproducción, pues son intercambios y colaboraciones muy ricas y muy importantes.

Halley (2012, dir. Sebastián Hoffman)

FICM: ¿Qué ha cambiado en tu trabajo desde Halley (2012) hasta las últimas cintas, cuáles han sido tus aprendizajes?

JC: Al final del día realizar cualquier película es un reto mayúsculo; esa parte no ha cambiado. Sin embargo, lo afrontamos con un sentido de responsabilidad, de responder a la confianza de los espectadores y de los fondos públicos, tanto en México como en el extranjero.

Cuando uno hace su primera película, como es el caso de Halley, pues normalmente lo haces en colaboración con amigos y gente muy cercana, lo que lo hace una aventura diferente. Creo que la ventaja de la primera película es que las expectativas son las tuyas, no de nadie más. Eso es una gran libertad que después se pierde, porque a partir de ahí tienes otras obligaciones.

Lo más importante son las colaboraciones, encontrar gente con la que se pueda trabajar, que se sienta en libertad de decirte exactamente lo que piensa y considerarlo a la hora de tomar decisiones de producción. En la batalla que representa hacer una película, hay veces que uno se puede empecinar o cerrar al querer resolver las cosas de una manera y a lo mejor otras personas o colaboradores te dicen “por ahí no”.

Siempre he creído en la importancia de escuchar, pero creo que la experiencia me confirma más y más que no sólo es importante, sino que es esencial tener gente a la que de verdad puedas escuchar.

Siberia (2020, dir. Abel Ferrara)

FICM: ¿Cómo fue el proceso creativo que implicó trabajar con Abel Ferrara, en su clásica dupla con Willem Dafoe en Siberia, y con El prófugo de Natalia Meta?

JC: Con el director Abel Ferrara ha sido un proceso muy divertido. Abel es un personaje entrañable y es una persona que tiene ideas muy claras y que, al mismo, tiempo sabe escuchar. Jamás se cierra, realmente responde muchísimo a lo que ve y a lo que se le dice sin dejar de tener muy claro lo que quiere y, además, lo comunica con una economía increíble. Es muy impresionante poder colaborar con Abel, verlo trabajar y ver cómo con sólo algunas palabras es capaz de hacer que todo el mundo entienda a lo que vamos y lo que estamos tratando de nombrar en una escena o en una toma.

Ya había tenido la oportunidad de trabajar con Willem Dafoe, que es un ser humano extraordinario, no sólo es uno de los más grandes actores de la historia del cine, sino que además es alguien de una humildad increíble y que tiene ya una dinámica muy establecida de trabajo con Abel después de seis películas.

Se entienden casi sin palabras, entonces ayuda muchísimo que ya tienen ese proceso establecido, además de que Willem conoce México, conoce a los mexicanos, entonces eso ayudó mucho a que todo fluyera y que la comunicación fuera únicamente la necesaria.

El prófugo fue una nueva colaboración con nuestros amigos de Rei Cine, productora argentina, y también de Barraca Producciones, de Lorena Villareal, que es la coproductora mexicana, mientras que nosotros (PIANO) somos el productor asociado.

Aquí la verdad es que todo fue muy fluido y muy fácil, porque Natalia tenía muy claro lo que quería venir a hacer a México, y como ya tenemos mucha experiencia trabajando con el equipo de Rei Cine fue muy fácil armar un sólo equipo, el cual estuvo encabezado por una gran productora en línea que se llama Gabriela Maire.

FICM: ¿Por qué la decisión de rodar en Playa del Carmen? 

JC: No te puedo decir nada sin estropear la película, pero era algo que tenía clarísimo Natalia desde el guión. No es una coproducción ni una colaboración que se haya hecho con fondos públicos, entonces no había ningún requisito a que fuera necesariamente en México, pero era una cuestión que la directora en sí tenía por las exigencias de la propia trama: necesitaba que fuera en Playa del Carmen y que fuera en un hotel muy específico. Además existe entre PIANO y Rei Cine el interés de hacer más y más películas. 

Tiempo compartido (2018, dir. Sebastián Hoffman)

FICM: Desde tu experiencia, ¿cuál es el panorama del cine mexicano, hacia dónde va?

JC: Nos encontramos en un momento muy interesante, que es resultado del enorme éxito del estímulo fiscal. Siempre me parece oportuno señalar que antes de empezara el Eficine (Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional) en 2006, la producción cinematográfica en México era una actividad cultural, no una industria.

Todos nosotros, tanto productores como espectadores, quisiéramos que el porcentaje de cine de taquilla mexicano fuera mucho más alto, que alcanzáramos un público más grande en México. Por ello, también uno tiene que considerar que hace 14 años se producían a lo mejor cuatro o cinco películas al año, que en conjunto no iban a lograr ni diez mil espectadores, a diferencia de que hoy por hoy en el cine mexicano se producen en continúo películas comerciales que rebasan ampliamente el millón de espectadores en taquilla.

Museo (2018, dir. Alonso Ruizpalacios)

El cine de arte como Tiempo compartido (2018, dir. Sebastián Hoffman), Las niñas bien (2018, dir. Alejandra Márquez Abella) o Museo (2018, dir. Alonso Ruizpalacios) rebasan con gran facilidad los cien mil espectadores en taquilla, cosa que hace cinco años hubiera sido impensable.

Es importante tener en cuenta que la industria mexicana es independiente y compite contra los estudios de Hollywood, que son una maquinaria de recursos ilimitados con las posibilidades de promover una película incluso antes de que se filme el primer fotograma.

Nos estamos avecinando a cambios importantes en cómo se distribuyen las películas y cómo pueden conectar con los espectadores, que abren muchísimas posibilidades. Es difícil saber hacia a dónde va la industria en general, pero de lo que no hay duda alguna es del enorme talento de toda la gente que trabaja en la industria cinematográfica nacional, desde gaffers, staff, diseños de producción, fotógrafos, guionistas, directores, productores y editores.

Está confirmado que pueden rendir todos al más alto nivel de exigencia en proyectos como Siberia o El prófugo. Finalmente, llegar a la competencia en Berlín no es cualquier cosa.

Love me not (2019, dir. Luis Miñarro)

FICM: Como representante de una de las productoras más importantes del país, ¿cuál es el panorama de la producción en el cine de hoy en día?

JC: La calidad en lo más destacable del cine mexicano siempre ha estado, tanto en las propuestas comerciales como en las de arte, pero creo que la diferencia que vemos hoy es que es un panorama mucho más diverso. 

Ya no son los extremos de proyectos o muy comerciales o muy de arte, sino que ahora vemos una mayor diversidad de propuestas. La calidad siempre ha estado ahí, pero lo que vemos es un incremento a la escala de la ambición de los proyectos, porque pueden acceder a más recursos no sólo en México, sino también de coproducciones extranjeras, de inversionistas privados y distribuidores.

Sin duda creo que hay muchas asignaturas pendientes en la producción, lo dije el año pasado: las casas productoras mexicanas, y sobretodo las que están en la situación de PIANO, tenemos una obligación importantísima de impulsar la diversidad y la pluralidad que, al final, no lo hemos hecho lo suficiente.

Nuestro tiempo (2018, dir. Carlos Reygadas)

Todos tenemos que hacer nuestra tarea de asegurarnos de que haya mucha más paridad en el número de películas dirigidas por hombres y mujeres y, por supuesto, buscar mucha mayor inclusión de las comunidades indígenas y marginales. Esa es la gran asignatura pendiente con las productoras, pues finalmente nosotros somos los responsables de encontrar y sacar adelante los proyectos.

En este caso, para nosotros, 2020 es un año donde vemos un cambio en la tendencia de Piano. Me da muchísimo gusto que, de las dos películas que estrenamos, una es dirigida por una mujer y la otra por un hombre, entonces ahí empezamos a tener una tendencia positiva y de lo que producimos el años pasado está una película de Mía Hansen Love, Bergman Island, que esperamos se estrene este año. Estamos haciendo lo posible para mejorar esa paridad.

FICM: ¿Cuál es el género cinematográfico que te parece más difícil de crear y distribuir? ¿Cuál es el que más te gusta?

JC: La verdad es que no hay ninguna fórmula, una de las peculiaridades del cine es que tiene un proceso de producción industrial, pero no se puede predecir como cualquier otro producto industrial. Que uno produzca y distribuya una comedia romántica no es garantía de que ese producto va a tener éxito nada más por el género.

Creo que finalmente los espectadores responden a grandes historias y sobretodo a la forma de contarlas. Cuando el equipo creativo tiene una visión coherente que está desarrollada a sus máximas posibilidades, el espectador conecta con eso, que es muy independiente de lo que es el género.

Antígona (2018, dir. Pedro González Rubio)

Para mí un gran ejemplo de eso es La forma del agua (2017) y Roma (2018): son dos visiones completamente diferentes de dos directores mexicanos en géneros que tradicionalmente no tienen garantizado extraordinarios resultados de taquilla, y sin embargo, fueron enormemente atractivos para el público mexicano, ambos en sus diferentes formas de distribución conectaron con el público y lo hicieron a lo grande.

No pienso tanto en géneros como me emocionan los colaboradores. Realmente lo que me importa es sentirme siempre en sintonía con el director y hacerme sentir que hay algo importante en su propuesta a lo que yo puedo contribuir creativamente, que puedo ser parte de ese proceso.

FICM: ¿Por qué crees que no hay presencia mexicana en la Berlinale de este año?

JC: Cualquier año que haya producciones mexicanas en la competencia de uno de los máximos certámenes del cine mundial es algo a celebrar. Creo que es importante a veces considerar que la industria cinematográfica va mucho más allá del director o incluso el guionista, es importante entender la contribución creativa y lo que representan los productores, los actores, los directores de fotografía

Fuera de eso no creo que sea nada de qué preocuparse, hubo una presencia muy destacada de cine mexicano en el Festival de Sundance y hay proyectos muy emocionantes de cine nacional que sabíamos que saldrían en algún momento del año. Por ejemplo, sabemos que Michel Franco, Carlos Armella, Natalia López, Joaquín del Paso, varios realizadores mexicanos, están terminando películas y estoy seguro que las veremos en algún momento en grandes festivales durante 2020.

Esto apenas inicia y sumado a ellos también están las sorpresas maravillosas que siempre tocan, porque cuando cree que ya tiene conocido el panorama nacional de repente se lleva sorpresas increíbles. 

Tenemos que tener en cuenta que seguro aparecerán en alto un Mano de obra (2019) o La camarista (2018), además de todo el talento que ya conocemos, se están trabajando estas nuevas voces que surgen y que hablan de la riqueza de este país en el arte cinematográfico.