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Kleber Mendonça Filho: cinefilia y memoria en EL AGENTE SECRETO

El agente secreto (O Agente Secreto, 2025) es una película sobre muchas cosas. En principio, se trata de un hombre perseguido en 1977 por no permitirle a un empresario hacer de su trabajo, la ciencia, un negocio. Esto lo embrolla con revolucionarios, policías corruptos, una pierna peluda que merodea la ciudad brasileña de Recife; también, indirectamente, con estudiantes de historia que rescatan la memoria de aquellos años, y finalmente con el cine mismo: un aparato que registra imaginarios, lugares, personas, y que congela el presente para quien quiera volverlo a ver transcurriendo en tiempo real.

Este último tema ha sido fundamental en la filmografía de Kleber Mendonça Filho, un cineasta genuinamente cinéfilo que se formó primero en la crítica, luego en el cortometraje, y finalmente en largos que han sido presentados en algunos de los festivales más importantes del mundo, entre ellos Cannes, donde ha competido ya tres veces por la Palma de Oro. Gracias a El agente secreto, Mendonça Filho se llevó el premio al Mejor Director.

No quise perderme la oportunidad de conversar con el director sin hablar, por encima de todo, sobre el cine mismo: brotaron nombres como Scorsese, Rocha, Carpenter, Oliveira, porque el imaginario de Mendonça Filho es incapaz de distinguir entre unas imágenes y otras; esto nos llevó a discutir, incluso, los cambios en la cultura cinéfila brasileña y su documental más o menos reciente Retratos Fantasmas (2023), que aborda temas similares (al menos en cuanto al cine) a los de El agente secreto. A continuación puede leerse la entrevista completa, editada para su mejor comprensión.

Kleber Mendonça Filho

FICM: Tú fuiste crítico. Has sido un gran cinéfilo, yo diría; es algo que se percibe en tus películas. ¿Te imaginarías ser cineasta sin ser cinéfilo? ¿Podrías hacer cine sin ver cine?

Kleber Mendonça Filho: Hay un raro fenómeno con cineastas que tienen un tipo de orgullo de no ver películas y para mí es muy rara esta distancia de las películas y de la producción cultural que hay en la sociedad, en el mundo. No es parte de la vida de un cineasta; es como ser un escritor y no tener contacto con la literatura. Para mí el cine es un flujo constante de ideas, de imágenes, de la historia de la sociedad, de la historia del cine mismo. Y para mí es como comida, como una alimentación constante, de ideas y de poesía y de información, también. Para mí es muy natural ser cinéfilo. Creo que soy cinéfilo desde que era chico. Es casi como aquel diálogo de Goodfellas (Buenos muchachos, 1990), de Scorsese. "As far as I can remember I have always wanted to be a filmmaker". Pero creo que hay muchas maneras de trabajar el cine. No sé. Tal vez hay una manera de hacer películas sin conocer el cine. No descarto esta posibilidad ahora.

FICM: Algo de lo que has hablado mucho estos días es de la impureza de El agente secreto. Y creo que se puede hablar de lo mismo en tu filmografía, en general. Veo que tienes un amor muy grande por el cine de género, el cine B. La gente suele pensar que el cine de género no puede expresar ideas complejas o ideas políticas.

KMF: Cuando era joven y tenía el sueño de hacer películas, había un tipo de pensamiento en el cine brasileño de personas más viejas y más conservadoras. Porque el cine brasileño tiene una historia de gloria con el Cinema Novo al principio de los años 60. Un movimiento muy, muy importante, con películas increíbles de Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos, Carlos Diegues. Y este es un movimiento político en el mundo muy dividido entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. La Guerra Fría. Había un movimiento muy escéptico contra el cine estadounidense. Hollywood y el cine estadounidense tienen una relación muy íntima con el cine de género, la ficción científica, la fantasía y, la verdad, el cine soviético también tiene su relación muy interesante con la fantasía, pero no como Hollywood. Y yo, en mi infancia, crecí viendo muchas ficciones científicas de cine de género estadounidense. Series de televisión. También para mi generación era normal, era natural, era parte de la vida. Y cuando fui un joven con sueños de ser un cineasta y un crítico y un cinéfilo; para mí el cine de género era muy, muy importante. Y no solamente por los momentos de terror y sangre. Para mí, por ejemplo, John Carpenter es una influencia muy fuerte porque sus películas estaban disponibles en VHS en los cines. Más disponibles que el cine de Glauber Rocha.

Debo decir, infelizmente, que Glauber Rocha fue un descubrimiento para mí en los años ochenta, noventa, de una manera muy amorosa. Cada película para mí era muy, muy importante. Había un impacto estético, y también de Carpenter, que hasta hoy creo que está en todas mis películas. Cuando empecé con cortometrajes, las primeras experiencias eran muy claramente películas de género, de horror, y la reacción en festivales brasileños con estos pequeños cortos era de desconfianza. "¡Es imitación de películas estadounidenses. No es brasileño. Hay temas mucho más ricos en Brasil para abordar, que películas de horror o fantásticas!", pero a lo largo de muchos años creo que hemos tenido un cambio de percepción, porque también la crítica brasileña cambió y ahora teníamos jóvenes críticos y críticas que también eran de la misma generación que creció con las películas de género. Y creo que hoy el cine brasileño es mucho más impuro y mucho más abierto para una película de horror o de fantasía. O no solamente las películas con temas sociales de profundo realismo. Y al mismo tiempo creo que las películas que he hecho son una mezcla de todo esto; también son realistas y sociales. Pero no solamente eso.

FICM: Escuchándote hablar sobre el cine y la cinefilia y pensando en mucho de lo que vemos, por ejemplo, en Retratos fantasmas o en El agente secreto, me da la impresión de que para ti el cine y la cinefilia mismos son una forma de memoria, lo cual además es uno de los temas de El agente secreto.

KMF: Sí, para mí es imposible separar el amor por el cine de las relaciones de tu vida personal. No es posible. No es posible ser solamente un académico y analizar científicamente las películas. Creo que para mí esto es muy bueno y necesario. Pero la relación personal con el arte, la expresión cultural, que creo que es el cine, es imposible de ignorar. Mi relación con las películas es casi como marcaciones en la línea del tiempo de mi vida. Y para mí es muy normal ver el cine como una experiencia no solamente social, estética, cultural, histórica, pero personal. Hay muchas personas que hablan del cine con una profunda conexión sentimental, emotiva, que para mí es una información muy rica de saber. Para mí la cinefilia es una mezcla de muchos aspectos que son ricos e importantes de entender. No solamente la experiencia estética, histórica, social, pero también la significación de elementos muy personales y emotivos, como un libro o la música. Es la misma cosa.

FICM: Se nos acaba el tiempo pero me gustaría hacer una última pregunta relacionada a esta idea de la emoción y la memoria. Creo que tu filmografía se ha dedicado en buena medida a hacer de tu ciudad e incluso de tu casa una imagen cinematográfica.

KMF: No es una nueva idea. Hay una película que es una de mis favoritas, que es la película de Manoel de Oliveira: Visita o Memorias y confesiones (Visita ou Memórias e Confissões, 1982). Es acerca de su casa. Fue hecha en 81, poco antes de abandonar su casa y fue un poco lo que pasó con Retratos fantasmas.

Esta es una película para mí, para mi familia. Tenía tantas imágenes de cine hechas en este apartamento y, de poco en poco, vi que podría ser un montaje muy raro de tiempos diferentes en un mismo espacio. Y para mí esto es una expresión muy rica del cine. Es la misma idea para la sociedad y las ciudades: existen retratos fantasmas. Es como un álbum de familia con muchas fotografías e imágenes de viajes. Un pastiche de 16 milímetros, 35 milímetros. De un círculo de puntos de vista diferentes de un mismo espacio geográfico. Para mí es un ejercicio de montaje de cine que me interesa mucho. Es por eso que Retratos fantasmas es una película sobre mi casa, pero no es exactamente sobre mi casa, solamente sobre las personas o los espacios, sino el montaje cinematográfico.