08 · 16 · 21

Halley, tras las pistas de nuestra propia decadencia: Entrevista con el director Sebastián Hofmann

Por: Andrea Mora

Halley (2012) fue la ópera primera del cineasta mexicano Sebastián Hofmann. Con un equipo que también se iniciaba en el cine, la película fue todo un éxito y rápidamente ganó reconocimiento dentro y fuera de México. La película se presentó en diversos festivales como Sundance, Rotterdam. Karlovy Vary y Vancouver; en México fue parte de la Selección Oficial del 10° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

Sebastián Hofmann describió Halley como “una película grotescamente tierna, nos confronta con nuestra propia realidad y nuestra propia decadencia”. Después de casi diez años de su estreno, la película forma parte de la Segunda etapa de Cine para todxs, por tal motivo el FICM tuvo la oportunidad de entrevistar el director.

Halley (2012, dir. Sebastian Hofmann)

Halley (2012, dir. Sebastian Hofmann)

FICM: En la película es muy evidente cuáles son tus referentes literarios, pero en cuanto al mundo cinematográfico, ¿Cuáles fueron las figuras que te inspiraron?

Sebastián Hofmann: Bueno, en realidad el cine de horror de los años setentas y ochentas ha influenciado gran parte de mi trabajo, incluso en Tiempo compartido (2018). Ahora estoy escribiendo una serie de horror, y tomé muchos elementos de cineastas como David Cronenberg y John Carpenter, como todos los grandes. En todas mis películas, incluyendo mis cortos, siempre tomo elementos del cine de horror para hablar del horror de nuestros tiempos o, en el caso de Halley, para hablar del horror del cuerpo, de vivir encerrado dentro del cuerpo y por supuesto que todas estas referencias a los monstruos góticos.

La idea con Halley fue crear un tipo de monstruo gótico que vive en la Ciudad de México en el 2011, eso fue interesante, también la metáfora de Kafka. Definitivamente, La mosca (1986) de Cronenberg fue una gran inspiración e incluso hay referencias y hasta homenaje de ella en la película. Para mí películas como Pesadilla en la calle Elm (1984) de Wes Craven, Robocop (1987) de Paul Verhoeven, La mosca de Cronenberg son películas que hasta la fecha siguen siendo mis referentes siempre.

FICM: La película es una metáfora de nuestra mortalidad, alude a la manera en que todos nos estamos pudriendo de cierta forma u otra ¿por qué elegiste la corporalidad para ello?

SH: En realidad era un tema que ya había explorado anteriormente en un cortometraje que también hice casi casi con el mismo crew que también protagoniza Alberto Trujillo que se llama Jaime Tapones (2012), también exploraba el cuerpo más desde la comicidad y proponía esta idea de que el cuerpo no es más que un contenedor de órganos, de líquidos, de sangre; estaba esta idea de que somos contendores que caminan, que bailan que van a trabajar, que aman.

Después de hacer ese corto empecé a desarrollar la historia de Halley, por esa obsesión que yo tenía con el cuerpo y con lo que significaba aferrarse a él. Mucha gente me decía que la parecía interesante el contraste del cuerpo de Alberto frágil, enfermo y el cuerpo de Mr. México. En realidad, a mí no me pareció un contraste, me pareció que ambos estaban aferrados a su cuerpo, uno en forma de proteínas de y cuidado y otro aferrado a la idea de un cuerpo decrépito.

FICM: ¿Cuál es el rol de Luly, la gerente del gimnasio, que significa la amistad dentro de este proceso de decadencia que enfrenta Alberto?

SH: La soledad, yo creo que la soledad es el tema central de la película más que la muerte. La soledad en vida y en la muerte, esta idea de que estamos solo y nadie nos entiende en el universo y nadie nunca lo hará y esta idea de que nos aferramos a las personas o a las cosas, pero en realidad estamos sumamente solos flotando en el cosmos. Entonces ella representa la soledad y el también y así se conectan. Tratamos de representar la soledad y ahí es donde ambos personajes se encuentran, a mi me pareció interesante que no fuera un encuentro sexual de ninguna forma, que fuera como dos meteoritos que sólo se raspan en la complejidad de la vida, pero que no hay un cambio grande. Hablábamos de la muerte social, de la muerte de una civilización que esta cada vez más perdida.

Fue una película que se volvió controversial, la gente la amaba o la odiaba. Para mí fue muy interesante poder viajar a lo largo del mundo y ver la reacción del público. Fue a partir de una presentación en un Festival en Francia que nos dimos cuenta del potencial de la película y de que podía ser interesante para otras personas. A partir de este momento nos dieron muchos fondos para terminar la película: también paso que el FICM la aceptó. Fue gracias a Morelia que nos llevaron a Sundance y Sundance nos cambió la vida.

Fue a partir de Halley que Julio Chavezmontes y yo decidimos seguir haciendo este tipo de cine disruptivo, originalmente la filosofía fue hacer todas las películas que las otras casas no quieren hacer y hasta la fecha hemos sido muy fieles con la filosofía. Las películas que produce PIANO siguen siendo películas que toman muchos riesgos y que van a un público muy especifico y gracias a Morelia ganamos ese público.

FICM: Pese al duro proceso físico que experimenta el protagonista y pese a lo avanzado de su padecimiento; no todo en la película es decendencia ni terror. ¿Cómo lograr esta mezcla entre la ternura y el dolor?

SH: Fue también una decisión fotográfica y de maquillaje, el fotógrafo Matías Penachino y el maquillista Adam Zoller, quien gano su primer Ariel de Plata, querían abordarlo desde la compasión y la empatía. Entonces más que referentes de zombies, porque el primer tratamiento de maquilla era muy zombie, nos dimos cuenta que queríamos otro tratamiento y empezamos a ver a enfermos de sida, algunas otras enfermedades que producían decadencia en la piel. Nos empezamos a ir a ese rumbo, a partir de la muerte en vida como una enfermedad más que como una condición.

Fue una colaboración de Julio Chavezmontes, Matías Penachino, Adam Zoller y Alberto Trujillo, todos hacíamos prueba de cámara, hacíamos prueba de maquillaje, tomábamos decisiones en conjunto. También gran parte fue la interpretación del actor de darle esa humanidad y, por supuesto, desde el guion se planteó que no era un zombie mas bien un enfermo, alguien que te generaba lastima y miedo, y hasta asco. Hay muchas escenas en la película que generaban asco y que yo trate de manejar con mucho tacto; de hecho, hay partes que se cortaron de la película.

FICM: Muchos de los festivales en que se presentó la película la consideraron un filme de terror, ¿para ti en que género se podría ubicar a la película?

SH: En realidad no es una película de terror porque nunca te asustas, yo creo que ese fue el error de marketing. El poster que hicimos para Sundance, un poster de Clarisa Valdez, le pusieron sangre, y eso ya nada tenía que ver conmigo. Se fueron por la onda de venderla como una película de terror, para mi es una película más filosófica.

Tratamos de que no cayera en el morbo, nuestra idea nunca fue cine de explotación. No quisimos hablar de una clase social en específico, no quisimos explotar la miseria de México.

FICM: Halley fue tu primer proyecto como director y guionista, tras casi diez años después como vuelves a mirar la película.

SH: La recuerdo con mucho cariño. Una vez que asisto a la premier de mis películas, que en este caso fue Morelia, yo no las vuelvo a ver. Me transporta a otra época de mi vida y siempre ves las cosas que pudiste hacer mejor, después de que también se estrenara Tiempo Compartido, fue cuando PIANO creció y en realidad hemos estado muy enfocados en la empresa. Ahora estoy por filmar otra película y una serie, al final ya estamos cosechando los frutos de tanto trabajo. En realidad, la semilla de PIANO es Halley, es gracias a ella que existe PIANO. Estamos por estrenar una película que se llama La noche blanca.

Halley siempre va ser mi película mas especial y también la de Julio Chavezmontes. Fue una película en que arriesgamos todo y definitivamente no nos arrepentimos.