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Entender la vida a través del cine: entrevista a Fred Kelemen

Por: Anne Wakefield

El director de cine y teatro, cinefotógrafo y escritor alemán Fred Kelemen fue uno de los Invitados Especiales de la decimoquinta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde presentó su más reciente película como director, Sarajevo Songs of Woe (2016). En entrevista con la periodista y crítica de cine Anne Wakefield, Kelemen habló sobre las intenciones y significados de su película, así como del cine que prefiere hacer: aquel que le exige al espectador.

Fred Kelemen

Fred Kelemen.

Sarajevo Songs of Woe es un tríptico cinematográfico que se compone de dos relatos, “Blue Ballad for Lovers” y “Blue Rondo for Survivors”, conectados por el documental “Blue Psalm for Wolves”. Las historias fluyen para construir un mosaico universal de vida fragmentada que se sitúa en la ciudad de Sarajevo. La cámara sigue a diferentes protagonistas y los conecta en un baile circular de esperanza y angustia, amor y muerte, y la búsqueda de una vida digna, la cual se debate frágilmente entre el anhelo de la calidez del amor y la frialdad de la realidad de nuestra civilización.

A continuación, presentamos la conversación con el director.

Anne Wakefield: El título de la película Sarajevo Songs of Woe apela al libro de Kohelet, que en la biblia cristiana es el “Libro de Eclesiastés”; le llamas “el hombre de ensamblaje” (The Assembly Man), lo que para mí es una pista. ¿Se trata de que el público ordene de forma instintiva lo que ocurre en la película?

Fred Kelemen: Digamos que el título Sarajevo Songs of Woe está conectado también con el Torá y la Biblia. Esta idea aparece en el “Libro de las lamentaciones”, de Jeremías, lo que ocurre cuando la gran Jerusalén es ocupada por bárbaros y es destruida, lo mismo que sucede con Sarajevo con la llegada de la guerra. Quizás sepas que Sarajevo era llamado “la Jerusalén de los Balcanes”, porque solía ser un crisol de religiones y culturas, coexistían sin problemas, pero después de la guerra ocurrió una limpieza étnica que acabó con todo esto. El filme se divide en tres partes, me pareció apropiado poner también una cita inicial en la que me refiriera a lo que nos pasa como seres humanos cuando estamos completamente solos, cómo lidiamos con esa situación. La primera parte se refiere a eso, la traición, la honestidad, etc. Sin embargo, para la mitad de la película, se trata el tema del compañerismo. Me pareció que incluso los perros debían necesitarse unos a otros, necesitarían una vida social porque cuando se acuestan necesitan calor. Las citas son la conexión de todas estas partes, pues son cuestiones existenciales de las que se está hablando, ideales de la humanidad.

AW: Si hubieras crecido en un lugar como México, ¿cómo crees que habría influido en tu cine?

FK: Mi película realmente no habla de Sarajevo, lo que ocurre puede ser transportado casi a cualquier sitio del planeta. En realidad habla sobre estas cuestiones: la soledad, la explotación de los otros, cómo podemos unirnos, cómo podemos perdonarnos. Hay amor pero está roto, cómo encontramos una forma de brillar otra vez como seres humanos. Lastimamos a los otros todo el tiempo, la pregunta es cómo nos reconciliamos. No está asociado sólo con Sarajevo, esa ciudad es sólo un marco donde todo ocurre, nada más.

Sarajevo Songs of Woe, de Fred Kelemen.

AW: ¿Crees que el cine pueda ayudarnos directa o indirectamente a hacernos mejores como humanos?

FK: No sé si nos puede hacer mejores, pero creo que cualquier arte, y desde luego el cine, nos sensibiliza, crea conexiones entre nosotros. Si un artista se expresa honestamente sobre lo que siente o piensa, su reflejo sobre el dolor o la felicidad crea un tipo de comunicación. En el momento que articulamos algo y entendemos lo que otros articulan nos sentimos mucho menos solos. El arte y la cultura son muy importantes para nuestra supervivencia.

AW: Como fotógrafo y director, ¿cómo usas el lenguaje cinematográfico para expresar tus ideas ¿Cómo influye la forma en lo que ves?

FK: La forma es muy importante porque transporta el contenido, y la forma es el contenido. Cualquier solución formal que ocurre dentro de la película es parte del contenido y parte de la actitud y del punto de vista. Siempre hay algo más allá de lo que vemos, más allá de la historia. Cómo se muestra algo es tan importante como lo que se muestra, le añade un nivel metafísico al asunto.

AW: ¿Cómo podemos relacionarnos con este filme (Sarajevo Songs of Woe), dado que desafortunadamente cada vez estamos más alienados de la realidad? Tus filmes son un reto de estar allí, te fuerzan a consumir realmente el tiempo y no sólo evadirlo.

FK: Este tipo de películas exige mucho, lo sé. La gente está acostumbrada a ver las cosas muy rápidamente, a tomar el cine como una forma de entretenimiento o información, pero cuando ya no entretiene o no es corto y lleno de información llega un punto en que es una amenaza. En el cine mainstream el tiempo ya no existe, tratan de que ya no sientas el tiempo. Pero cuando como creador tratas de que el tiempo se haga presente, material, entonces hay un reto. Lo único que yo puedo hacer es filmar las películas en las que creo y después le toca al espectador aceptarlas o no. Hay gente que no lo hace porque no acepta que necesita concentrarse. He escuchado que el tiempo de concentración cada vez es más corto. Escuché un estudio que se hizo sobre la capacidad de concentrarse que en sólo dos años ha disminuido a la mitad, antes eran 16 segundos, ahora son 8. Después de 8 segundos, la gente pierde la concentración. Yo creo firmemente que mis películas no deben seguir esa moda, sino ofrecer algo más: invitar al público a ver las cosas de diferente manera.

AW: Se ha comparado el cine de Béla Tarr con el de Andréi Tarkovsky, implicando una dimensión espiritual distinta, ¿tú crees que tus películas también están en esa dimensión?

FK: Sí, claro, pero depende de la profundidad con la que compares a estos autores que mencionas conmigo. Si lo ves profundamente, sus películas son muy distintas, la comparación es una trampa en realidad. No se trata tanto del cine, sino de la vida. Yo trato de entender la vida, lo que significa tu vida, mi vida, todos tenemos distintas misiones, pero algo nos conecta como seres humanos. Tratamos de lidiar con el otro o los otros de una forma humana, pero esto puede llevarnos a la pregunta “¿para qué estamos aquí?”. Y antes de contestar esa pregunta debemos recordar que ya estamos aquí, en este mundo material, y que necesitamos aprender a llevarnos como humanos. Yo creo definitivamente que el ser humano es más que lo material: somos espíritu, poder espiritual más allá de lo material, sabemos que todos los materiales son energía. La pregunta más complicada es si hay espíritus o energía más alta que otras. ¿Somos espíritus conectados, unos más altos que otros? Yo trato de usar las imágenes, los movimientos, el tiempo, los actores para crear un mundo icónico que funcione como una ventana, más allá del mundo material.

En cuestiones más políticas, ¿será similar lo que pasó en Sarajevo a lo que ocurre con Cataluña? Creo que es muy distinto. La cuestión ahora es que somos un mundo más globalizado, pero al mismo tiempo las pequeñas regiones están queriendo separarse de los superpoderes que las agrupan. Tenemos dos tendencias paralelas que parecen contrarias: nacionalismo acérrimo y, por otro lado, un mundo que cada vez está más conectado. Pareciera una contradicción, pero no lo es. Es la lógica de las fuerzas, una que produce la otra como consecuencia. Es parte del miedo, como la mayoría de lo que hacemos los humanos.


Anne Wakefield comenzó su carrera como comentarista de cine en México. Hizo reseñas para los noticieros de ECO de Televisa y condujo Entre Butacas, un programa de cine diario para Cablevisión.  Fue crítica de cine de diversos noticieros matutinos, donde realizó entrevistas a artistas como Catherine Deneuve, Anthony Hopkins, Julie Andrews y Alain Delon. Su tesis de maestría de la Universidad de Georgetown, “Identidad y cine chicano”, fue publicada por la Universidad de París. Sin embargo, Anne considera que su verdadera instrucción comenzó en casa con su madre, una ferviente cinéfila que la llevaba a ella y a sus dos hermanos al cine —religiosamente— todos los sábados.