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Pedro Infante y la representación de la masculinidad en el cine mexicano

By: Gabriela Martínez @Gabmartivel

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Pedro Infante fue sin duda uno de los principales ídolos de la Época de oro del cine mexicano, la cual fue marcada por el llamado Star System, el sistema de contratación de actores con el que los productores garantizaban el éxito comercial de una película, pues al público sólo le bastaba con saber que la cinta contaría con la participación de “El Ídolo de Guamúchil​” para asistir a las funciones.

Pedro Infante y la representación de la masculinidad en el cine mexicano

Nacido en Mazatlán, Sinaloa, Pedro Infante aprendió el oficio de carpintero durante su infancia, el cual años después le sirvió para interpretar uno de sus personajes más emblemáticos: Pepe “El Toro” en la película Nosotros los Pobres (1946), dirigida por Ismael Rodríguez. En la cinta Infante interpreta a un humilde carpintero que, a pesar de las adversidades, jamás pierde la humildad y el amor profundo por su sobrina “Chachita”. Pepe inicia una batalla contra la injusticia tras ser acusado de un asesinato que no cometió. Por fortuna, sale bien librado gracias al apoyo y ayuda de sus vecinos y amigos.

Ya fuera interpretando a un carpintero, un mecánico o un boxeador, los personajes de Pedro Infante eran un reflejo de las condiciones culturales de México durante aquella época. De acuerdo con el investigador de la Cineteca Nacional; José Antonio Valdés Peña: “La Segunda Guerra Mundial, la urbanización del país y la memoria fresca de la Revolución son fundamentales para entender cómo funcionaba el ideario masculino en la Época de oro del cine mexicano. En la década de 1940, la nación estaba ansiosa por el nacimiento de un “Hombre nuevo” y ese hombre fue encarnado por Pedro Infante: el héroe del barrio, pícaro y querendón, pero que sacrifica todo por su familia; el hombre trabajador que prospera y que, aún en la cima, no se olvida de sus raíces populares”.

Pedro Infante por sí mismo representaba ese estereotipo de masculinidad: hombres de clase trabajadora, carismáticos y seductores que lograban el éxito a través de su sacrificio y su trabajo. Parecía casi imposible separar al intérprete de su personaje, razón por la cual se convirtió en una de las estrellas más importantes de la época.

El investigador Daniel González se ha dedicado a estudiar la imagen masculina en el cine nacional y en su plática titulada “Masculinidades del cine mexicano”, González se refiere a Pedro Infante como una figura que inmortalizó a un macho mexicano de contrastes: “Era seductor pero no promiscuo, bebedor pero sólo cuando la ocasión lo ameritaba y parrandero pero responsable”. La masculinidad representada por Infante a lo largo de su filmografía no sólo se basaba en sus conductas, su cuerpo y su voz formaron parte importante de su consolidación como figura emblemática del cine mexicano.

Carlos Monsiváis describía a “El Inmortal​” como “mujeriego, parrandero, querendón, sentimental”, y es precisamente éste último atributo, el sentimental, lo que lo diferencia de otros actores de la época.

Chachita y Pedro Infante

Chachita y Pedro Infante

Valdés Peña destaca que el actor sinaloense se formó dentro de la cultura machista que fomenta el derecho a relacionarse sentimentalmente con varias mujeres, dejando de lado el compromiso. Si bien estas conductas son aceptadas en el ámbito de la ficción, en la vida real son consideradas misóginas. Aún con estas cualidades Pedro Infante también representaba al padre trabajador, el amigo leal, el hijo respetuoso, el nieto cariñoso y el esposo sacrificado, según señala Valdés. “Una vez que consiguió fama y fortuna no se olvidó de la gente. Fue una persona benefactora que cortaba el pelo o cocinaba a quien lo visitara en su casa de Cuajimalpa. Representó el ideal mexicano de construirnos a nosotros mismos, algo que nos sigue atrayendo y que se vuelve cada vez más difícil de lograr”, concluye el investigador.

Es precisamente esta sensibilidad lo que hace que Pedro Infante sea considerado un ejemplo de la “debilidad masculina”, aún siendo considerado el galán del cine mexicano. De acuerdo con el investigador y crítico de cine, Rafael Aviña, al comparar a Pedro Infante con figuras como Arturo de Córdova o Jorge Negrete, por ejemplo, “nos daremos cuenta que sus personajes no expresan sentimientos. Pedro, en cambio, llora. Y llora mucho. Eso no sucedía en las películas mexicanas. El mérito no sólo es de Infante, sino de los realizadores y guionistas que supieron captar la esencia de Pedro, el macho capaz de conmoverse ante la tragedia”.

Daniel González habla de Jorge Negrete como la representación de “la quintaescencia del charro mexicano. Era el gran cantante cuya masculinidad estaba ligada al tipo de películas que protagonizó: comedias rancheras y películas de época. Interpretó, tanto fuera como dentro de la pantalla, al hombre guapo, arrogante, enamorado, y valentón”.

Por su parte, Pedro Armendáriz representaba a una figura más compleja y notable “por la gran diversidad de tipos de hombres que interpretó en filmes que fueron desde el melodrama campirano, cine policiaco y cintas sobre la Revolución”.

Finalmente, Arturo de Córdova y Ernesto Alonso son considerados por González como némesis uno del otro, pues representaban masculinidades opuestas: “Ambos representaron a burgueses cosmopolitas ligados con una cierta nostalgia a un mundo anterior a la Revolución pero con actitudes y prácticas modernas de los cincuenta. Sin embargo, la masculinidad de Ernesto Alonso era muy particular, con una voz más suave y delicada, lo que le ha ganado el título de actor queer“.

Como podemos apreciar, la representación de la masculinidad en el cine depende del contexto social e histórico en el que se desarrollan las producciones. Hoy en día la producción cinematográfica no está regida por el Star System de la misma manera en que sucedía durante los años cuarenta y cincuenta, lo cual ha permitido explorar otras representaciones de la masculinidad en la industria nacional.