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Dos decesos: Jaime Beltrán y Concepción Márquez

Me entero por casualidad del deceso en días pasados, del cineasta, profesor y gestor cultural Jaime Beltrán Romero (1962-2026) realizador egresado del “viejo” Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) (hoy Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC)) y autor de una breve pero muy inquietante y atípica filmografía realizada en una época ausente de becas y apoyos para la realización de largos y cortometrajes, en tiempos donde levantar un proyecto era un acto de fe y de heroísmo absoluto, libre, además, de todas esas “complicaciones” que la corrección política trajo a la vida social y cultural en nuestro país.  

En pleno sexenio de Carlos Salinas de Gortari cuando se hablaba de un “nuevo cine mexicano” que lanzaba a figuras como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, María Novaro, Juan Carlos de Llaca y más, en una época en la que la producción nacional no alcanzaba ni los 10 títulos anules, la producción del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, se las ingeniaba para sacar su pequeña pero sustanciosa producción en formato 16 mm, que solía estrenarse a fin de año en Cineteca Nacional y en las salas de la UNAM. Ahí, pudo verse el inquietante cortometraje Nocturno (1990), dirigido, escrito y editado por los realizadores, Jaime Beltrán, Rogelio Martínez Merling y Rubén Sarmiento, una insólita rareza que bien podría subtitularse: ‘Última salida al centro histórico’. 

Era cierto que en Nocturno se apreciaba un cierto regodeo en sus imágenes sórdidas y sus diálogos brutales, en donde era imposible negar lo crudo y marginal de su entramado, así como su lograda creación de atmósfera (los cabarets y las calles exudaban horror puro) y sus aberrantes personajes de un impactante realismo en éste tremendo mini thriller. Aquí resultaba evidente la influencia del alemán Uli Edel (Christine F., Ultima salida a Brooklyn) y David Lynch, en un contexto mexicano, según una extraña mezcla del más oscuro Luis Buñuel, Ismael Rodríguez, Damián Acosta y Gerardo Lara. 

Jaime Beltrán, Concepción Márquez

Por su parte, Auroras que son puñaladas (1991), de Jaime Beltrán en solitario, era una feroz farsa negra sobre la conflictiva relación matrimonial entre un asesino profesional (José Luís Ortiz) y la trabajadora nocturna de un depósito de cadáveres (Ángeles Marín). En contraparte, el mediometraje de 50 minutos, Esto que hago no se debe tomar a mal (1994), se sumergía en la crisis de un adolescente de manera sensible e intrigante. Un jovencito abandona los estudios y se dedica a vagar por las calles lo que deteriora las relaciones con su familia hasta que orillado por la tristeza y la falta de oportunidades decide suicidarse.

Beltrán también participó como corealizador en el galardonado mediometraje Amealco-USA: medio siglo de migración en un pueblo del centro de México y, a su vez, dirigió y escribió el videohome Sueños de un suicida (2002) con Guillermo Iván y Maya Zapata. Además, produjo la serie de Canal 22, La materia de los sueños (1996-2001) conducido por Rita Guerrero. Qué mejor homenaje para Jaime Beltrán que las nuevas generaciones de alumnos de la ENAC revisaran su trabajo.

Actriz de cine, teatro y televisión, Concepción Márquez (1942-2026) participó en filmes de gran interés como: La zona, El viaje de la Nona, Cosas insignificantes, Amores modernos, El camino de Sol y Hombres íntegros, entre otros, así como en atractivos cortometrajes como: Domingo siete, Ernestina o La tiara vacía. No obstante, tuvo un notable protagónico en el filme Cría puercos (2017), ópera prima del CCC dirigida por Ehécatl García con la que Conchita Márquez obtuvo la nominación al Ariel y a la Diosa de Plata por Mejor Actuación.

Concepción Márquez

Cría puercos combina en dosis exactas emotividad, sensibilidad y simpatía en la historia de Esmeralda, una anciana que al quedar viuda y ante el abandono de su hijo quien trabaja en los Estados Unidos, se aferra a la compañía de una cerdita. En buena medida, el éxito del filme proviene del extraordinario trabajo de su principal intérprete Concepción Márquez y la reunión de actores no profesionales con figuras de gran trayectoria. Destacan eficaces secuencias como la escena inicial en la que la protagonista junto al cadáver de su marido recién fallecido, le comenta al hijo por teléfono que el hombre está dormido para no angustiarlo.

Otros momentos divertidos como la comida con tequila entre Esmeralda y los trabajadores del ranchito ubicado en la mixteca poblana donde habita; ello, en un relato interesante y eficaz que no encontró un hueco en salas comerciales y se estrenó directamente en Cineteca Nacional. Se trata de una obra sobre el abandono y la vejez como reflejo de una dura realidad cotidiana y las pequeñas esperanzas que suelen suscitarse en situaciones como las planteadas en el sensible debut de Ehécatl García. 

Luz en el camino para Beltrán y Márquez.