05 · 31 · 17

De Cannes a París: función especial de cortometrajes del 14º FICM

Después de la proyección de cortometrajes del FICM en la Semana de la Crítica, sección paralela del Festival de Cannes, como ya es tradición, se realizó una función especial en París en el Cinéma La Clef, gracias a Cinéma Mexique Paris.

Cinéma Mexique Paris es una organización dedicada a la difusión del cine mexicano, principalmente en París. Su finalidad es ayudar a estrenar películas mexicanas en las salas parisinas, así como promocionarlas en diversas plataformas.

Esta tarde se mostraron cortometrajes del 14º FICM, los mismos que se proyectaron la semana pasada en la 56º Semana de la Crítica:

Verde, de Alonso Ruizpalacios (Mejor Cortometraje de Ficción 14º FICM)

Microcastillo, de Alejandra Villalba García

Juan Perros, de Rodrigo Ímaz Alarcón (Mejor Cortometraje Documental 14º FICM)

Rodrigo Ímaz, Brittmarie Hidalgo, Arturo Jara Kafur, Juan Pablo San Esteban

La función fue presentada por Brittmarie Hidalgo, Arturo Jara Kafuri, productor de Microcastillo; Rodrigo Ímaz, director de Juan Perros; y Juan Pablo San Esteban, productor de Juan Perros. En el público se encontraban Marcelo Tovar, Federico Cecchetti y Olivier Pélisson.

Jara Kafuri, dijo sentirse muy contento y añadió: “Microcastillo costó poco dinero pero mucho trabajo. Es el retrato de una familia muy particular, que hace una similitud entre la Iglesia y la institución familiar, que es muy sagrada en México”

Sébastien Blayac, Juan Pablo San Esteban, Rodrigo Ímaz, Arturo Jara Kafuri, Olivier Pélisson y Brittmarie Hidalgo.

Por su parte, Rodrigo Ímaz, invitó a los presentes a ver su cortometraje: “Juan Perros es un documental sobre la vida de un hombre que vive de la basura en medio del desierto rodeado de animales; en un entorno muy complejo. Es un trabajo que espero que disfruten”

Después de la función los directores y el productor respondieron preguntas del público:

Público: En algún sentido Microcastillo, ¿quería hacer una crítica de la cultura misógina que hay en México?, ¿un mensaje en contra de la represión contra las mujeres, de violencia contra la mujer?

Arturo Jara: Para Alejandra, sus mayores inspiraciones fueron las instituciones más fuertes que hay en el país, que son la religión y la familia. Sin embargo, el cortometraje es libre de interpretarse como se quiera. Puede hablar desde la misoginia, la religión, la familia opresiva, la sociedad, la opresión individual. Por eso el nombre Microcastillo, el mismo formato de la película es algo opresivo, los personajes se oprimen a ellos mismos, la religión los oprime, la familia los oprime.

Público: ¿Cómo fue la presentación que tuvieron con Juan? ¿Cómo fue la propuesta, el acercamiento con él y cómo se enteraron de su existencia? 

Rodrigo Ímaz:  Hace 10 años yo trabajaba en un proyecto de educación ambiental en Coahuila Cuatro Ciénegas  y la intención era generar un proyecto de educación ambiental por la vía del arte, pensando como ambientalistas fuimos a buscar basura para trabajar y utilizarla como materia prima. Pregunté por el basurero municipal y creyendo que había encontrado el basurero municipal, me encontré con el terreno de Juan. El primer día llené una camioneta y me fui, al día siguiente volví y Juan me sorprendió tomando las cosas y me dijo que era su basura. Él me sorprendió robándole su insumo, su materia prima. Cuando le explicamos para qué la íbamos a utilizar, no sólo accedió a que nos lleváramos más sino que nos dijo que podíamos tomar todo lo que quisiéramos, siempre y cuando tuviera un fin didáctico con los niños. Desde que yo lo conocí, Juan repetía constantemente la historia que ocurre al final, que es cómo sufrió un ataque a partir del cual le cambió la vida y lo orilló a vivir de los desechos, a marginarse y alejarse de su sociedad, durante 5 años trabajé en este proyecto. Iba una vez al año y además de trabajar con los niños, todas las tardes lo visitaba. En 2010 decidí hacer un proyecto sobre Juan, en lugar de visitar la zona para trabajar con los niños, fui directamente a trabajar con él.

Público: ¿Cuáles fueron los mayores retos de la realización?

Rodrigo Ímaz: El desierto de Cuatro Ciénegas es muy especial. Tiene condiciones geográficas únicas. Es un valle que está rodeado por montañas muy altas, donde alguna vez fue un pedazo de mar. Con el paso del tiempo, este mar atrapado se convirtió en pequeñas pozas de agua marina. Este lugar preservó una forma de vida muy primitiva. Durante el día tiene una temperatura de 43º, por la noche puede llegar a 12º o 10º. Hay serpientes de cascabel y un montón de condiciones muy complejas, sobrevivir a este espacio, independientemente de hacer una película, es muy complicado. Hice una primera aproximación en 2010, con una cámara yo solo. El material que resultó no era bueno, pero ayudó al proceso de presentar la cámara, generar una serie de compromisos y preguntas respecto a cómo filmar, cómo construir una narrativa, de qué manera aproximarse al espacio, conocer a los animales. Desaparecer, en el sentido de que cuando ustedes ven la película no se nota que estamos ahí y eso es muy complicado porque hay un montón de animales alrededor que nos revelarían.

La primera filmación prácticamente no sirvió de nada, mas que como un proceso de desarrollo. En 2011, hicimos una filmación más larga de tres semanas y fue la primera filmación que hicimos el cinefotógrafo y yo. Se supone que yo era el director, pero en realidad yo me volví el asistente del camarógrafo y el asistente personal de Don Juan. La estrategia para poder trabajar con Juan, porque él tiene muchísimo trabajo, día a día hace lo mismo que ustedes vieron, fue un mecanismo de trueque; para poder tener dos horas libres de su tiempo, nosotros invertíamos dos o tres horas de trabajo, en lo que él tenía que hacer. En la secuencia cuando él va y vende metal, los costales que él rellena, fuimos nosotros los que rellenamos los costales, pero como es cine pues eso no se nota. Parece que está colectando y luego nosotros rellenamos los cuatros costales y lo llevamos al lugar a cambiar. Se volvió una estrategia de intercambio, porque si a mí algo me preocupaba mucho era el hecho de explotarlo, generarle más trabajo del que ya tenía.

Público: Es un documental es sobre una persona con un modo de vida muy distinto al suyo. ¿Qué fue lo más interesante de este acercamiento?

Juan Pablo (editor): Aprendimos a ser cercanos a nuestras circunstancias. Nos metimos, le pedimos permiso de trabajar con él. Más allá del esfuerzo que fue eso, nos generó mucho aprendizaje. Nosotros aprendimos de este personaje y sobre todo al momento de trabajar, de editar la película, fuimos muy sensibles a lo que él decía. No quisimos nunca imponer. Nos teníamos que adaptar a él, y no adaptarlo a nuestra narrativa. Nos adaptamos a su narrativa para entenderlo y en el camino aprendimos del señor mucho, tanto conocimiento, como voluntad, humildad como fuerza para continuar.

Rodrigo Ímaz: El ejemplo de Juan y su forma de vida es muy diferente a nuestra forma de vivir. Él no tiene una relación cívica con su pueblo. Él no tiene una credencial para votar, o una identificación o acta de nacimiento. Todo lo perdió en un incendio, porque intentaron deshacerse de él y para eso le prendieron fuego a su terreno. Todas estas circunstancias nos obligaron, como realizadores, a salir de nuestra zona de confort. El hecho de salir de tu zona de confort, hace que no tengas más barreras, por lo tanto destruyes todos los prejuicios que se construyen alrededor de eso.  En ese sentido, lo más importante que reconocimos del ejemplo de Juan, fue su humildad radical.