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Blanca Estela Pavón…crónica de una tragedia

Por: Rafael Aviña

“Atención. Atención. Torre de control, habla el capitán Alfonso Reboul del bimotor XA-DUH. Tenemos una emergencia. Repito tenemos una emergencia grave. Estamos volando por contacto. Acabamos de pasar Puebla se puede ver el volcán Popocatépetl bajo nosotros. Repito… Tenemos graves problemas de visibilidad. Turbulencias severas. Volamos a 1300 pies…”. Esa fue la última comunicación entre la torre de control y la aeronave de Mexicana de Aviación. Era el lunes 26 de septiembre de 1949, ese día, la actriz Blanca Estela Pavón, de 23 años de edad, había abordado ese bimotor horas antes en Oaxaca. Semanas atrás, el director Agustín P. Delgado había finalizado el rodaje de Ladronzuela, emotivo relato de redención, escrito por Yolanda Vargas Dulché, protagonizada por Blanca Estela.

Blanca Estela Pavón

Blanca Estela Pavón

Nacida en Minatitlán, Veracruz, en 1926, desde niña, Blanca Estela se aficionó a la danza y las artes, y poco después, en la Ciudad de México, ingresó a la Legión infantil de la radiodifusora XEQ. Al inicio de los cuarenta, siendo aún adolescente, se integró a un grupo pionero de actores de doblaje, doblando incluso a Ingrid Bergman en Luz que agoniza (1944), de George Cukor. A partir de ello, todo fue meteórico: con los programas de radio, llegaron las películas, La liga de las canciones (1941), El niño de las monjas (1944) y sobre todo: Cuando lloran los valientes (1945), dirigida por Ismael Rodríguez.

El éxito de aquella se debió a la reunión de Pedro Infante con esa actriz de enorme naturalidad y gracia: Blanca Estela Pavón, dueña de una belleza simple empero, con una capacidad de expresión y sentimiento nunca antes vista. Y a su vez, a la aparición de una joven de enorme sensualidad y presencia: Virginia Serret. Ambas, fallecerían muy jóvenes y en circunstancias dramáticas. La Academia reconocería el trabajo de Blanca Estela, al otorgarle el Ariel a Mejor Actuación Femenina y, a su vez, sería nominada a la Mejor Coactuación Femenina por Vuelven los García (1946), del mismo Ismael.

Sin embargo, nada comparado con el impacto que generó Nosotros los pobres (1947) y su secuela Ustedes los ricos (1948), con la que Infante y Blanca Estela Pavón se trastocarían en la más emotiva pareja del cine mexicano: ella, como la Chorreada, novia del noble carpintero Pepe “El Toro”, en un barrio proletario de la ciudad de México, donde los excesos melodramáticos se transformaron en las mayores virtudes de ese par de relatos antológicos. Cinema Reporter en su edición de enero de 1949, publicaba: “Significa la consagración de Ismael Rodríguez como director y además, la confirmación de Blanca Estela Pavón como notable, excelente, sensible, dúctil y magnífica actriz…”.

Nosotros los pobres (1947, dir. Ismael Rodríguez)

Nosotros los pobres (1947, dir. Ismael Rodríguez)

Blanca Estela sería la protagonista de dramas pasionales como: Cortesana y La bien pagada, de 1947, y En cada puerto un amor, En los Altos de Jalisco y Los tres huastecos, de 1948, esta última del mismo Ismael, con Infante en un triple papel: el de los triates Andrade, Lorenzo el tamaulipeco, padre de La Tucita (María Eugenia Llamas) y en apariencia, un bandido apodado El Coyote; el sacerdote Juan de Dios, el de San Luis Potosí que toca el violín y Víctor, el de Veracruz, capitán del ejército, enamorado de la simpática Mari Toña (Blanca Estela), joven huérfana con una mula a la que le canta: “Arre que llegando al caminito, aquimichú aquimichú… Arre que llegando al caminito aquimichu aquimichu”.

Para 1949, Blanca Estela encabezaba los repartos de dos intensos dramas: Las puertas del presidio, con David Silva, y La mujer que yo perdí, con Pedro Infante, en un título premonitorio ya que sería la última cinta en la que trabajarían juntos y, de nuevo, sería nominada al Ariel por Ustedes los ricos. Como se sabe, debido al accidente de Blanca Estela, Ismael filmaría hasta 1952: Pepe El Toro; en sus palabras: “Se iba a hacer Ni pobres ni ricos, la tercera de Nosotros los pobres, pero muere Blanca Estela Pavón. Finalmente hicimos Pepe El Toro. Pedro quería hacer una película de boxeo y no habíamos hecho la tercera de los pobres”. En ella, de carpintero se trastoca en boxeador y le guarda luto eterno a su mujer La Chorreada, atropellada junto con sus gemelitos, para tristeza de Lucha, la vecina enamorada que encarna Irma Dorantes.

La XEW detuvo la transmisión de uno de sus programas musicales para dar la noticia. “…La trágica noche de Pico del Fraile se inició cuando el bimotor XA-DUH de Mexicana de Aviación partió de Oaxaca este pasado lunes 26 de septiembre, llevando como pasajeros, entre otros, a: Salvador Toscano hijo, historiador y fundador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el senador Gabriel Ramos Millán, director de la Comisión Nacional del Maíz y nuestra querida colaboradora y gran artista del cine nacional, Blanca Estela Pavón, y su señor padre don Francisco V. Pavón. Está confirmado: todos los tripulantes y pasajeros perecieron en tan fatal accidente… Nos ha abandonado Blanca Estela, pero su presencia seguirá entre nosotros a través de sus películas, sus personajes y en nuestros corazones…”.

La engolada locución de la radio languidece para dar paso a una voz venerada y reconocida, la de la propia Blanca Estela Pavón que suena lejana y fantasmal y arranca lágrimas a los radioescuchas, con el tema de Manuel Esperón bajo los acordes de la orquesta de Mario Ruiz Armengol, entonando el tema de la película Que Dios me perdone (dir. Tito Davison, 1947).

“Me quedé pensando en lo que he vivido, en las cosas amargas que pasan de pronto al olvido. Una dulce promesa, el beso que fingía, locura, angustia y agonía, estas cosas que tienen un sabor de mentira, si pudiera borrarlas, sin dolor de mi vida. Otra vez presiento, que vendrá el momento, de buscar una dulce esperanza, soñando, que me embriague y que Dios me perdone si mi pensamiento, sólo encuentra en los sueños, otra, mentira…”.