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Presentación de Mariposas en el hierro, de Bertha Gaztelumendi

Dentro del programa de estrenos internacionales del 11º FICM, Bertha Gaztelumendi presentó el documental Mariposas en el hierro: “Mariposas en el hierro es una reflexión sobre la paz, sobre la compasión de las mujeres, y sobre los diferentes tipos de violencia. La idea surgió de un encargo del Centro Internacional de Políticas de Igualdad; querían hacer algo sobre mujeres y paz en el País Vasco después de que ETA declarara un alto al fuego unilateral. No sólo hay una violencia en la sociedad. Existen muchas violencias que se retroalimentan: violencia de género, violencia económica, violencia xenófoba. Comencé a armar todo desde el punto de vista de una paz positiva, emparejada con el respeto a los derechos humanos, que supere las violencias estructurales que todas las sociedades padecemos.”

Bertha Gaztelumendi en la presentación de {{Mariposas en el hierro}}

Después de la proyección, Gaztelumendi contestó algunas preguntas de los asistentes:

¿Cómo te vas encontrando con estas mujeres?
“La cuestión no sólo era hablar de víctimas sino de cómo dar un paso adelante. Estas mujeres fueron víctimas de graves violaciones a sus derechos humanos, pero han transformado ese dolor en energía para seguir adelante y luchar contra la violencia que les marcó la vida. No todas las víctimas pueden hacer eso, pero estas mujeres son motores de paz. Las fui localizando y les pedí que participaran del dolor de las otras personas, no sólo del de las personas con las que comulgan ideológicamente. Yo quería que participaran desde ese punto de vista y ellas estuvieron de acuerdo en construir esos senderos de justicia.”

¿Por qué elegiste esos escenarios?
Quería hablar de paz, violencia y acuerdo. Hice imágenes y metáforas de eso; relacioné el fuego y la herrería con el dolor y el sufrimiento, porque la metalurgia es una industria muy tradicional del País Vasco y estamos unidos al hierro. Pasé por mercados porque ahí acordamos y negociamos por excelencia; las vías de tren están, porque el tren es cambio y dinamismo. Por último, el mar es el lugar de los espacios abiertos, lugar de esperanza y oportunidades. Todos son paisajes vascos.

¿La victimidad tiene sexo, es femenina, sólo las mujeres pueden hablar abiertamente de ser víctimas?
No, no pensé nunca en ese sentido. No hablo de que las víctimas únicamente sean mujeres, ni que las mujeres por ser víctimas puedan construir ese camino de paz. Estas mujeres se han enrolado en un cambio y en un intento por superar las consecuencias de la violencia a través de iniciativas que las despojan de ser víctimas y las convierten en luchadoras contra el atropello de derechos humanos. En el documental existe ese debate, hay distintas opiniones, pero ése es otro debate.

¿Consideras que este tipo de temáticas son apoyadas suficientemente por la industria cinematográfica?
Todos tenemos responsabilidad de mejorar los aspectos de nuestra sociedad. La industria cinematográfica no es la excepción, pero todo mundo sabe –salvo honrosas excepciones- que las preocupaciones de la gran industria están en el dinero. La industria es balsámica en sus planteamientos.

¿Qué esperas con el documental?
Reivindicar el papel de la mujer en la resolución de conflictos y en la creación de nuevos modelos de sociedad. Estamos en un proceso de paz y las mujeres tenemos mucho qué decir. Somos tan víctimas y participamos en el conflicto como cualquier hombre. Hay que hacer caso a la otra mitad de la población. Pretende ser una reflexión sobre qué es la paz, qué tipos de paz queremos, qué quiere decir paz y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirla.