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Las mujeres de la Nouvelle Vague (primera parte)

Por: Arantxa Luna (@arantxalunaa)

El término “Nouvelle Vague” (o Nueva Ola francesa) hace referencia a un grupo de intelectuales (especialmente los jóvenes críticos de Cahiers du Cinema) que, fuera de los esquemas de su época, se interesaron en nuevas formas para construir un cine con mayor libertad creativa, temática y de producción; que fue uno de los mayores focos de ruptura estilística en la cinematografía mundial, como señala Dora Sales “el cine de la Nueva Ola se caracteriza por su heterodoxia narrativa, su sentido anarquista, escéptico, cínico e individualista”.

Influenciados por directores ya consagrados como Bresson, Becker y Renoir, a finales de la década de los años 50, diversos acontecimientos marcaron el inicio de esta corriente: Truffaut es elegido como Mejor Director en Cannes por Los 400 golpes (1959); Resnais presenta Hiroshima mon amour y Godard Al final de la escapada (1960).

Aunque uno de los pilares centrales de la Nueva Ola era el peso en la figura del autor como creador absoluto, sería injusto perder de vista los otros elementos que también hicieron posible la veintena de producciones que incorporaron las nuevas técnicas de rodaje, narración e interacción con el espectador. Así, la figura femenina fue una parte muy importante de este proceso: ¿habría Al final de la escapada sin Patricia?, ¿o un Jules y Jim sin Catherine?, ¿la tristeza de Vivir su vida sin Nana?, ¿un Hiroshima mon amour sin la escritura de Marguerite Duras?

Es complicado establecer los límites de cada corriente cinematográfica, la Nueva Ola francesa agrupó a su alrededor el talento de artistas que coincidieron en el mismo tiempo y el mismo lugar. Sin importar la etiqueta, cada una de estas mujeres aportó un nuevo modelo que rompió el esquema femenino en el cine de aquella época: actuación, dirección, escritura e incluso moda, fueron algunas ramas que impulsaron un nuevo modelo de mujer que vió a la modernidad como vehículo de creación y liberación.

Agnès Varda

Es la única mujer que estuvo detrás de cámara en este movimiento cinematográfico. Aunque hay especialistas que la inscriben en la “Rive Gauche”, un movimiento contemporáneo a la Nueva Ola preocupado por el papel de la escritura en el proceso de la creación cinematográfica, la primera película de Varda, La Pointe Courte (1956), supone el primer ejemplo que utiliza todas las características de este cine: control autoral, locaciones en las calles, el uso de actores no profesionales, bajo presupuesto, etcétera, lo que llevará a señalarla, tal y como dirá el historiador Georges Sadoul: “La primera película de la Nueva Ola”. Así, La Pointe Courte anticipará los ejes principales de esta corriente: el diálogo entre documental y ficción, la estética neorrealista y la alta cultura.

Agnès-Varda

Agnès Varda durante una filmación.

Anna Karina

Considerada por muchos el rostro femenino por excelencia de la Nueva Ola. Algunos de sus personajes más entrañables aparecieron en las siete películas que interpretó bajo la dirección de Jean-Luc Godard, un trabajo que le mereció el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cine de Berlín en 1961 por su papel en Una mujer es una mujer; sin embargo, también trabajó con directores tan importantes como Jacques Rivette, Luchino Visconti e Ingmar Bergman. Además de su carrera como actriz, es directora de dos películas: Vivre ensemble (1973) y Victoria (2008), y la autora de dos novelas: Jusqu’au bout de hazard y Golden City.

Es con ella, en la encarnación de todos sus personajes, donde mejor se ve representada a la mujer espontánea, romántica, que pone en jaque a sus homólogos masculinos. Para el crítico estadounidense Richard Brody: “Anna Karina no se identificaba con los personajes, sino con ella misma, tal vez más completamente en la cámara que en la vida privada para crear una idea perdurable de sí misma. Anna Karina no se convirtió en los personajes que interpretaba. Ellos se convirtieron en ella”.

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Anna Karina en el set de filmación de Una mujer es una mujer (1961), de Jean-Luc Godard.

Catherine Deneuve

Es una de las actrices vivas más prolíficas al trabajar con diferentes directores del mundo como Roman Polanski y Lars Von Trier, pero fue con Jacques Demy, uno de los integrantes más representativos de la Nueva Ola, con el que Deneuve alcanzó proyección en la asediada escena cinematográfica de los años 60 con Los paraguas Cherbourg (1964), Palma de Oro en el Festival de Cannes, y más tarde, en Las señoritas de Rochefort (1967).

Después de su primer éxito en pantalla grande, en 1969, la actriz actuó para François Truffaut en La sirena del Mississippi, y con Luis Buñuel en Tristana, y aunque protagonizó dos de las más reconocidas comedias musicales de Demy, Deneuve construyó a su alrededor un aura de misterio, “de belleza gélida, muy bien alineada con el espíritu de ese cine de intelectuales con jersey negro de cuello vuelto que se presentó bajo el lema de la Nueva Ola”, una imagen que Martin Scorsese resumió años más tarde: “Catherine Deneuve es el cine francés.”

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Catherine Deneuve presentando Los paraguas de Cherbourgo (1964) en el Festival de Cannes.

Emmanuelle Riva

Pasó a la historia del cine por su personaje en Hiroshima mon amour (1959) de Alain Resnais, película ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y que le dio la nominación a Mejor Actriz Extranjera en los premios BAFTA de ese año.

Con una carrera previa en teatro, Riva no tuvo una participación activa junto a otros directores representativos de la Nueva Ola, pero trabajó para otros creadores como Georges Franju en Thérèse Desqueyroux (1962), interpretación que la hizo merecedora del premio a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Venecia, y años más tarde, con Krzysztof Kieslowski en su trilogía de los colores.

Con una introducción más o menos tardía al cine (tenía 32 años cuando actuó en Hiroshima mon amour), Riva publicó tres colecciones de poesía, una característica creativa que explica, probablemente, el porqué fue elegida para darle vida a la escritura de Marguerite Duras y a los intereses cinematográficos de Resnais. En 2012, con 85 años de edad, su mirada triste y sus habilidades histriónicas recobraron vida bajo la dirección de Michael Haneke en Amor.

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Emmanuelle Riva observa un cartel de Hiroshima mon amour (1959), de Alain Resnais.

Marguerite Duras

En ese ambiente de agitación creativa, la escritura jugó un papel fundamental en la Nueva Ola francesa al ser uno de los pilares en el que diversos directores se apoyaron. El mito del autor como creador máximo en el cine puede ser fácilmente cuestionable al mencionar a Marguerite Duras, escritora de una treintena de novelas, textos teatrales y una faceta cinematográfica constituida por guiones y la dirección de más de 20 largometrajes y cortometrajes.

Su aportación más célebre a esta corriente cinematográfica fue el guión de Hiroshima mon amour, obra que marcó un momento particular sobre la representación femenina de la Nueva Ola y que erigió a su protagonista (encarnada por Emmanuelle Riva) como un personaje independiente, transgresor y que van más allá de poner en jaque a su compañero masculino. También realizó los guiones para películas como Una larga ausencia (1961) de Henri Colpi y Mademoiselle (1966) de Tony Richardson, protagonizada por otra figura femenina de la Nueva Ola: Jeanne Moreau. Un año después, en 1967, dirige su primera película, La música, una faceta que alimentará constantemente hasta 1985 con Los niños, su último trabajo detrás de cámaras.

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Marguerite Duras y Jean-Luc Godard.

Jeanne Moreau

Para Orson Welles fue la mejor actriz del mundo, figura predilecta de diversos directores como Luis Buñuel, Tony Richardson, Louis Malle y Peter Brook, con éste último, su interpretación en Moderato Cantabille (1960) la haría ganadora del premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes.

A pesar de su experimentada trayectoria, y después de trabajar junto a Michelangelo Antonioni en La notte (1961), Jeanne Moreau se convirtió en una de las mujeres abanderadas de la Nueva Ola con su aparición en Jules y Jim (1962) de François Truffaut, considerada una de las películas más representativas de esta corriente y que inaugurará un largo listado de colaboraciones con este director.

Fue quizá junto a Anna Karina y Brigitte Bardot, una de las figuras femeninas frente a cámara más asediadas durante los años 60 pues, como bien la describe la académica española Dora Sales, Jeanne Moreau fue “un tanto distante con el público, de indudable versatilidad, con interpretaciones de mujer alienada, volátil y enigmática que caracterizan su labor cinematográfica.”

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Jeanne Moreau y François Truffaut en el set de filmación de Jules y Jim (1962)